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LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA

LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA
Por: José Antonio  Cruz Tlacuilo

El sabio verdadero:
Es cuidadoso y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la verdad, no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara, los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías, les da su camino, de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos; hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo
TOLTECA:
Artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón 1

A los mexicanos nos encantan las máscaras, pero poco entendemos en la actualidad la no mascara, ósea el rostro verdadero, las máscaras son para disimular, para el teatro antropocósmico, mientras el trabajo por generar un rostro autentico aún está en proceso. Hacemos el carnaval y las máscaras son los espejos de la desavenencia e incluso de la proyección. Finalmente, en un pueblo con siglos de colonia la máscara es la sobrevivencia a través de la simulación. En cambió la no máscara los rostros son forjados. En el caso de las naciones mesoamericanas, el rostro era el espejo pulido, labrado con esmero, creado desde el trabajo, la pasión, el deleite y el amor, dicho en palabras toltecas “aquello que viene del corazón”. El hombre con dignidad, con rostro verdadero es casi ya un accidente prodigioso.

La máscara engaña y aun esa sabiduría tolteca, tan sencilla se ha vuelto una máscara, lo “tolteca” en estos tiempos de mercadotecnia new age, también suele ser máscara estrambótica que con el acento chamánico tan en boga, desdibuja el rostro humano en equilibrio con el ser social, con la comunidad, con la naturaleza, como lo demuestran las enseñas del huehutlahtolli. Este nuevo “tolteca” new age, suele buscar lo sobre humano, lo mágico, lo sobrenatural y por lo tanto, lo especial, la perfección individual con dotes y particularidades exclusivas.

Pero aun en estos tiempos, hay rostros verdaderos de esa definición tolteca, hay rostros pulidos labrados con esmero, reflejo de la pasión de corazones. En el campo, en la ciudad. Los luchadores sociales, los que defienden el patrimonio cultural de la comunidad, los que luchan contra el despojo de los pueblos, esos que dicen “alguien lo tiene que hacer”, los curanderos que aun no queriendo la vida y la razón de sus pueblos los llevan a lo inevitable, no persiguen el don subiendo montañas o en ceremonias chamánicas trascendentales, el don es la comunidad, la cultura y en su persona su trabajo constante, la convicción, el camino de corazón, incluso el sufrimiento, el designio mágico, venido de la necesidad del clan, el don inscrito desde los antepasados, las ánimas. Lo mismo los creadores, forjadores de cantos, los que labran, los que escriben, los que conservan y enseñan la danza. En buena medida su rostro es el espejo de la comunidad y en ellas se refleja, de ahí la máxima zapatista mandar obedeciendo, Ramona es un ejemplo maravilloso de un rostro que aun escondido tras el pasamontaña era luminoso por que traía el trabajo propio y el reflejo de su comunidad.

Los rostros de las resistencias en las sublevaciones indígenas que han quedado en el imaginario la historia y la metáfora, el mito, son personas que llevaron o tomaron la acción de guiar un encargo colectivo, bien podríamos decir que estos rostros al final son la imagen de la lucha de un pueblo, aunque sean de una persona, en realidad no solo son ellos y al final son el icono de lo que el pueblo aspira, es, imagina y emplea. Paradigma Cuauhtémoc, que bien sigue siendo luz de muchos en muchas circunstancias, desde la recreación del mito de la entrega pura, hasta la metáfora astronómica de la puesta del sol, y más aún, de la luz encarnada en la imagen solar que se oculta al atardecer de una nación. O bien el ánima poderosa que guía las manos de curanderas como Pachita o los jefes concheros curanderos. Bien también como pegamento identitario de los despatriados de la antigua mítica y post moderna Áztlan sea Califastlan o Texastlan.

El rostro de Zapata, su mirar, independientemente de su valor personal, es rostro de la convicción y el dolor de un pueblo oprimido pero digno.

Otros rostros no menos luminosos, pero si menos conocidos como el de Tenamaztle encarnan también, la historia más negada aún, la de las comunidades alejadas o “menos civilizadas”, como los chichimecas, los rostros más anónimos aun de mulatos y cimarrones que fueron también muy activos en sublevaciones y alzamientos contra el esclavismo e independencia. Rostros controvertidos como los de Connin que negociaron que buscaron el beneficio estratégico de las alianzas para la sobrevivencia de sus clanes y mantener vivos sus costumbres. Los rostros los corazones como el de Kanec y sus mitos controvertidos, del delirio mesiánico, a la realidad de la sublevación contra la opresión o acaso el martirio como única posibilidad de salvación contra el esclavismo.

Pero el rostro de la resistencia sigue vivo, reside en esa raíz que sobrevive en el asfalto de las ciudades y da flores agrestes, y en los caminos que comunican con las comunidades, veredas y chozas en la mitad de las reservas donde han quedado las poblaciones que resguardan esos patrimonios, tangibles naturales e intangibles culturales.
Los rostros de la resistencia también, son los del resguardo y expansión de la riqueza cultural como la de la danza de los concheros que , asume cuando en necesario el origen antiguo, y salta el estigma del catolicismo y se asume como azteca, chichimeca o el genérico indio , y  se proyecta más allá de si mismo y su danza a encarnar el rostro de lo que pudo haber sido el esplendor de la danzas prehispánicas, y  después de haber tomado el atrio, recientemente sigue con esa si conquista, de tomar espacios públicos, los arqueológicos y simbólicos de la resistencia. 

Porque la sangre llama y convoca esa lucha por la identidad negada, se vuelca poderosa aunque con sus vicisitudes y surgen esos rostros, se van puliendo y van formando comunidad. Ella la mujer indígena, aún sin la lengua nativa  aun sin la tierra, es la resistencia más persistente, ella carga la más pesada de las opresiones, no por nada uno de los adjetivos más obscenamente clasistas y racistas, es el de gata, chacha, criada; las trabajadoras domésticas son casi en su totalidad de origen recientemente indígena. Y digo recientemente por lo evidente, porque su generación migrante suele ser más nueva, pero, ¿Cuántos de nosotros tenemos una madre o la abuela que vino del campo a la ciudad? y con orgullo decimos, que haciendo tal o cual de estas actividades nos sacó adelante.  Pero ellas como las artesanas, las cocineras de tlacoyos y las barrenderas son al mismo tiempo, las que mantienen vigente el amor sutil casi negado, casi silente por los orígenes y son las que con sus modos mantienen la fe y el respeto por lo sagrado, por los mayores, esos de los cuales venimos; aquellos merecidos por la penitencia de los dioses, el rostro más negado, pero al mismo tiempo el que más ha cuidado el rostro verdadero, lo cual se nos llena la boca de decir orgullosos, que la madre o la abuela pobre que tuvimos, nos inculcó valores y aunque no lo digamos con esas palabras, nos dio un rostro. 

