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LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA

LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA
Por: José Antonio  Cruz Tlacuilo

El sabio verdadero:
Es cuidadoso y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la verdad, no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara, los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías, les da su camino, de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos; hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo
TOLTECA:
Artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón 1

A los mexicanos nos encantan las máscaras, pero poco entendemos en la actualidad la no mascara, ósea el rostro verdadero, las máscaras son para disimular, para el teatro antropocósmico, mientras el trabajo por generar un rostro autentico aún está en proceso. Hacemos el carnaval y las máscaras son los espejos de la desavenencia e incluso de la proyección. Finalmente, en un pueblo con siglos de colonia la máscara es la sobrevivencia a través de la simulación. En cambió la no máscara los rostros son forjados. En el caso de las naciones mesoamericanas, el rostro era el espejo pulido, labrado con esmero, creado desde el trabajo, la pasión, el deleite y el amor, dicho en palabras toltecas “aquello que viene del corazón”. El hombre con dignidad, con rostro verdadero es casi ya un accidente prodigioso.

La máscara engaña y aun esa sabiduría tolteca, tan sencilla se ha vuelto una máscara, lo “tolteca” en estos tiempos de mercadotecnia new age, también suele ser máscara estrambótica que con el acento chamánico tan en boga, desdibuja el rostro humano en equilibrio con el ser social, con la comunidad, con la naturaleza, como lo demuestran las enseñas del huehutlahtolli. Este nuevo “tolteca” new age, suele buscar lo sobre humano, lo mágico, lo sobrenatural y por lo tanto, lo especial, la perfección individual con dotes y particularidades exclusivas.

Pero aun en estos tiempos, hay rostros verdaderos de esa definición tolteca, hay rostros pulidos labrados con esmero, reflejo de la pasión de corazones. En el campo, en la ciudad. Los luchadores sociales, los que defienden el patrimonio cultural de la comunidad, los que luchan contra el despojo de los pueblos, esos que dicen “alguien lo tiene que hacer”, los curanderos que aun no queriendo la vida y la razón de sus pueblos los llevan a lo inevitable, no persiguen el don subiendo montañas o en ceremonias chamánicas trascendentales, el don es la comunidad, la cultura y en su persona su trabajo constante, la convicción, el camino de corazón, incluso el sufrimiento, el designio mágico, venido de la necesidad del clan, el don inscrito desde los antepasados, las ánimas. Lo mismo los creadores, forjadores de cantos, los que labran, los que escriben, los que conservan y enseñan la danza. En buena medida su rostro es el espejo de la comunidad y en ellas se refleja, de ahí la máxima zapatista mandar obedeciendo, Ramona es un ejemplo maravilloso de un rostro que aun escondido tras el pasamontaña era luminoso por que traía el trabajo propio y el reflejo de su comunidad.

Los rostros de las resistencias en las sublevaciones indígenas que han quedado en el imaginario la historia y la metáfora, el mito, son personas que llevaron o tomaron la acción de guiar un encargo colectivo, bien podríamos decir que estos rostros al final son la imagen de la lucha de un pueblo, aunque sean de una persona, en realidad no solo son ellos y al final son el icono de lo que el pueblo aspira, es, imagina y emplea. Paradigma Cuauhtémoc, que bien sigue siendo luz de muchos en muchas circunstancias, desde la recreación del mito de la entrega pura, hasta la metáfora astronómica de la puesta del sol, y más aún, de la luz encarnada en la imagen solar que se oculta al atardecer de una nación. O bien el ánima poderosa que guía las manos de curanderas como Pachita o los jefes concheros curanderos. Bien también como pegamento identitario de los despatriados de la antigua mítica y post moderna Áztlan sea Califastlan o Texastlan.

El rostro de Zapata, su mirar, independientemente de su valor personal, es rostro de la convicción y el dolor de un pueblo oprimido pero digno.

Otros rostros no menos luminosos, pero si menos conocidos como el de Tenamaztle encarnan también, la historia más negada aún, la de las comunidades alejadas o “menos civilizadas”, como los chichimecas, los rostros más anónimos aun de mulatos y cimarrones que fueron también muy activos en sublevaciones y alzamientos contra el esclavismo e independencia. Rostros controvertidos como los de Connin que negociaron que buscaron el beneficio estratégico de las alianzas para la sobrevivencia de sus clanes y mantener vivos sus costumbres. Los rostros los corazones como el de Kanec y sus mitos controvertidos, del delirio mesiánico, a la realidad de la sublevación contra la opresión o acaso el martirio como única posibilidad de salvación contra el esclavismo.

Pero el rostro de la resistencia sigue vivo, reside en esa raíz que sobrevive en el asfalto de las ciudades y da flores agrestes, y en los caminos que comunican con las comunidades, veredas y chozas en la mitad de las reservas donde han quedado las poblaciones que resguardan esos patrimonios, tangibles naturales e intangibles culturales.
Los rostros de la resistencia también, son los del resguardo y expansión de la riqueza cultural como la de la danza de los concheros que , asume cuando en necesario el origen antiguo, y salta el estigma del catolicismo y se asume como azteca, chichimeca o el genérico indio , y  se proyecta más allá de si mismo y su danza a encarnar el rostro de lo que pudo haber sido el esplendor de la danzas prehispánicas, y  después de haber tomado el atrio, recientemente sigue con esa si conquista, de tomar espacios públicos, los arqueológicos y simbólicos de la resistencia. 

