Apuntes sobre Coatlicue.

El Viento del Norte.

Por Tlacuilo Antonio Cruz

Como sabemos en el lugar donde actualmente se venera a la Guadalupana, antes de su “aparición” se veneraba a Coatlicue o alguna de las tantas advocaciones maternas como Cihuacoatl o Chicomecoatl. En todo caso a la representación de la madre de los dioses o sea a la madre cósmica. Advocación absoluta de la maternidad. Es por esto la veneración actual de la Guadalupana sea en realidad una continuidad de la veneración prehispánica. El mito mexica del nacimiento del Huitzilopochtli del vientre casto de Coatlicue[1] nos ahonda la certeza de la elección del lugar y reafirma la continuidad de la veneración antigua.

Con toda certeza el lugar fue además un lugar de observación astronómica y sus cualidades hídricas por supuesto importantes, son parte de la elección del lugar para erigir tan importante santuario, desde el manantial que sirvió de afluente para dar de beber por siglos los pobladores de Valle de México. Restos del  acueducto que iba del lugar a Tlalnepantla siguen dan testimonio aún. Además de estar en la orilla del lago a la Guadalupana se le atribuyó la capacidad de controlar la lluvia acaso porque su veneración ha sido dentro del periodo de secas. De hecho hay un acontecimiento histórico que al parecer ayudó a la consolidación de su veneración y fue que en las inundaciones de la ciudad de México entre los años 1629 y 1634 la imagen fue llevada a la catedral Metropolitana para que bajara el nivel de las aguas. Luego fue regresada al Tepeyac acompañada de danzas[2], de ahí que muchos supongan que desde esa vez inician las peregrinaciones de las danzas de concheros. Sin embargo no será sino hasta 1948 que la danza propiamente de concheros inicia la ahora concurrida y muy importante peregrinación que desde entonces y cada año se realizan desde Tlatelolco a la Villa de Guadalupe, cada segundo domingo de noviembre. Con una participación muy importante, miles de danzantes nuevos se adhieren a las filas encabezadas por las palabras fundadoras de la peregrinación en aquel 1948. La danza de concheros seguramente comenzó a ir a danzarle a la Guadalupana desde su arribo a la ciudad y valle de México, Sergei Einseistein, gravó escenas de la danza en el año de 1930-31 donde se ve el arribo de la danza de concheros al santuario[3], resalta entre otras cosas el atuendo de “patio” usado por los danzantes, este atuendo al parecer apocope de tapatío, fue utilizado para atenuar la persecución que sufrían los danzantes en plena guerra cristera, así como el uso de la bandera mexicana, darle un carácter laico y deslindarse de los cristeros y dejar de ser víctimas del acoso gubernamental. La danza de concheros forma parte importante de los festejos y recientemente ha participado activamente en las misas que se dan la noche del 12 de diciembre.                    

Apuntes sobre Coatlicue

Los danzantes aztecas o mexicas[4] relacionan a Coatlicue, invariable y casi exclusivamente con el concepto de la Madre Tierra. Quitandole con ese hecho una dimención más «cósmica» o  más amplia del concepto de maternidad. Esta vision ecológica y materialista, es cierta pero reducida. Se le ubica y relaciona con un ente concreto la Tierra (el planeta o el elemento). En la veneración actual de la virgen de Guadalupe (si algo tuviera que ver con Coatlicue) vemos que la facinación por este arquetipo materno es más ámplio y no solo, o más allá del aspecto de dadora de alimento y fertilidad agricola. Acompaña desavenencias emocionales, espirituales.

En Mesoamerica como en la mayoria de las culturas antiguas el dios, principio generador, energía primigenia… es dual, doble, materno-paterno, femenino-masculino, activo-pasivo… Ad infinitum… Me parece que Coatlicue es una representación del aspecto materno cósmico, con todo lo que ello conlleva, es representacion de Omecihuatl, por ser la madre de los dioses. La Coatlicue es… si amor y dulzura (como se le suele reducir), pero además, ira y tragedia. Los terremotos huracanes y cuantas «catastrofes» naturales más, están presentes desde endenantes que el hombre pudiera causar calentamientos globales.  Efectivamente esta dinámica de amor-ira, armonía-desastre son puestas en escena del devenir constante de los ciclos cósmicos. La Coatlicue resume de manera rotunda esta concepción sobrecogedora que evidencia lo frágil de lo humano ante lo misterioso de la creación y su manifestación siempre inquietante.