1 Códice Florentino, traducción: Miguel León Portilla



Introducción del libro los Rostros de la Resistencia editado en el marco de la conmemoración de los 500 años de la toma de Tenochtitlan, en al año de 2021.

Libro aun disponible, en 160 pesos.
Portada del Libro los rostros de la Resistencia. Ed. Rostro y Corazón, y ed. Ce Acatl.

AGUA BENDITA (Chalma)

Por: Brenda Lili «Xochiocelotl».

Agua, bendita agua, ¡ cuántas bendiciones padre mío de las cuevas, señor de Chalma!

La neblina cubre los cerros y las cruces, por fin las rosas de algodón bajaron desde el cielo, y aunque oculto el sol, siempre termina adornándolo todo.

¿Habrá más poesía que aquellas nubes sobre nuestra cabeza? ¡Sí sólo bastaba estirar la mano para comerlas!

El humo de copal confundido con los hilos de agua espesa, los cantos afinados con el relámpago y el trueno…y la danza, suspendida en el tiempo de Dios, en el tiempo del no tiempo…

CANTAN, DANZAN

Alabanza

Por: Doryan Bocanegra medina

Cantan, danzan, rezan, peregrinan
dando siempre gracias al creador.
Con sus conchas de armadillo y mandolinas,
poniendo copalito al sahumador.

Con lluvia, viento, frio, sol, caminan.
desde sus pueblos hasta tus pies.
Los acompaña las imágenes que ellos veneran
que los ayudan a llegar con bien.

Todos han llegado al campo santo,
se disponen a bajar la cruz.
Por esa callecita del calvario van cantando,
hasta llegar a donde estas tu.

Suenan cascabeles y ayacaxtlis,
al rimo del corazón del tambor.
Alegre flor y canto se oye en las barrancas
Viva, viva, nuestra tradición.

Este canto está inspirado en las peregrinaciones que varias mesas de danza hacen para llegar a Chalma a la fiesta de las cruces. Describe un poco una de las múltiples ceremonias que se llevan a cabo, la bajada de la Cruz de la Alianza.

Este canto puede ser usado para el momento que la danza camina del cuartel, al lugar donde se llevara a cabo la danza, o en el regreso. Pueden mencionar el lugar de donde provienen las diferentes mesas o capitanías que asisten a la ceremonia y la imagen a la que se han encomendado; o solo mencionar a las que llevan estandartes.

Imagen tomada del perfil de Facebook del autor

¿Ni yendo a bailar a Chalma?

Por: Gabriel Hernández Ramos

Todo el año es fiesta en Chalma

Al santuario de Chalma llegan infinitas peregrinaciones de casi todos los lugares de la Republica mexicana. Todo el año es fiesta en Chalma. La mayoría de los peregrinos llegan a pie, aunque también hay peregrinaciones en bicicleta, a caballo o en camión. Peregrinos revolcados, enlodados, mugrosos, cansados y hambrientos por los días de camino.

Cuando nosotros vamos a Chalma, hacemos tres días para llegar y luego nos quedamos una semana. Alternamos los lugares de salida, un año salimos de Huexoculco, al siguiente de Amecameca, luego de San Rafael y así sucesivamente. La salida es el primer sábado después del jueves de la ascensión del Señor, en la madrugada. Puede ser mayo o junio. Casi siempre llueve o por lo menos llovizna. En Cocotitlan hay ocasiones que nos dan de desayunar: pan, café, y tlacoyos calientitos. A las diez, antes de llegar a Ayotzingo, la carretera esta repleta de sapos apachurrados.

Al medio día descansamos junto al mercado de Milpa Alta, todos sacan su itacate y comemos: tlacoyos, tortas, fruta seca, agua y cerveza fría,  después, a seguir caminando entre las nopaleras. Todo el tiempo vamos alegres, hay risas, chistes, historias de las cosas de antes y costumbres de nuestros pueblos. Tenemos que ir contentos porque así le gusta al santo, porque nos queremos, porque nos olvidamos un poco del cansancio y de todo, porque caminar a Chalma es dirigirse a otro mundo donde se olvida quien es uno realmente –no hace falta-. El tiempo que se está en Chalma es un espacio sagrado, una realidad distinta a la que se vive cotidianamente. En Chalma día y noche es tiempo de Dios.

La primera noche descansamos en Topilejo o en el cerro que está más adelante, según el tiempo y el temporal. Ahí cenamos. Si es en el pueblo pedimos posada en alguna casa y si es en el cerro, alrededor de una lumbrada que se mantiene encendida toda la noche. A veces, después de cenar,  se recuerdan las cosas chistosas o difíciles de la jornada, mientras circula una botella de tequila (o de lo que Dios socorra) y los imprescindibles cigarros sin filtro. A los que ya están muy cansados o torcidos se les da masaje, se les curan las ampollas a los nuevos y nos vamos turnando para echar leña al fuego, también le damos de comer al señor mas viejo.

Tempranito, otra vez a darle. Primero suave porque los huesos y los músculos amanecen fríos, pero ya que se entra en calor la caminata se vuelve más ágil. Pasamos El Arenal, Las Torres y como a medio día llagamos a Agua de Cadena, un paraíso donde baja el agua fría y limpia a través de un canal de troncos ahuecados que forman una cadenita. Aquí hay muchos puestos de comida y es el punto de encuentro de muchas peregrinaciones. En Agua de Cadena nos juntamos con los grupos que vienen  del zócalo. Comemos juntos cerca del agua o bajo las ramas de algún árbol. Ahí ya somos una tropa numerosa, sesenta, setenta o hasta cien.

Justo donde nace el agua se levantan muchas crucecitas de varios tamaños, materiales y colores. Entonamos los primeros cantos a los maderos y al Señor de Chalma.

Jilguero qué hermoso cantas

ya pareces un canario,

vas recogiendo las almas

que caminan al santuario.