Porque la sangre llama y convoca esa lucha por la identidad negada, se vuelca poderosa aunque con sus vicisitudes y surgen esos rostros, se van puliendo y van formando comunidad. Ella la mujer indígena, aún sin la lengua nativa  aun sin la tierra, es la resistencia más persistente, ella carga la más pesada de las opresiones, no por nada uno de los adjetivos más obscenamente clasistas y racistas, es el de gata, chacha, criada; las trabajadoras domésticas son casi en su totalidad de origen recientemente indígena. Y digo recientemente por lo evidente, porque su generación migrante suele ser más nueva, pero, ¿Cuántos de nosotros tenemos una madre o la abuela que vino del campo a la ciudad? y con orgullo decimos, que haciendo tal o cual de estas actividades nos sacó adelante.  Pero ellas como las artesanas, las cocineras de tlacoyos y las barrenderas son al mismo tiempo, las que mantienen vigente el amor sutil casi negado, casi silente por los orígenes y son las que con sus modos mantienen la fe y el respeto por lo sagrado, por los mayores, esos de los cuales venimos; aquellos merecidos por la penitencia de los dioses, el rostro más negado, pero al mismo tiempo el que más ha cuidado el rostro verdadero, lo cual se nos llena la boca de decir orgullosos, que la madre o la abuela pobre que tuvimos, nos inculcó valores y aunque no lo digamos con esas palabras, nos dio un rostro. 

1 Códice Florentino, traducción: Miguel León Portilla



Introducción del libro los Rostros de la Resistencia editado en el marco de la conmemoración de los 500 años de la toma de Tenochtitlan, en al año de 2021.

Libro aun disponible, en 160 pesos.
Portada del Libro los rostros de la Resistencia. Ed. Rostro y Corazón, y ed. Ce Acatl.

Oda imposible para Chalma

Por: Tlacuilo

Chalma es la cueva de la tribu errante cansada sedienta hambrienta,

Es la oportunidad de la derrota digna y del triunfo humilde.

Chalma es el portento de los que pegan piedras de tezontle con argamasa de pobreza.

Es el caos más sutil, la hierba y flor agreste salida en medio de una grieta de concreto.

Chalma es lumbrera y vela titilando en el viento nocturno, en medio de los desamparos

Es refugio de los luceros que son paridos en la brega de la vida.

Chalma es el equilibrio más precario posible entre la esperanza, la resignación y la alegría más natural.

Es raíz metida hasta lo más profundo de la historia de los hombres y mujeres, que charlaron con los dioses con la espina del sacrifico metida en el cuerpo ofrendado,

para ser merecedores.

Chalma (breve historia significado y mito aparicionista)

Por: Antonio Tlacuilo

Chalma

Significado de la palabra Chalma. El lugar cuenta con una denominación en lengua náhuatl como ocurrió con prácticamente todas las poblaciones conquistadas por el imperio mexica. Aunque la población en este caso debió tener una denominación en la lengua regional ocuilteca, incluso el centro poblacional originario de esta etnia tiene denominación náhuatl Ocuilan y Atzingo.

Son tres las probables traducciones según los estudiosos de la lengua náhuatl,

Para Manuel Olaguíbel  proviene de la palabra Challi: hueco, hondonada boca y de matia que alude al hecho de poner manos en alguna cosa, de la unión de palabras Chalma designa a “la cueva que está a la mano”[1]. Para Cecilio Robelo se compone de Chali, cosa lisa y Mait mano, Chalma Quiere decir Mano lisa [2], Jiménez Romero Quiroz, sugiere que debido a los sacrificios humanos que supuestamente se realizaban.

 
«Podemos establecer ·que existieron junto a las cuevas de Chalma, dependencias habitadas por chachalmecas. El calpulli o barrio de los chachalmecas: Chachalmecan, con el tiempo, para abreviar, fue llamado simplemente Chalmecan, despues Chalme y por énfasis Chalma. Explicadas las cosas así, Chalma quiere decir ‘Iugar de sacrificadores’.»[3]

Chalma es un lugar intermedio entre dos poblaciones de origen prehispanico. Una Ocuilan y la otra Malinalco. Ocuilan es de origen otopame y en la cual habita una población en la que junto con la vecina San Juan Atzingo son las únicas que aun se habla una lengua llamada ocuilteco de la rama otopame y que por tener fuertes vínculos culturales y territoriales con los otomies le da caracteristicas que pondrían la relevancia de Chalma como un lugar de veneración propio de esta cultura, que da una particular preferencia a sitios con características naturales especificas, como manantiales, cimas de cerros, cuevas y otros, que suelen llamar puertos, muy comunes en la región otopame del Bajío. En cambio la cultura náhuatl da preeminencia a lugares con construcciones para la veneración los llamados teocallis de la época prehispánica y santuarios católicos en la actualidad. Y Malinalco población de origen náhuatl donde, por cierto, hay una zona arqueológica con un teocalli, atribuido a la cultura mexica. Dicho teocalli está construido sobre la roca misma y es probable que se haya dedicado a la educación de nobles guerreros mexicas de elite, además de las caracteristicas inevitables al parecer de toda zona arqueológica, la observación astronómica.