La escultura de la Coatlicue es…

«Algo mucho más complejo que simplemente la deidad de la Tierra, y si es que debe interpretarse como tal, en todo caso se trata de la deidad de la tierra en complejas relaciones con toda una serie de deidades y de mitos cosmológicos y con el genero humano» 

«simboliza la Tierra, pero también el Sol, la Luna, la Primavera, la Lluvia, el alumbramiento, la vida, la muerte, el sacrificio humano necesario, la humanidad, los dioses, los cielos y elPrincipio dual creador supremo; ademas, las estrellas , Venus , y bajo las plantas de sus garras hay un relieve que simboliza a Mictlantecuhtli, el señor de la noche y del mundo de los muertos, alli donde va el Sol al morir por la tarde, para librar su batalla con las estrellas y resurguir al día siguiente. Coatlicue es toda una cosmovisión labrada en piedra… es la más alta concepcion del universo que pudo alcanzar el antiguo mundo indígena”[5]

¡Zas! ¿Qué decir? está descripción trastoca ese concepto limitado aunque más cercano a nuestros valores actuales “sintetisados” y ¿claros?  La forma (prehispánica) de ver el mundo nos es muy complicada. Es una de las razones por la que historiadores arqueólogos y antropólogos, se hacen bolas y se enredan ¿cómo definir las iconografias mesomericanas? Si se toman valores occidentales muy “racionales y lineales” efectivamente es un reverendo desmadre. Acostumbrados a decir: la diosa del amor, la diosa de la agricultura, el dios de la guerra, en cambio nuestras arquetipos autóctonos, muy humanos, ante nuestra visión racionalista, son confusos, contradictorios y relativos. Estas representaciones tienen atributos de muchas manifestaciones energéticas, simbolos de una y de otra, atributos de deidades incluso contradictorias. Haciendo un rompecabezas para desquiciar al más cuerdo teórico. La Coatlicue resume atributos de diferentes deidades sobre todo femeninas. Quilaztli, omecihuatl, chicomecoatl. Si utilizamos un recurso lógico, si Coatlicue es la diosa madre y si le ponemos el atributos de estas representaciones diariamos: Coatlicue Madre vegatacion, Coatlicue madre cielo, Coatlicue madre tierra, Coatlicue madre mujer dual. Coatlicue madre sabiduria.

El relieve que suelen tener las Coatlicues abajo (si acostamos el monolito veremos en las plantas de sus pies esculpida una imagen facinante), Tlaltecuhtli, literalmente algo así como “señor tierra” o “señor de la tierra”, Vemos así la dualidad femenino-masculino. Es representación del sol tragado por la tierra al desender por el poniente y por ello relacionado con Tzontemoc “el que deciende cabeza” (metafora que representa la puesta del sol) la muerte del sol y su posterior nacimiento como sol de la mañana: Huitzilopochtli. Representa también la vida bajo la tierra, por ello suele acompañarse con animalillos que habitan dentro de la tierra y que se encargan de descomponer la materia que entra al ceno de la tierra, como ciempies, lombrices, cochinillas. La etepa del otoño-inverno  (tiempo de veneración de los iconos femeninos como la Coatlicue) es cuando la vida deja de estar en la superfice terrrestre y se refugia en el ceno telúrico (inframundo, reenviando hacia otro de los aspectos de la deidad como Mictalcihuatl).    