Luego viene la subida, empinadísima, de Penitencias, donde, los que van por vez primera, “los nuevos” suben cargando hasta la cima un tronco o una piedra a la medida de sus faltas, para dejarla a los pies de la Cruz de Penitencias. Otra vez cantamos:

Cantemos con alegría

cantemos con alegría

y con mucha devoción,

al Paraje del coyote

al Paraje del Coyote

y a la Cruz de la Misión.

Bajamos y subimos cerros motivados por la frescura de la tarde y los colores del ocaso que se aproxima. En la última cima saludamos a la Cruz de Ánimas, adornamos sus bracitos con listones de colores, mientras se canta una pasión para los fieles difuntos. Después, a correr porque ya es pura bajada, hasta Santa Martha. A veces la tierra esta suelta, o llovió y hay lodo, de todas maneras llegamos bien empolvados a Santa Martha. A las diez, once o doce caemos como troncos, por el cansancio o por las cervezas, el mezcal o el tequila.

Amaneciendo, el lunes, desayunamos algo calientito, aunque en Santa Martha ya hay regaderas, casi nadie se lava ni la cara, porque esos sudores y cansancio es lo que se va a “entregar” hasta Chalma. Aquí se empieza a hacer nudo la garganta y las lágrimas salen solitas. Todos nos formamos y comenzamos a avanzar, suenan las llamadas de los caracoles y el rasgueo de las conchas de armadillo: parejitos. A las orillas de la carretera la gente nos ve y nos bendice, nos da buenos deseos: “¡Que Dios los acompañe!”, “¡Que lleguen con bien!”, “¡Animo muchachos!”. “¡Son los danzantes!”, se dicen cuchicheando. Nos aplauden.

Dos o tres horas de camino y llegamos a Ocuilan, luego al Ahuehuete. En el Ahuehuete son “coronados” los nuevos con coronas de flores del campo que han venido juntando los padrinos y las madrinas, éstos pueden ser todos aquellos que han venido peregrinando más de una vez. En el ahuehuete danzamos así; mugrosos y vestidos de civiles. Ahí se queda el cansancio del camino y un poco de polvo, después a mojar la frente y las sienes de los ahijados con el agua que brota de las raíces del árbol viejo y a compartir un jarrito de pulque fresco.

Ahora sí ¡vámonos tendidos! Un rato por la carretera, donde los “sargentos” van cuidando el paso, la velocidad de los camiones y protegiendo las columnas de peregrinos. Como a las tres o las cuatro estamos entrando al pueblo de Chalma. Donde inicia la bajada para el santuario, nos organizamos y esperamos que llegue el último de la marcha, mientras se reafinan las conchas y se desenredan las cintas de los estandartes; se revisa que estén bien prendidos los sahumadores. Entramos todos juntos y bien formados. Los estandartes que han venido distribuidos a lo largo de la columna, se colocan al frente, junto con las ahumadores y las palmas que nos llegan a regalar. Los ahijados recién coronados se forman en medio, son como los niños que necesitan mas cuidado y protección. Los principales o capitanes encabezan las columnas y ponen los cantos de entrada:

De rodillas voy llegando

hasta llegar a tus pies,

Padre mío Señor de Chalma

que no sea la última vez

que no sea la última vez.

En la puerta del templo, después de pasar en medio de hileras de puestos y manteados de colores, se entregan las coronas y se dan un abrazo padrinos y ahijados. Se le habla al Señor y se le entrega la peregrinación, las intenciones y los cansancios de todos los que caminaron. Primero hay llanto, luego alegría o las dos cosas al mismo tiempo. ¿Cómo es posible caminar tantos kilómetros y llegar tan bien, tener la cuerda suficiente para todo lo que falta? Tal vez por eso dicen que el Señor de Chalma es “el santo mas cabrón”. Santo que también anduvo peregrinando hasta llegar a esa cueva (donde dicen que antes se hacían sacrificios al Señor Tezcatlipoca), así lo sustenta un canto:

Abre los ojos del alma

y veras a un peregrino,

a Dios, quien por amor vino

a las barrancas de Chalma.

Ya estamos en Chalma. Ora sí, a bañarse en el río de agua helada, quedar limpio de tanta mugre acumulada, de tanto sudor reseco que te ha entiesado los cabellos; a limpiar las heridas de aquellos que se espinaron a se ampularon al caminar. A descansar en la noche, tomar una cerveza y platicar los planes porque mañana empieza el trabajo para las cruces, el recibimiento de otras peregrinaciones y las bajadas en penitencia, las danzas y los cantos día y noche.

Chalmeros

Ya estamos en Chalma.  No es raro ver aquí las penitencias que bajan en la madrugada, el penitente va de rodillas desde Las Cruces hasta las plantas del Señor de Chalma. Los ojos vendados y sus padrinos animándolo a sus costados; de rodillas sobre las piedras disparejas y puntiagudas, mientras los cantos altísimos de las danzas abren la penumbra y acercan la claridad del nuevo día. Antes, también traían un nopal espinoso en la espalda y otro en el pecho. Ahora ya casi no se usa, sólo ha quedado la corona de largas y esbeltas espinas en la cabeza.

A Chalma llegan los pobres, los humildes y los ricos, los indios y los extranjeros, los que vienen como a una excursión y los que venimos a “trabajar”. Las mujeres otomíes bajan arrastrando espléndidas plantas de toloache. Los curanderos (llevan en su morral) velas de cebo, su copal, sus aguas floridas, hierbas y ofrenda para su cruz, la cual los está esperando en algún lugar de los cerros y barrancas; las innumerables danzas  que se mueven o cantan, que bajan y luego suben los enormes maderos; de día o de noche, bajo el extenuante sol o en el frío aguacero de la media noche. Lo importante es cumplir, primero reverenciando al Señor de Chalma, darle ropaje nuevo a la cruz y a vestirle su manto con flores de papel o de tela, y por ultimo a recordar a todos aquellos que nos antecedieron en  estas “memorias, recuerdos, obligaciones y devociones.”

En esta peregrinación y estancia en Chalma se cumple y se aprende. En estos Díaz dedicados a Dios nos reunimos en convivencia permanente, vivimos como una familia. Conocemos los secretos y defectos de los demás y ellos los nuestros. Aquí lo primero que sale a flote es el ego, la envidia, la inconformidad, la arrogancia, los celos, pero también lo sublime; la humildad, la ayuda mutua y espontánea, el verdadero sacrificio que consiste en servir con gusto a los demás; quitarse el pan de la boca para que coma el niño, la comadrita, el más cansado, quien más lo necesite; dar alivio a los dolores ajenos sin esperar nada; dar consejo al más testarudo; dar una sonrisa en el momento más solemne.