Con los documentos disponibles es dificil dar por sentada la pertenencia de Chalma a alguna de las dos poblaciones, Ocuilan o Malinalco, elementos para encasillarla en alguna u otra los tenemos, por ejemplo, las caracterisiticas telúricas e hídricas nos remite a los cultos otopame, de las cuevas y manantiales. En  cambio también podría ser parte del complejo arqueologico de malinalco. Si tomamos en cuanta que el lugar fuera parte de sitios para la preparación de guerreros jaguares y águilas, como se muestra en el teocalli de los guerreros de Malinalco y asumimos que en la cueva era venerado tanto Oztocteotl como Tepeyolohtli, advocaciones ambas de Tezcatlipoca y Tepeyolohtli como una dedidad que tiene atributos de ocelotl. felino nocturno asociado también a Tezcatlipoca.

Estos últimos hacen pensar  que el templo monolítico de Malinalco fue una escultura

monumental usada como lugar religioso .por los guerreros jaguares y águilas que se hallaban bajo el patrocinio de Tezcatlipoca  -conforme se verá adelante- y del que una de sus manifestaciones era el dios de la ·tierra y de las cuevas: Tepeyollotli’ «corazón de los montes»[4].

Esta región fue sometida por los mexicas. Y en los primeros años de la conquista se instalaron los agustinos quienes fueron los que dan fe de la aparición del Cristo Negro o su instauración en la cueva ateniéndonos a las dos versiones  

 “El milagro”


La obra Relación histórica y moral de la portentosa imagen de N. Sr. Jesucristo… de  Joaquín Sardó. Editada en 1810 y reimpresa en 1914 es un libro exhaustivo que abunda en el detalle tanto de la aparición como en la obra pastoral de dos monjes Bartolomé de Jesús María y Juan de San José, quienes se encargaron en el siglo XVII de hacer del lugar un santuario de dimensiones históricas y de generar el espacio idóneo para la veneración del Cristo negro de Chalma.

Abunda en detalles tanto en la descripción del lugar como en la veneraciones que hacían los naturales a sus deidades

A distancia de dos leguas que median entre Ocuila y Malinalco, pueblos que debieron las primeras luces de la fe y de la doctrina á los religiosos de mi sagrada orden Agustiniano, y cuya situacion se halla entre el sur y el poniente, hay una barranca abierta á lo largo, casi de septentrion á mediodia, seguida de una frondosa cañada, poblada de árboles y altos riscos de uno y otro lado, que viene desde Ocuila, distante dos leguas de Chalma, y por ella un rio, no muy caudaloso, que baxa de la parte del norte con precipitado curso hasta el plan de dicha barranca, desde donde corre mas dilatado hacia el sur, tomando aumento sus corrientes del raudal que brota del pie de la ladera en que estan las cuevas[5].

 

 Desde aquellos siglos de la gentilidad, época infeliz, en que ya hacia nuestra América sepultada en las horrorosas sombras de la idolatría, se hallaban miserablemente envueltos en ellas todos los naturales de Ocuila y su comarca, dando ciega adoración, y rindiendo cultos á un ídolo, de cuyo nombre, por la total mudanza de religión y costumbres, aun entre ellos ha queda do borrada la memoria; y solo se cita, como más probable, haber venerado á esta falsa deidad con el título de Ostotoctheotl, cuya interpretacion es el Dios de las Cuevas, aunque de ello no hay total certeza[6].

El Libro abunda en las versiones sobre la aparición que hablan de la sustitución de Oztoteotl, deidad Náhuatl referida a las cuevas, por la imagen de Cristo. O la de la aparición del Cristo y el derrumbe mágico del “ídolo” de Piedra. Incluso hace alusión a un convencimiento de los frailes para lograr la aceptación de Cristo y dejar de venerar al “Ídolo”. Es interesante como se menciona que los nativos pedían tiempo y comprensión pues no es fácil cambiar una costumbre y creencia de la noche a la mañana. Esta parte nos abre un panorama interesante del proceso de aceptación y sustitución religiosa que se impuso, más allá del discurso retórico de la aparición milagrosa, que luego trata de imponer con el abuso de argumentos de fe.

Que bien conocerían el que un asunto de tanto peso, como era el mudar de religión y culto, pedía tiempo para su decisión, y más habiendo tantos años que vivían en la misma que sus antepasados: que lo pensarían con madurez y responderían en otro día. Razonamiento fue este, que no desagradó a aquellos varones apostólicos[7]

Establece así mismo que la cueva no fue construida por los hombres, sino por la naturaleza y propone que ese lugar fue escogido por los naturales después de la llegada de los españoles, ya que estos derribaron sus “ídolos” y destruyeron sus “cues” (como llamaban los españoles sus centros ceremoniales). Para mantener a salvo su idolatría recurrieron a un lugar sumamente inaccesible y oculto, si era oculto e inaccesible ¿cómo “era que era numeroso el concurso de naturales”? También habla de la devoción que se tenía al Ídolo Oztocteotl que…

“era numeroso el concurso de naturales, que de toda la comarca y aun de los más remotos climas venían a adorarle y ofrecerle torpes víctimas, y pedirle para sus necesidades, el favor y el auxilio, que engañados se persuadían podía darles”[8].