Evoca Paz los avatares del descubrimiento e inmediato recubrimeinto de la Coatlicue: a fienes   del siglo XVIII se la desentierra y se decide volveral a enterrarla para que no avive  las antiguas creencias de los indios. Vuelta a desenterrar después de la independencia, la Coatlicue sigue siendo una mole que incomoda  a las buenas conciencias, que produce «curiosidad y bochorno», y su traslado a diversos lugares marca «los cambios de sensibnilidad que hemos experimentado durante los últimos cuatrocientos años», por lo que la Coatlicue parsará, en la consideración pública, «de diosa a demonio, de demonio a monstruo, de monstruo a obra maestra»[6]

La relación mexicana con Coatlicue ha sido fluctuante. Creo que la evolución de la aceptación al monolito no ha sido concluida. En una sociedad cada vez más secular, la Coatlicue ofrece un referente que grupos e individuos con una fuerte opocición al catolisismo, la tomen como emblema contra la «imposicion» católica. Iconograficamente pero sobre todo plásticamente la virgen de Guadalupe y Coatlicue son equidistantes entre una visión piadosa y una terrorifica (utlilizando modelos occidentales y de la cultura dominante sobre estética y simbolismo). Los nuevos derroteros ideologicos y religiosos (espirituales dirian los interpelados),  trastocan las consideraciones de Paz. Efectivamente a raíz de la llegada de los nuevos movimientos espirituales y políticos (o culturales) del último cuarto del siglo veinte. El acercamineto a la Coatlicue se tornó más rico y complejo. La visión, de los primeros mexicanistas, era según ellos “científica” dicho de otro modo “materialista” utilizando un modelo de análisis muy en boga de los movimientos políticos alternativos de la época “el materialismo dialéctico”. La otra, venida de la expresión New Age, que retoma elementos rituales y simbólicos de las culturas autóctonas de toda región mundial y los explica con modelos análogos, usando una especie de regla comun, asi pues entre Siva y Cotlicue las diferencias solo son la estética de cada región (un apecto más de la globalización que tiende a reducir las diferencias culturales) Sin ninguna dificultad hacen de Coatlicue y al virgen de Guadalupe una sola representación. La imagen de Coatlicue continúa ofreciendo alternativa ideológica filosófica y cultural. Parafraceando a Paz diriamos: la Coatlicue pasó de diosa a demonio, de demonio a monstruo, de muonstruo a obra maestra y recientemente de obra maestra a tratado cientifico (según los mexicanistas) o a madre global (según los mexicanistas new age)          

Descubriento de la Coatlicue

El 13 de agosto de 1790 unos trabajadores la encontraron en el extremo sur oriente de la actual plaza de la Constitución. Meses después, diciembre, encontraron el «Calendario Azteca». Se dio en la aceptacion de ambas, medio esquizoide. Por un lado la Coatlicue fue vuelta enterrar unos años depués por miedo a la aceptación y curiosidadd de los nativos que acudian a verla, lo que inquietaba al poder novohispano que fuera un incentivo a regresar a las prácticas rituales paganas. En cambio la Piedra del Sol fue puesta a la vista pública en el costado poniente de la catedral Metropolitana, como muestra de la grandiosidad antigua de los nativos, movidos claro por cuestiones políticas cada vez más abiertas de marcar la raya de los independentistas criollos con los Hispanos. Es decir que al igual que la Guadalupana en su momento fue emblema de identidad nacional para criollos, quienes ávidos de legitimidad territorial la utilizan para evidenciar que aunque españoles eran mexicanos, la Piedra del sol fue un equivalente para enorgullecerse de un pasado glorioso. No asi la Coatlicue. La Coatlicue ha representado (cada vez menos) el referente del supuesto “salvajismo azteca” asi como la piedra del Sol ha sido la evidencia del refinamiento científico.


José Antonio Cruz Tlacuilo

Bibliografía:

Christopher Domínguez Michael, Vida de Fray Servando/ Fray Servando’s Life


[1] Historia general de las cosas de Nueva España (Sahagún 2000, lib. III, cap. I, vol. I, pp. 300-302)

[2] https://culturacolectiva.com/historia/inundacion-de-mexico-1629-por-5-anos/

[3] Las escenas del célebre cineasta ruso formaban parte del proyecto fílmico llamado ¡Que viva México! proyecto quedó inconcluso, pero que luego de la muerte del cineasta se concluyó: https://www.youtube.com/watch?v=uoGt5p8l9A8  

[4] Me refiero a los danzantes que no son concheros y que asumen su danza como cultural, de mexicanidad, a la que han tratado de deslindar de la influencia católica que tienen  los cocheros.

[5] Justino Fernández, Arte Mexicano, p. 45

[6] Octavio Paz: la dimensión estética del ensayo Escrito por Enrico Mario Santí, Héctor Jaimes

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