Para estar en Chalma se requiere una cantidad respetable de fuerza de voluntad y amor por el trabajo divino, esa labor que no nos da dinero, pero sí lo indispensable para seguir viviendo (paz, salud, esperanza) para mantener  con dignidad nuestras tradiciones y costumbres, las mismas que han defendido nuestros antepasados con tal valor y cuidado que aun hasta estos días tenemos la fortuna de conocer y representar. Además, la responsabilidad de permitir lleguen completas y fieles a la próxima generación que algún día nos habrá de sustituir en esta tarea santa.

Gabriel Hernández Ramos

Fotograma del Documental: sobre Chalma de la filmoteca de Unam. 1922

CHALMA (parte 2)

La ruta del Ajusco

Créditos a quien corresponda.

De las varias rutas hay una “exprés” que realizan muchos peregrinos desde la montaña del Ajusco, a las afueras de la ciudad de México. Llegan allí los peregrinos una noche anterior en transporte y duermen unas horas y en la madrugada comienzan el camino habiendose ahorrado la subida del Ajusco y de ahí durante todo el día caminan como pequeños intervalos de descanso y al anochecer llegan a Chalma.

El camino chalmero es por demás la escenografía del teatro antropocósmico. Tanto por sus características geográficas como por sus espacios simbólicos. Asi pues, el camino esta lleno de escenificaciones de historias de enseñanza, lo mismo el caminante que se volvió piedra por su falta de disciplina, o el vigia que esta al pendiente de quien de los caminantes caen en desobediencia. Las formaciones rocosas son a la vez una escenografía dramática y fastuosa de personajes eternos, que ejemplifican las enseñanzas de la huehuetlahtolli [1] y que por la palabra de los viejos tiene vida. Pero también las montañas son entes vivos que permiten caminar en sus lomos que atren la humedad y las lluvias de los ciclos anuales, por lo que se les camina con respeto y no les faltan ofrendas de peticiones y agradecimientos. Cada pueblo caminero trae sus costumbres algunas son comunes algunas son exclusivas. Al llegar al Ajusco por ejemplo se encuentra una pequeña montículo de piedras que los caminantes han ido acumulando al tomar una del suelo y aventarla allí para empezar el camino en la montaña. Unas horas más adelante de camino hay un lugar llamado Agua de Cadena. Es de suponer que es sitio de descanso desde muchos años atrás, por la peculiaridad de un manatial al que podría deber su nombre. Por supuesto que ahora se pude adquirir algún refresco o agua embotellada con los vendedores que han ido estableciéndose allí. El manatial como es de suponerse tiene todo tipo de ofrendas y crucesitas, los grupos de danzantes suelen dedicar una alabanza, tan necesaria y obligada para continuar el camino. Un par de kilometros adelante se llega a la sima más alta que se encontrará en el camino, un pico que ronda los 3000 mts sobre el nivel del mar llamado el Cerro de las Cruces. La temperatura baja considerablemente y por las horas que se llevan de andar  para ese momento de camino, es para muchos y por mucho la parte más dramática, pesada, sofocante y cansada. Al llegar se encuentra con muchas cruces que también cada pueblo o asociación va sembrando con peticiones diversas y motivos varios, los danzantes suelen ofrecer una alabanza. El cerro se le conoce como los picachos y a pesar de estar enclavada en la mitad de la sierra Volcánica, su cima se alcanza a ver en la distacia del valle de México. De hecho cuando llega a nevar en las montañas de alrededor del valle de México después del Ajusco los picos primeros en nevarse y últimos en deshilarse son estos precisamente. Algunos cientos de metros más adelante, se encuentra otra ofrenda de cruces en otro pico y que será el último, pues a apartir de ahí el camino es de una bajada por momentos muy pronunciada y que ya no terminará hasta el santuario de Chalma.      

  En este lugar se encuntran cruces dedicadas a los difuntos o antepsados que antaño caminaron a Chalma, los concheros dedican alguna alabanza y rezos por dichas ánimas. Luego se llegará al otro lado del valle y en las faldas del lado poniente se encuentra el poblado de Santa Martha, apartir de allí el clima se ira calentando pues cada vez se bajara más y más, se cruzan pueblos como San Juan Atzingo.

 En el camino los peregrinos que será su primera caminata a Chalma, tendrán que “presentarse” como un bautizo simbólico por lo que, si fueran hombres buscaran entre el grupo alguna mujer para que sea su madrina y si fuese mujer un hombre para que sea su padrino. El padrino o madrina ira recogiendo flores en el camino para que al llegar al Ahuhuete, unos cinco kilómetros antes de llegar a Chalma, se tenga lista una corona de flores silvestres para coronar al primerizo. Ya teniendo padrino o madrina se presentan en la pequeña capillita y allí dentro se danza junto con el padrino en agradecimiento, pago de manda o para pedir algún favor. La danza puede ser acompañada por alguno de los conjuntos musicales que están dispuestos en la entrada de la capillita con alguna ranchera o norteña. Luego se caminan unos pasos y enfrente está el ahuehuete, un árbol de la espiecie endemica de mexico conocida con el nombre nahuatl de ahuehuetl o ahuehuete. Dicho ahuehuete es muy reconocido por sus dones y poderes milagrosos, por lo que se encuestra adornado de todo tipo de milagritos y ofrendas coloridas que ponen los peregrinos. De las raíces del árbol brota un manantial de aguas igualmente milagrosas en los que los peregrinos lavan sus cuerpos o bendicen con su humedad alguna parte de estos, en una suerte de agua bendita, con la que se santiguan y algunos guardan en garrafones uno o varios litros para llevarlos con ellos hasta el hogar. Luego se continúa el camino hasta llegar un par de horas después al santuario, donde se deja en la entrada o se le recogen las coronas de flores antes que entrar a templo. Después se entra a oir misa o santiguarse ante la imagen y luego terminado el rito se van al rio a echarse un chapuzón o lo que se disponga el cuerpo, un descanso, un alimento o dormir en alguna hospederia cumunal o en algun portal o bajo algún techo improvisado. Después desandar el camino ahora si en camión.   