De ser ciertas ambas premisas y para que no se contrapongan, sería que Oztocteotl estaba asentado en algún otro lugar accesible como podría haber sido En Chalmita lugar del mágico ahuehuete, y de ahí a la llegada de los españoles lo hayan mudado a la cueva para mantener en secreto su veneración. O acaso se hayan tenido ya a las dos deidades en el ahuehuete a Tezcatlipoca y en la cueva a su advocación Oztocteotl. Por otro lado se sugiere que como en la actualidad la visita de peregrinos fue muy arraigada y concurrida.
Sobre Bartolomé De Jesús María el libro aborda a detalle sobre su vida, pero sobre todo la relación que tuvo con el santuario, su cuidado y sus modificaciones, pero destaca la exposición de sus  atribuciones de santidad y consejero, y como logra con ello ir atrayendo con su fama feligreses de lugares incluso lejanos e ir así conformando un centro de culto de alto arraigo popular. Así mismo pero con  menos detalles se aborda al fraile Juan de San José, heredero de Bartolomé De Jesús María quien los sucediera y continuara tanto con su devoción y mejoramientos del santuario.

A pesar de los cambios, las mejoras en comunicación y de lo atractivo que es como sitio turístico, Chalma se mantiene fiel a su origen y contrario a otros lugares que han sido Gentrificados, como el caso de Tepoztlán o Malinalco. La persistente presencia de los sectores marginados y excluidos en Chalma hace difícil suponer que las clases medias y medias altas, se apropien como lo han hecho y lo siguen haciendo con lugares de alto valor simbólico, como el caso citado de Tepoztlán y recientemente Cholula. Esperemos pues que Chalma siga siendo un territorio donde de algún modo se mantiene vivo el legado ancestral de una cultura que se aferra a ser lo que no ha dejado de ser. 

José Antonio Cruz Tlacuilo 

Bibliografía:

Joaquín Sardo: Relación histórica y moral de la portentosa imagen de N. Sr. Jesucristo…  . Editada en 1810 y reimpresa en 1914
Alejandra Gonzales Leyva: Chalma una devoción agustina, Universidad Autónoma del Estado De México  UAEM, INSTITUTO MEXIQUENSE DE CULTURA, Toluca 1991


[1] NOMBRES Geográficos Indígenas DEL ESTADO DE MÉXICO

(Estudio crítico etimológico) Cecilio Robelo CUERNAVACA.

Luis Cr. Miranda, impresor.1900. pag. 87

[2] Alejandra Gonzales Leyva  cit. p. 82

[3] Alejandra Gonzales Leyva  cit. p. 82

[4] Alejandra Gonzales Leyva cit. p. 82

[5] Joaquin Sardo. cit. p. 2

[6] Joaquin Sardo.  cit. p. 2

[7]Joaquin Sardo.  cit. p. 16

[8]Joaquin Sardo.  cit. p. 4

AGUA BENDITA (Chalma)

Por: Brenda Lili «Xochiocelotl».

Agua, bendita agua, ¡ cuántas bendiciones padre mío de las cuevas, señor de Chalma!

La neblina cubre los cerros y las cruces, por fin las rosas de algodón bajaron desde el cielo, y aunque oculto el sol, siempre termina adornándolo todo.

¿Habrá más poesía que aquellas nubes sobre nuestra cabeza? ¡Sí sólo bastaba estirar la mano para comerlas!

El humo de copal confundido con los hilos de agua espesa, los cantos afinados con el relámpago y el trueno…y la danza, suspendida en el tiempo de Dios, en el tiempo del no tiempo…

CANTAN, DANZAN

Alabanza

Por: Doryan Bocanegra medina

Cantan, danzan, rezan, peregrinan
dando siempre gracias al creador.
Con sus conchas de armadillo y mandolinas,
poniendo copalito al sahumador.

Con lluvia, viento, frio, sol, caminan.
desde sus pueblos hasta tus pies.
Los acompaña las imágenes que ellos veneran
que los ayudan a llegar con bien.

Todos han llegado al campo santo,
se disponen a bajar la cruz.
Por esa callecita del calvario van cantando,
hasta llegar a donde estas tu.

Suenan cascabeles y ayacaxtlis,
al rimo del corazón del tambor.
Alegre flor y canto se oye en las barrancas
Viva, viva, nuestra tradición.

Este canto está inspirado en las peregrinaciones que varias mesas de danza hacen para llegar a Chalma a la fiesta de las cruces. Describe un poco una de las múltiples ceremonias que se llevan a cabo, la bajada de la Cruz de la Alianza.

Este canto puede ser usado para el momento que la danza camina del cuartel, al lugar donde se llevara a cabo la danza, o en el regreso. Pueden mencionar el lugar de donde provienen las diferentes mesas o capitanías que asisten a la ceremonia y la imagen a la que se han encomendado; o solo mencionar a las que llevan estandartes.

Imagen tomada del perfil de Facebook del autor

¿Ni yendo a bailar a Chalma?

Por: Gabriel Hernández Ramos

Todo el año es fiesta en Chalma

Al santuario de Chalma llegan infinitas peregrinaciones de casi todos los lugares de la Republica mexicana. Todo el año es fiesta en Chalma. La mayoría de los peregrinos llegan a pie, aunque también hay peregrinaciones en bicicleta, a caballo o en camión. Peregrinos revolcados, enlodados, mugrosos, cansados y hambrientos por los días de camino.

Cuando nosotros vamos a Chalma, hacemos tres días para llegar y luego nos quedamos una semana. Alternamos los lugares de salida, un año salimos de Huexoculco, al siguiente de Amecameca, luego de San Rafael y así sucesivamente. La salida es el primer sábado después del jueves de la ascensión del Señor, en la madrugada. Puede ser mayo o junio. Casi siempre llueve o por lo menos llovizna. En Cocotitlan hay ocasiones que nos dan de desayunar: pan, café, y tlacoyos calientitos. A las diez, antes de llegar a Ayotzingo, la carretera esta repleta de sapos apachurrados.