Esta es solo una de las rutas, de las más importante pero no la única.

La ruta de santa Fe


Otra ruta de mucha relevancia es la que sale por Santa Fe, por el camino antiguo a Toluca y ahí en la Marquesa se desvía al sur, se pasa luego por varios poblados como san Pedro Atlapulco, Xalatlaco y luego convergiendo con Santa Martha y de ahí se conjuntan con el camino de la ruta del Ajusco.

Esta ruta es la que muchos danzantes viejos refieren pues es el camino que se hacía en la antigüedad y que ya expliqué líneas atrás.

Hay una alabanza que da cuenta de este viaje y relata la ruta y el arribo a cada uno de los pueblos.

Las peregrinaciones tienen varias fechas especiales aunque pueden estar motivadas sin una fecha en particular, el grueso de las peregrinaciones se dan en las fechas durante la primera parte del año. Alrededor de las liturgias relacionadas con la semana santa, su precuela y su secuela (desde el miércoles de ceniza y hasta jueves de corpus). Miércoles de ceniza, jueves santo a domingo de resurecion. Y los dias previos al miercoles de pentecostes.


[1] La huehuetlahtolli, palabra de la cultura náhuatl, traducida como  palabra antigua, era la denominación dada a la sabiduría y consejo de educación moral que se transmitía de los mayores a los jóvenes y niños que además incluía relatos, celebraciones y creencias.  

Chalma original Antonio Cruz Tlacuilo

Peregrinación a Chalma, junio 2019

por Brenda Lili «Xochiocelotl».

Somos el libro del universo. En donde la existencia misma es la metáfora.

Al santuario de Chalma se peregrina haciendo versos con los pies encaminados en la obscuridad, enfrentando demonios inquietos y caprichosos, tan internos como irreales, tan reales como feroces.

Caminar por la noche, como aquellos moradores de nuestra amada Anáhuac, al encuentro con el señor de las cuevas, a veces sin razones, mientras que otros, las razones las llevan en la espalda, contando pasos y caminos, veredas alimentadas de fe y obstinación de aquellos los devastados.

A Chalma se llega caminando, desesperados por encontrar el secreto, el mensaje de los señores de la noche, para ser merecedores y redimirse ante la divinidad.

Fantasmas y brujas, estrellas resplandecientes, montañas cubiertas de misterio se unen en el andar. Caminar entre cientos, miles de suspiros y lamentos, almas rotas y maltrechas, corazones fuertes y fecundos, que de momento parecen rendirse, pero saben bien, que el alba los aguarda.

Caminar y caminar hacia la tierra prometida, hasta alcanzar el viejo árbol de agua, que inmaculado y amoroso nos recibe a todos: al niño obligado a recorrer antiguas sendas, a la madre abandonada, al trabajador cansado y devoto, a los corruptos y ladrones, a la prostituta y a la virginal, a los jóvenes escandalosos, quienes en el difícil trayecto, buscan encontrar lo divino remojando papeles en solventes para aliviar y olvidar su carga, siendo el aroma continuo de la peregrinación, listos siempre para ser espejos de piedra negra.

«Todos somos hijos de Dios».

Susurraba el viento, susurraban los árboles, susurraban las ánimas.

Y entendiendo la sentencia, llegamos al paraíso.

El ahuehuete robusto y frondoso manaba sus aguas limpias y abundantes como cada segundo desde hace miles y miles de años.

Y nosotros, los maltrechos, los impuros, los mortales, el libro del universo, sumergidos en su vientre líquido, listos para ser paridos y arrojados a la nueva vida. Listos para pregonar que Dios padre y madre existen, y caminan en la espesura de la noche.

Peregrinación a Chalma, junio 2019.

Con el alma aún caminando en las veredas.

CHALMA El Viento del Sur

El viento del Sur
Chalma 
(Primera entrega)

Chalma, Autor: Tlacuilo

El viento del Sur
Chalma 

Enclavado entre barrancas, al sur poniente de la mesa central de México, Chalma es sin lugar a dudas el lugar de culto popular religioso más importante en el centro de México solo superado por el santuario de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.

En Chalma en contraposición de la Villa de Guadalupe, sus visitantes son esencialmente del sector de población de escasos recursos económicos. Por lo tanto más indígena que el mosaico rico del guadalupanismo que, efectivamente, abarca lo indígena, pero que atraviesa toda la gama social y cultural de México. En Chalma vemos pues de manera nítida el compendio del rostro cultural del México mesoamericano, aunque con los símbolos católicos como envase más que como contenido. Si, a pesar de los casi 500 años, en México, al menos en el México indígena y en buena medida en el mestizo, sigue vivo el fondo de la veneración arcaica a los elementos de la naturaleza y su visión animista está tan vigente como a la llegada de los españoles, aun a pesar de sincretismos, tortura, inquisición  y demás monerías del colonialismo.


La imagen que se venera es el Señor de Chama, un Cristo negro crucificado, que es visitado por gran cantidad de devotos y peregrinos, principalmente de los valles de México y de Toluca. Al parecer el lugar ha sido visitado por peregrinos desde la época prehispánica cuando se dice se veneraba a Oztocteotl deidad tutelar de las cuevas.

Las idas a Chalma como al Tepeyac y otros lugares tienen un componente para el equilibrio social, sobre todo de ciertas poblaciones que tienen un componente rico de tradiciones que heredaron de su raíz sobre todo indígena, en este contexto cultural también tiene un fuerte componente de ritos y simbolismos para reafirmar su vínculo con la naturaleza, que en algunos casos va dejando de tener el peso antiguo, en la medida que las relaciones agricolas y del clima va cambiando en las poblaciones aledañas, cada vez menos rurales y más urbanas. En el caso de Chalma sigue teniendo una vigencia fuerte. Me refiero a que estos lugares son parte de un conjunto de sitios que por sus caracteristicas geograficas, teluricas, climaticas y fluviales garantizan el nexo con la lluvia, la agricultura y por lo tanto con la vida misma. Así pues Chalma forma parte importante con aspectos propios de su situacion climatica y fluvial. Entre los peregrinos que acuden a Chalma encontramos por ejemplo a los graniceros, organizaciones herméticas de conocimientos que tiene la encomienda de trabajar con los temporales, es decir con la lluvia, garantizar el equilibrio pluvial, desaser el granizo pernicioso para la milpa o provocar la lluvia donde se necesita. Ademas van toda suerte de curanderos y van también, como una obligación espacial los concheros.

El camino.

Créditos. A quien corresponda

Siendo Chalma un lugar de culto importantísimo para el sector social más marginado de la ciudad y sus alrededores, ha sido un atractivo para la danza de concheros, que durante muchos años ha sido parte de ese México que Bonfíl Batalla llamó el México profundo. Una vasta riqueza cultural mesoamericana se percibe en Chalma y en la danza de concheros se mimetiza con la mezcla de ese legado cultural autóctono y las formas del catolicismo impuesto en un pasado colonial.

Siendo como se infiere un lugar de culto desde antes de la llegada de los españoles, es bastante probable que llegaran al lugar algunas formas de danza. La danza que se conoce como de concheros seguramente llegó a Chalma a llegada de esta tradición al valle de México a fines del siglo XIX[1]. Así probablemente algunas de las cofradías de chalmeros de esos años hubieron de aceptar volverse danzantes por un lado y por el otro las familas de inmigrantges venidos del Bajío junto con la danza, hayan también incorporado a su calendario de devociones el ir a Chalma o ambas situaciones, es decir que las familias de inmigrantes concheros hayan incorporado a sus congregaciones de danza a chalmeros (que es de suponer no eran pocos) para ser grupos mixtos que incorporaron las caminatas chalmeras a sus obligaciones[2] de conquista[3].

El lugar donde está establecido el santuario era de difícil acceso y por lo tanto se antoja complicado que se hayan realizado algún tipo de danzas colectivas masivas en la época prehispánica frente a la cueva. Quizás solo cierto tipo de gentes en esos años iba a presentarse ritualmente al lugar. Cierto tipo de linajes o hermandades sacerdotales. Como durante años se ha hecho en cimas de volcanes, en grutas, manantiales o peñas. Acaso como abordaré  en líneas adelante, el lugar de culto de fuera en  algún lugar más apropiado para la manifestación masiva tanto de la danza como de las peregrinaciones, alguna población cercana como Ocuilan o Malinalco o más probable y más lógico aún en el lugar conocido como el Ahuehuete,  por el mágico árbol de esta especie Taxodium mucronatum, que se encuentra a las afueras de Ocuilan,  unos kilometro antes de Chalma y que es de vital importancia ritual y casi inseparable de la visita al santuario    

Los concheros tienen como costumbre ir a cuatro santuarios católicos en los que anteriormente se veneraba a representaciones mesoamericanas. Sin embargo Chalma es el lugar por excelencia primordial del calendario ritual de los concheros.

Antes la manera para trasladarse en largas distancias era de por si únicamente por medio del andar, ya que acá se careció de la ayuda de equinos. Al llegar la danza o retomarse esta tradición en el Valle México, acuso lugar de residencia de manera sorprendente, al grado de que en la actualidad muchos la cosideren oriunda del valle de México. A fines del siglo XIX ya instalada plenamente en el valle la danza comenzó a infiltrar sus rituales en las clases margindas de la ciudad y los pueblos aledaños, pero al término de la revolucion mexicana este crecimiento es reforzado pues las secuelas de este movimiento armado obligó la llegada de muchas familias que trajeron consigo la danza  o que aquí la conocieron y su expansión fue creciendo hasta llegar a ser todo una sociedad tradicional, que a demás de mantener sus formas rituales y compromisos con el lugar de llegada (la zona del Bajío: Queretaro y Guanjuato) adicionaron los correspondientes compromisos y calendarios rituales de las cofradias a las que se adhidieron y a las que seguramente infiltraron y convirtieron en mesas de danza conchera, con el componente nativo (náhuatl) del Valle de México.

Ya entrado el siglo XX es común y está plenamente documentada la visita de la danza al lugar. En el documental  Peregrinación a Chalma -RIQUEZA MULTICULTURAL DE MÉXICO [4] recientemente subido a la plataforma de youtube. Se pueden ver imágenes visuales que lo corroboran, son de 1922, en estas  se aprecian las evoluciones dancísticas de grupos de danzantes concheros.
 

Los señores y señoras viejas de la danza cuentan sus periplos hacia Chalma como parte invaluable de sus vivencias dentro la danza. El accidentado trayecto que en aquellos años era andando, alquilando burros en Tacubaya, comprando en el camino ollas y anafres que luego a su vez en Chalma venderían para venir sin tanta carga. En esos años el compromiso de los concheros era de una semana, porque además que el rito lo merece, el simple hecho de dirigirse a eso lugares implicaba un sacrificio y esfuerzo que ameritaban la estancia de varios días para que valiera la pena el “tanto sacrificio”. Los caminos eran difíciles e incluso peligrosos por las fierras que poblaban las montañas sobre todo en el camino del Ajusco.

La fama y la modernidad fueron inaugurando carreteras y viajes de autobuses primero hasta Ocuilan, luego al Ahuehuete y finalmente hasta Chalma, con lo que se acortaron los tiempos y las facilidades para la visita menos prolongada al santuario. Ahora en un día se puede ir y regresar a la Ciudad de México, por lo que muchos danzantes atrapados en los trabajos pueden escaparse a la velación y la danza principal e incluso a la pura velación[5].


[1] La tradición oral conchera consigna el año de 1876 cuando Jesús Gutiérrez, con un estandarte al frente llamado La Reliquia General formalmente trae  la danza  del Bajio (Querétaro y Guanajuato) la zona de origen, a la Ciudad y valle de México.

[2] “Obligación” es la palabra utilizada por los concheros para referirse a sus compromisos rituales 

[3]. “Conquista” El nombre legal de la danza de concheros, consignado en muchos de sus estandartes y en sus documentos es el de danzas de conquista. El término además se ocupa para referirse a la labor de adherir a su calendario ritual fiestas y compromisos con otros danzantes, adicionando el hecho de ganarse la alianza con otros danzantes y expandirse territorialmente con sus “obligaciones”

[4] https://www.youtube.com/watch?v=KazSnlJDKDs

[5] Velación es la ceremonia nocturna, previa a la danza, consistente en hacer trabajos rituales de flor acompañados de cantos y rezos. 

 

El camino a Chalma.