Al medio día descansamos junto al mercado de Milpa Alta, todos sacan su itacate y comemos: tlacoyos, tortas, fruta seca, agua y cerveza fría,  después, a seguir caminando entre las nopaleras. Todo el tiempo vamos alegres, hay risas, chistes, historias de las cosas de antes y costumbres de nuestros pueblos. Tenemos que ir contentos porque así le gusta al santo, porque nos queremos, porque nos olvidamos un poco del cansancio y de todo, porque caminar a Chalma es dirigirse a otro mundo donde se olvida quien es uno realmente –no hace falta-. El tiempo que se está en Chalma es un espacio sagrado, una realidad distinta a la que se vive cotidianamente. En Chalma día y noche es tiempo de Dios.

La primera noche descansamos en Topilejo o en el cerro que está más adelante, según el tiempo y el temporal. Ahí cenamos. Si es en el pueblo pedimos posada en alguna casa y si es en el cerro, alrededor de una lumbrada que se mantiene encendida toda la noche. A veces, después de cenar,  se recuerdan las cosas chistosas o difíciles de la jornada, mientras circula una botella de tequila (o de lo que Dios socorra) y los imprescindibles cigarros sin filtro. A los que ya están muy cansados o torcidos se les da masaje, se les curan las ampollas a los nuevos y nos vamos turnando para echar leña al fuego, también le damos de comer al señor mas viejo.

Tempranito, otra vez a darle. Primero suave porque los huesos y los músculos amanecen fríos, pero ya que se entra en calor la caminata se vuelve más ágil. Pasamos El Arenal, Las Torres y como a medio día llagamos a Agua de Cadena, un paraíso donde baja el agua fría y limpia a través de un canal de troncos ahuecados que forman una cadenita. Aquí hay muchos puestos de comida y es el punto de encuentro de muchas peregrinaciones. En Agua de Cadena nos juntamos con los grupos que vienen  del zócalo. Comemos juntos cerca del agua o bajo las ramas de algún árbol. Ahí ya somos una tropa numerosa, sesenta, setenta o hasta cien.

Justo donde nace el agua se levantan muchas crucecitas de varios tamaños, materiales y colores. Entonamos los primeros cantos a los maderos y al Señor de Chalma.

Jilguero qué hermoso cantas

ya pareces un canario,

vas recogiendo las almas

que caminan al santuario.

Luego viene la subida, empinadísima, de Penitencias, donde, los que van por vez primera, “los nuevos” suben cargando hasta la cima un tronco o una piedra a la medida de sus faltas, para dejarla a los pies de la Cruz de Penitencias. Otra vez cantamos:

Cantemos con alegría

cantemos con alegría

y con mucha devoción,

al Paraje del coyote

al Paraje del Coyote

y a la Cruz de la Misión.

Bajamos y subimos cerros motivados por la frescura de la tarde y los colores del ocaso que se aproxima. En la última cima saludamos a la Cruz de Ánimas, adornamos sus bracitos con listones de colores, mientras se canta una pasión para los fieles difuntos. Después, a correr porque ya es pura bajada, hasta Santa Martha. A veces la tierra esta suelta, o llovió y hay lodo, de todas maneras llegamos bien empolvados a Santa Martha. A las diez, once o doce caemos como troncos, por el cansancio o por las cervezas, el mezcal o el tequila.

Amaneciendo, el lunes, desayunamos algo calientito, aunque en Santa Martha ya hay regaderas, casi nadie se lava ni la cara, porque esos sudores y cansancio es lo que se va a “entregar” hasta Chalma. Aquí se empieza a hacer nudo la garganta y las lágrimas salen solitas. Todos nos formamos y comenzamos a avanzar, suenan las llamadas de los caracoles y el rasgueo de las conchas de armadillo: parejitos. A las orillas de la carretera la gente nos ve y nos bendice, nos da buenos deseos: “¡Que Dios los acompañe!”, “¡Que lleguen con bien!”, “¡Animo muchachos!”. “¡Son los danzantes!”, se dicen cuchicheando. Nos aplauden.

Dos o tres horas de camino y llegamos a Ocuilan, luego al Ahuehuete. En el Ahuehuete son “coronados” los nuevos con coronas de flores del campo que han venido juntando los padrinos y las madrinas, éstos pueden ser todos aquellos que han venido peregrinando más de una vez. En el ahuehuete danzamos así; mugrosos y vestidos de civiles. Ahí se queda el cansancio del camino y un poco de polvo, después a mojar la frente y las sienes de los ahijados con el agua que brota de las raíces del árbol viejo y a compartir un jarrito de pulque fresco.

Ahora sí ¡vámonos tendidos! Un rato por la carretera, donde los “sargentos” van cuidando el paso, la velocidad de los camiones y protegiendo las columnas de peregrinos. Como a las tres o las cuatro estamos entrando al pueblo de Chalma. Donde inicia la bajada para el santuario, nos organizamos y esperamos que llegue el último de la marcha, mientras se reafinan las conchas y se desenredan las cintas de los estandartes; se revisa que estén bien prendidos los sahumadores. Entramos todos juntos y bien formados. Los estandartes que han venido distribuidos a lo largo de la columna, se colocan al frente, junto con las ahumadores y las palmas que nos llegan a regalar. Los ahijados recién coronados se forman en medio, son como los niños que necesitan mas cuidado y protección. Los principales o capitanes encabezan las columnas y ponen los cantos de entrada:

De rodillas voy llegando

hasta llegar a tus pies,

Padre mío Señor de Chalma

que no sea la última vez

que no sea la última vez.