José Antonio Cruz Tlacuilo

Se miran las columnas de gentes que bajan de las pendientes, que se inclinan sofocados cuando ascienden lentamente los cerros. Risueños los muchachos, con la infaltable grabadora al hombro. Vienen de todos los rincones de la ciudad, principalmente de los antiguos pueblos: Milpa Alta, Iztapalapa, Tlalpan, Tlahuac, Xochimilco. Muchos de ellos con un cristo negro como cruz de penitencias. Algunos vienen tronando cuetes; otros solemnemente rezando. El camino está claramente señalado tanto por marcaciones en los árboles, como por la basura que van sembrando los peregrinos, aún así es muy frecuente perderse; se distrae uno y cuando se da cuenta ya no hay basura, ni se oyen las grabadoras con sus sonidos hards cómo  The Doors, tampoco se ven las señoras a la orilla del camino jalando aire; es definitivo entonces que se ha desviado del camino.

En la mente de muchos la imagen preciada del Cristo Negro los va guiando aún sobre la pena del cansancio, de las ampollas, del frío, del calor. Muchos mantienen vivos e incluso exacerbados sus vicios y sus hábitos, por tanto, el robo, el alcohol, la marihuana, el activo… son frecuentes. Estas peregrinaciones se realizan el miércoles de ceniza, semana santa o la semana de la subida de las cruces en Chalma. Frecuentemente vemos estas peregrinaciones por los costados de las carreteras que van a Chalma; pero en medio de las serranías del Ajusco, en medio del bosque, de menos resulta curioso.

*

Salimos de madrugada de la ciudad. Hubimos de levantarnos temprano, aún sin clarear. Echamos al hombro la maleta. El sueño se nos colgaba de los parpados. Nos bebimos el calor del café, nos persignamos luego de cantar una alabanza al Señor. Medimos nuestros pasos y los acoplamos para andar sin mucha dificultad por las calles que suben hacía el Ajusco. La subida era agotadora. Empezaban con algo de dificultad los pensamientos pesimistas a instalarse en nuestras cabezas.

“¡Apenas empezamos y ya me estoy cansando!” “¿Cuántas horas faltan para llegar hasta el arriba?”

Seguimos caminado y los pensamientos empiezan a tomar sonido, comienzan las preguntas:

“¿Falta mucho?”  “¿Dónde vamos a descansar?”

En San Miguel hicimos una parada para comer, los primeros resultados del sacrificio se manifiestan: cansancio, incipientes ampollas, sofocación etc. emprendemos de nuevo el camino y como a las tres de la tarde llegamos a la parte más alta de nuestra ruta, desde ahí miramos al fondo el valle de México, con su enorme secuencia de construcciones y edificios que a lo lejos parecen un tapete de colores grises. De nuevo descansamos. Las maletas ya subieron de peso aún a pesar de que nos comimos parte de su carga; las cobijas o el sliping se ensanchan. El frío cala hondo y la humedad  le da más fuerza. Pero con el esfuerzo se suda y luego si se quita uno la chamarra da frío, si se la pone lo sofoca el esfuerzo. Vimos las siluetas escurrirse por en medio de la sombra de los árboles, los cantos se alargaron y las risas se fueron corriendo…

Nos vimos en medio de la oscuridad, solos, almas sin cuerpo, cuerpo sin alma.

-¿Para donde van sus cansados pies?- nos preguntó un señor que nos encontramos en el camino. Llevaba en los hombros un pequeño tercio de leña y a su izquierda le acompañaba un perro pulguiento y flaco-.

-Se llama Lucas- nos dijo el hombre.

-Vamos para Chalma.

-Chalma está lejos.

Viró con dificultad el cuerpo y levantó el índice.

-Es para allá. ¿Andan perdidos?

En realidad no sabíamos si andábamos perdidos, apenas comenzábamos a sospecharlo, pero al ver al hombre, supimos que sí.

-Parece que nos desviamos del camino.

-¿Cuál camino?- nos preguntó.

-El que va para Chalma respondimos.

Él asomó una leve sonrisa y el perro echó un ladrido.

-Cualquier camino lleva a Chalma- nos dijo- lo que pasa es que unos son más difíciles, otros son más angostos, algunos más son largos. En unos hay basura en otros hay flores, aquí no hay caminos con espinas, pero sí llenos de ramas. ¿Ya se preguntaron cuál es su camino? Si se salieron del camino por el que suelen ir los peregrinos quédense quietos un rato y pregúntense, cual es su camino. Mi camino es por allá

Nos dijo y se siguió, ni tiempo nos dio de preguntar como encontrar el camino por la rapidez y la sorpresa.  ¡Sopas! Tener que solucionar problemas existenciales en medio del bosque cayendo la tarde, entrando la noche.

Juan dijo:

-Hagamos caso al viejo y descubramos otro camino, así, cuando alguien nos pregunte si nos perdimos le decimos que anduvimos abriendo un camino nuevo.

Luisa aportó:

-¡Aquí hay que descansar mejor! Nos dormimos y mañana vemos.

-Julio propuso seguir un rato caminando y luego si no encontrásemos el camino descansar.

La propuesta de Julio tomó viabilidad y le hicimos caso.

Luego de caminar en la tarde y oscureciendo, nos comenzamos a poner nerviosos y Melquíades  de plano se encabronó.

-¡Chingada Madre! ¿Dónde está el camino?

Yo sin recapacitar en el riesgo hice un comentario desatinado.

El camino se hace al andar…

Esto lo puso más de malas me tocó sufrir de su cólera. Empezó a generarse una lucha de “vibras” entre él y yo, él a meterlos en la dinámica de la desesperación y la repartición de culpas; y yo, en realidad yo no tenía cabeza para ninguna estrategia, demasiadas cosas  entraban y salían de mi mente, muchos diálogos dentro de mí. Los que conmigo se aliaban era por circunstancias propias del camino y por las características de humor de los chavos.

El Culebrilla traía una pinche cuerdota; subía rápido y veía los cerros; oía. Regresaba y nos preguntaba que si escuchábamos los cuetes, que ya estábamos próximos al camino, que si vieron una botella desechable de agua vacía, que estábamos cerca del camino… Melquíades  en tanto conspiraba contra mí, pensaba que yo tenía la culpa de que nos saliéramos del camino; y quizás sí, pues yo venía de bocón contando historias de mi abuelo y fue es esos momentos que nos salimos del camino. Pero en mis adentros yo tenía tranquilidad, aunque de repente sus comentarios, sus: les dije; sus: si hubiéramos, ya me estaban fastidiando. En unas de esas me adelanté y me fui al frente con el Culebrilla para salirme un poco de la mala onda del  Melquíades. Fuimos platicando de tonterías, creo que nuestra plática giró en torno al Chavo del Ocho y sus estupideces.

            Antes que la ya menguada luz del sol se apagara en su totalidad, el Culebrilla me dijo.

            -¿Oyes?

            -…

            Apenas era perceptible, pero definitivamente eran cantos. Por lo lejanos y su acento al principio no distinguimos que eran alabanzas de los demás danzantes. A lo lejos y por su tono doloroso y lento me parecieron cantos como de tribus arcaicas. Les miré a lo lejos, traían veladoras encendidas  e iban formados. Era bella la metáfora. Mi imaginación se fue con el acento de sus cantos. Y en ese momento justo al llegar las tinieblas al morir la tarde, entró como a mi alma una vieja con un quinqué y me dijo: “vámonos mi’ jo”.

            Justo llegaban los demás y los esperamos. Venían dispuestos a exiliarme, lo supuse, y antes que me lo dijeran y antes que se dieran cuenta de que encontramos el camino chalmero les dije.

            -Ya, ya me voy. Mi camino es…

            La vieja puso sus manos alrededor de mi alma como si me cubriera con un halo.

            El Culebrilla me ayudó.

            -Su camino es… la perdición, por habernos perdido.

            Y los dos por la ocurrencia nos reímos. Claro esto encorajino más a Melquíades.

            Sentí el mal humor de Melquíades pero yo estaba tranquilo. Estaba a punto de golpearme justo cuando él y los demás apenas se dieron cuenta que estaban en el camino, olvidaron todo. Sin embargo el Culebrilla y yo en un descuido de ellos, nos salimos de nuevo del camino y nos adentramos en el bosque…

            Pasamos una noche mala; tuvimos frío, nos llovió, nos dio miedo. Dormimos un poco en un claro del bosque y la luna nos dio una tenue luz. En la mañana caminamos de nuevo. Vimos una carretera y la señal de que siguiéndola llegaríamos a Santa Martha, sin embargo el Culebrilla me jaló y nos volvimos a meter al bosque -ya le había gustado-.

               Estuvo cabrón, las montañas eran altas y llenas de matorrales. Luego de mucho camino vimos la bajada y le dije al Culebrilla.

            -Esta bajada o nos lleva a Chalma o Cuernavaca o a la mejor y llegamos a Topilejo.

            Caminamos un par de horas y ya de nuevo atardecía. Casi al entrar la noche encontramos de nuevo camino. Era la carretera. Iban hartas peregrinaciones, nos metimos en medio de una y caminamos con ellos los últimos kilómetros. Íbamos muy chingados, el rengueaba y yo ampollado y cansado, con diarrea por tomar agua sucia en el camino. Doblamos una curva y enfrente apareció la imagen bella de una niña que con ambas manos alzaba una corona con el ademán de querer ponérmela en la cabeza. Agaché mi cuerpo e incliné mi cabeza; mis ojos se posaron sobre la finura de la pobreza de sus pies descalzos. Deposité en sus manos una moneda de 10 pesos. Estábamos en el Ahuehuete.

            -De aquí a Chalma falta un suspiro- dijo el Culebrilla.  

            -Pero estoy que me ahogo- lo contradije.

Aquí, sería por que ya había ido tantas veces a Chalma caminando, que sentí que se abría el corazón de la penitencia y se llenaba el alma con la presencia espiritual del Padre, que el último tramo sentí su acompañamiento hasta el atrio. Como si su fuerza espiritual saliera del  santuario para recibir al peregrino. 

            Entramos a Chalma como a las diez de la noche y en el atrio, llegando vimos a Melquíades y los demás que ya bañados y descansados, sonrientes, nos vieron llegar. Disimulé mi mirada y pensé un clásico: “El hubiera no existe”.

Tomado de La Misión del Espinal

AQUELLA NOCHE.

Por Brenda Lili «Xochiocelotl».

Aquella noche, no era una noche cualquiera. Era obscura como ninguna, sin estrellas y sin luna. En el atrio de la Iglesia de Chalma, cientos de mandolinas y conchas engalanaban el silencio, trinando y tocando alabados, cantos de pasión y devoción a la Santísima Cruz.
Al cielo no le hacían falta nubes; el humo del copal emanado en carbones ardientes, tan rojos como la sangre, superaba la belleza de cualquier cuerpo celestial. Humo cargando rezo, nubes de súplicas y oraciones saliendo del centro del sahumerio.
Así encontré a ese hombre, enfundado en traje de danzante azteca color azul, descalzo y luciendo una corona con grandes plumas de guacamaya, todas ellas en armonía para el atuendo dignamente portado. Su danza se perdía entre lágrimas de penitentes que recién entraban de rodillas hasta los pies de la puerta principal. Sus bellos y redondos ojos negros miraban a todos ellos, como si acaso también fueran portadores de esa devoción y agradecimiento, del sufrimiento y la dicha.
La iglesia entera rebosaba de gente, casas improvisadas de plástico y cartón, camas a ras de piso, anafres llenos de comida, pies descalzos, danzantes ricamente emplumados, deslumbrantes en color, símbolos y formas. Peregrinos del norte y del sur, ríos y ríos de personas. Era un ir y venir de almas glorificadas y pecadoras. Un ir y venir de vida y de muerte.

El hombre de hechizo que miraba enamorada entonaba un canto. No podía más que mirarlo. Mi cuerpo también portaba atuendo de danza y en mis tobillos sonaban los melódicos cascabeles por cada paso dado y danzado.
Era de madrugada, una cálida y ferviente madrugada de junio.
Lejos de él, pude escuchar los acordes de su voz y mandolina dando gracias por la vida. Quería abrazarlo, sudar su piel, vivir a su lado todas las eternidades.
Absorta en el pensamiento, pidieron la siguiente danza. Una suave brisa acompañó el baile de todos. Comencé a danzar como hacía mucho no lo hacía: alegre, apasionada y amorosa.

A la Iglesia de Chalma pronto la invadió un amor oloroso y perfumado en copal… y con mi rostro erigido hacia la lluvia, lancé palabras de dulzura, al ritmo del Huehuetl y hasta el sagrado altar.

Brenda Lili «Xochiocelotl».

TOMADO DE https://twitter.com/chalma/status/1232895648099266565?lang=fi