En la puerta del templo, después de pasar en medio de hileras de puestos y manteados de colores, se entregan las coronas y se dan un abrazo padrinos y ahijados. Se le habla al Señor y se le entrega la peregrinación, las intenciones y los cansancios de todos los que caminaron. Primero hay llanto, luego alegría o las dos cosas al mismo tiempo. ¿Cómo es posible caminar tantos kilómetros y llegar tan bien, tener la cuerda suficiente para todo lo que falta? Tal vez por eso dicen que el Señor de Chalma es “el santo mas cabrón”. Santo que también anduvo peregrinando hasta llegar a esa cueva (donde dicen que antes se hacían sacrificios al Señor Tezcatlipoca), así lo sustenta un canto:

Abre los ojos del alma

y veras a un peregrino,

a Dios, quien por amor vino

a las barrancas de Chalma.

Ya estamos en Chalma. Ora sí, a bañarse en el río de agua helada, quedar limpio de tanta mugre acumulada, de tanto sudor reseco que te ha entiesado los cabellos; a limpiar las heridas de aquellos que se espinaron a se ampularon al caminar. A descansar en la noche, tomar una cerveza y platicar los planes porque mañana empieza el trabajo para las cruces, el recibimiento de otras peregrinaciones y las bajadas en penitencia, las danzas y los cantos día y noche.

Chalmeros

Ya estamos en Chalma.  No es raro ver aquí las penitencias que bajan en la madrugada, el penitente va de rodillas desde Las Cruces hasta las plantas del Señor de Chalma. Los ojos vendados y sus padrinos animándolo a sus costados; de rodillas sobre las piedras disparejas y puntiagudas, mientras los cantos altísimos de las danzas abren la penumbra y acercan la claridad del nuevo día. Antes, también traían un nopal espinoso en la espalda y otro en el pecho. Ahora ya casi no se usa, sólo ha quedado la corona de largas y esbeltas espinas en la cabeza.

A Chalma llegan los pobres, los humildes y los ricos, los indios y los extranjeros, los que vienen como a una excursión y los que venimos a “trabajar”. Las mujeres otomíes bajan arrastrando espléndidas plantas de toloache. Los curanderos (llevan en su morral) velas de cebo, su copal, sus aguas floridas, hierbas y ofrenda para su cruz, la cual los está esperando en algún lugar de los cerros y barrancas; las innumerables danzas  que se mueven o cantan, que bajan y luego suben los enormes maderos; de día o de noche, bajo el extenuante sol o en el frío aguacero de la media noche. Lo importante es cumplir, primero reverenciando al Señor de Chalma, darle ropaje nuevo a la cruz y a vestirle su manto con flores de papel o de tela, y por ultimo a recordar a todos aquellos que nos antecedieron en  estas “memorias, recuerdos, obligaciones y devociones.”

En esta peregrinación y estancia en Chalma se cumple y se aprende. En estos Díaz dedicados a Dios nos reunimos en convivencia permanente, vivimos como una familia. Conocemos los secretos y defectos de los demás y ellos los nuestros. Aquí lo primero que sale a flote es el ego, la envidia, la inconformidad, la arrogancia, los celos, pero también lo sublime; la humildad, la ayuda mutua y espontánea, el verdadero sacrificio que consiste en servir con gusto a los demás; quitarse el pan de la boca para que coma el niño, la comadrita, el más cansado, quien más lo necesite; dar alivio a los dolores ajenos sin esperar nada; dar consejo al más testarudo; dar una sonrisa en el momento más solemne.

Para estar en Chalma se requiere una cantidad respetable de fuerza de voluntad y amor por el trabajo divino, esa labor que no nos da dinero, pero sí lo indispensable para seguir viviendo (paz, salud, esperanza) para mantener  con dignidad nuestras tradiciones y costumbres, las mismas que han defendido nuestros antepasados con tal valor y cuidado que aun hasta estos días tenemos la fortuna de conocer y representar. Además, la responsabilidad de permitir lleguen completas y fieles a la próxima generación que algún día nos habrá de sustituir en esta tarea santa.

Gabriel Hernández Ramos

Fotograma del Documental: sobre Chalma de la filmoteca de Unam. 1922

CHALMA (parte 3) La obligación de los Concheros

“La obligación”[1]  de los concheros en Chalma

En Chalma se restablecen vínculos o se rompen algunos, es el espacio adecuado incluso para la ventilación de asuntos ríspidos que tienen que ver con los aspectos relacionados con la organización y poder dentro de estas agrupaciones. Se dicen palabras y se llegan a acuerdo especiales, se nombran cargos, se dan las exclusivas. Se muestran los duelos[2], se estrenan trajes, plumas. Se prepara con ahinco la letra y el tono de la nueva alabanza a estrenar también. Se pagan las deudas con la divinidad en las impactantes penitencias, se tira por la borda alguna buena reputación que se tuviera, pues el alcohol seduce de manera eficaz. Se conquistan soldados[3]… y pareja o se renuevan también ambas relaciones.

La obliagacion dura dura unos 5 dias pero puede variar según la costumbre de cada mesa [4]. La obligación más tradicional, por la que se va a Chalma comienza el domingo y termina el jueves.

La culminación de esta fiesta es la subida de las cruces a los cerros contiguos al santuario, este día dentro del calendario liturgico católico es el conocido como jueves de pentecostés[5].

El itinerario

El domingo se suele subir a los cerros para ir a bajar las cruces. Cada mayordomía tiene su cruz y se encarga de ella en todos los menesteres necesarios. Se lleva al lugar donde se le harán las labores de mantenimiento fisico y espiritual. La mayoría de estas cruces se colocarán en los atrios del santuario (recordemos que desde hace unos 20 años el santuario cuenta con dos atrios). Las cruces son en su mayoría de mayordomías de familias y comunidades de la ciudad de México y sus pueblos antiguos. Los concheros tienen algunas, pero las más de las veces acompañan a los mayordomos en sus encargos, son pues alianzas con dichas mayordomías.

El lunes se realiza la “entrada” es en si el inicio formal de los trabajos rituales por parte de los concheros. En la capilla de la virgen de Guadalupe que esta sobre la carretera y a la entrada del pueblo de Chalma, se forman, van acomodando los grupos en hileras, al frente se van las palabras por orden jerárquico, suelen ir los jefes o representantes de las palabras de mayor alcurnia, sus estandartes y sahumadoras[6], como debe de ser en toda formación conchera. Se van entonando cantos que se reparten de manera protocolaria entre las palabras representadas. Y asi van bajando hacia el santuario de Chalma (recordemos que el santuario se encuentra en el fondo de una cañana, por lo que todas las entradas son bajadas y en espacial la que viene de la capilla de la virgen de Guadalupe y que pasa por el panteón. Bajan hasta el atrio, entran a la iglesia, en donde cantarán el permiso ritual conchero, un alabado que invoca la trinidad Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, así como imágenes reverenciadas, que invocan indistintamente en prácticamente en todas los trabajos o actividades de la danza.  

El martes se danza en el atrio a sus cruces y los grupos se dedican a diferentes compromisos y actos de reciprocidad. Este día es cuando se da tiempo para muchos acomodos y muestras de relaciones rituales, se hacen las visitas protolarias para los grandes asuntos de la danza, incluso para los asunto más personales.

El miércoles igual durante el día se realizana algunas de estas actividades y  en la noche se lleva a cabo la velación a la cruz de cada cual. Se viste la cruz de un nuevo sendal  durante la velada, que es acompañada de los cantos alusivos y se estrenan los cantos nuevos. La velación puede ser media velación, porque la vestida de la cruz suele ser más lijera que la tendida del xuchitl de una velación ordinaria[7]. Al terminar la velación se bajan las penitencias la madrugada del jueves.

La penitencia es un sacrificio del tipo de las llamadas mandas. Se baja de rodillas desde el panteón hasta las puertas del santuario. La distancia es de varios cientos de metros en un camino particularmente aspero. El pentintente pide a un par de personas que sean sus padrinos. Hombre o mujer, para que los apoyen fisica y moralmente en el sacrificio. Se toma de ellos de la cintura  durante el trayecto. Antes de comenzar se le venda los ojos al penitente y  así se mantendrá hasta concluir el trayecto. Lo interesante de esta penitencia tanto las de los danzantes como la de la demás gente es que se vendan los ojos. “la fe es ciega” dicen que por ello se vendan los ojos, pero ¿qué a la Villa o al Sacromonte no es igual de ciega? Una especulación del por que de esta costumbre podria ser la rerferencia de que el numen venerado en la época prehispánica era Oztocteotl, advocación de Tezcatlipoca, relacionado a la desovediencia de las normas y el pago de dichas faltas, Tezcatlipoca solía tener los ojos vendados por en su calidad de penitente.   

A la mañana del jueves los concheros engalan sus cuerpos con las mejores vestimentas y se forman atrás de la cruz de sus debosiones que será cargada en andas tras los sahumadores y las caracolas perforadas que anuncian el paso solemne de la sagrada encomienda que llevan acuestas. Con alabanzas dedicadas a la cruz, todas ellas en referencia a la pasion de Cristo o que aluden a otras cruces o a la propia, van avanzando lentamente con direccion a las puntos estrategicos en los cerros que parecen murallas que custodian al santuario. Después, unos minutos o acaso más de una hora dependiendo la distancia, llegan hasta el lugar donde habrán de colocar sus cruces para que permanezcan ahí todo un año con una nueva vestimenta (su sendal), con nuevos colores, restauradas, olorosas a copal y vibrantes de cantos y oraciones. Cuidarán desde esos miradores a sus devotos todo un año y estarán ahí para recibir la visita el año entrante. Bajarán después los concheros y darán gracias en el atrio o en sus altares, otros subiran sus cruces al panteón tan cercas del atrio que les dará tiempo de ocupar con danzas en los atrios, ahora ya sin cruces más espaciosos. Terminarán así su “obligación” de varios días, se desatuendarán y algunos presurosos abordarán los camiones repletos que los regresarán a sus obligaciones cotidianas. Algunos más esperaran un día o dos más para regresar. Aprovecharán para disfrutar la quema de cuetes y fuegos articiales o de la socialización profana que cierra cualquier fiesta sacra.    


[1] Iblid 2

[2] Se anuncia en mantas negras con leyendas alusivas la perdida física de algún miembro connotado de la danza.

[3] Soldado es el término para referirse al danzante.

[4] Mesa es la denominación dada a los grupos legalmente constituidos dentro de la tradición de los concheros, al perecer el término alude a que al ungirse una agrupación debe fundar su oratorio con su estandarte y una imagen la cual es colocada en una mesa. 

[5] El pentecostés es la celebración católica de la bajada del Espíritu Santo.

[6] Mujeres encargas de llevar el incensario llamado sahumerio en el cual irán poniendo copal con el que limpian y santiguan personas imágenes religiosas y objetos 

[7] En las velaciones convencionales se suele tender con flores en un mantel la forma de la cruz con rayos del santísimo sacramento, denominada Xuchitl, luego en la custodia que es un travesaño hecho de madera, se engarzan dichas flores. 

CHALMA (Más allá de las fronteras)

Por: Ana Rodriguez

Tomado del perfil de facebook de la autora del texto

Me acuerdo la primera vez que vi la danza… todos vestidos de blanco y con esas hermosas semillas en lo tobillos. El latido del huehuetl y esa energía circular.

Yo me dije… tengo que ir al origen de esta maravilla. Esta maravilla tan familiar…

Con apenas 23 años y solo con el sentir de la danza… volé 9.020km al re-encuentro de un gran amor… Un amor más real y profundo del que jamás podría imaginar. Un llamado interno a través de la eternidad.

Al poner mi primer pie sobre México, ya me enamoré, aunque no fue fácil… nada fácil…

Mi primer encuentro mágico, el gran guardián que custodia la entrada… la entrada sagrada. El gran ahuehuete… el gran abuelo.  Aquí me dio la opción de dejarlo todo allí… Todo pensamiento, todo juicio… Todo miedo… me bendijo con sus aguas y mis pensamientos se llenaron de flores… la aproximación envuelta en cantos… unos cantos que no conocía pero que, aunque su letra a veces no entendía su tono y su intención retumbaban en mi alegría… Una alegría que no conocía hasta entonces. Ya entrando en el santuario era de noche y al llegar a sus pies tuve una certeza que en algún lugar de mi ser yo conocía esto… mi alma vibraba y se sentía reunida de nuevo.

 Tlaloc nos dio la bienvenida y mojados, desorientados y demás nos dirigimos a un cuarto en los arcos al lado del atrio… Yo no podía caber dentro de mí… era tal la ilusión y el contento que no pude dormir… al estar rodeada de tantos danzantes era volver a casa…volver después de una larga batalla donde estaba herida y muy perdida… por fin llegué a casa… Por fin…

De alguna manera la danza me salvo… y Chalma me bendijo… me dio la oportunidad de ser mejor… pero con trabajo… con merecimiento

Al día siguiente la danza, el sonido de las conchas, el huehuetl… el sol abrasador…

La unión del círculo, la familia de la danza, todos tan distintos y tan unidos… disolviendo sus diferencias con el sudor, el esfuerzo, la entrega, la fe el amor…  el amor tan puro y tan fuerte.

Toque la exquisitez de ser una con el círculo… todos y todas los danzantes contribuían a mi crecimiento espiritual y yo al suyo… de una manera sin palabras, solo música y movimiento… música y movimiento.

Escuchaba las conchas y a veces me parecía que me hablaban…

Esa noche no podía ni andar casi, mis pies llenos de ámpulas, pero mis ser resplandecía…

Yo quiero ser danzante ……y un abuelo me dijo “ser danzante es un camino para toda la vida pues”.

El segundo día me sumergí totalmente en todo el caos, ese caos que crea una armonía perfecta si no luchas contra nada… tan sola y a la vez tan acompañada. Yo esto lo había vivido en algún otro tiempo… estaba segura… o quizás algún antepasado mío y me paso la memoria genética… Pero también había mucha lucha y a veces mucha energía que no sabía qué hacer con ella… volvía a la tierra y cantaba y danzaba…

Esa batalla florida…

Iba entendiendo cosas, pero sin pensar…  era un entendimiento más profundo… En este lugar sagrado vi plasmado un mapa de la humanidad y como funcionamos… veía nuestros lados más oscuros y luminosos… veía como podíamos alcanzar nuestra esencia real a través de estas sagradas enseñanzas… nos daban códigos… y al descifrarlos pasábamos a otro nivel…

Apenas dormía… me sentía muy segura al estar rodeada del sonido del huehuet… día y noche…

El tiempo se paró y mi cuerpo, aunque cansado, una vez en el círculo todo le era más fácil…

Por primera vez me sentí realmente yo misma..

No puedo recordar mucho más… Pero si me acuerdo de la danza cada día… a 9020km de distancia física…

Quisiera pedir disculpas si he podido molestar a alguien con mi relato, con alguna palabra pues no es mi intención.

Quiero agradecer… agradecer, porque tuve la gran dicha de poder conocer esta sagrada tradición en este lugar tan especial y bello.

Desde el más profundo respeto agradecer a todas y todos los danzantes, los jefes y jefas y a los abuelos y abuelas guardianes de estas sagradas tradiciones por mantenerlas vivas con su trabajo y esfuerzo. ¡Gracias Señor de Chalma!, por enseñarme el camino y guiar mis pasos con tanto amor y devoción.

“Padre mío señor de Chalma que no sea la última vez…”