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El origen de la danza (fragmentos)

La danza y su origen


En la evocación y en el aliento, en el asidero ignoto de los ojos primeros que miraron el amanecer. Hasta allá en donde las fuentes históricas no alcanzan a documentar. “aquellas animas” a las que en la palabra los danzantes les refieren, “aquellas que nos legaron estas tradiciones”, esas que ya no alcanzan el nombre, que se pierden en el recuerdo y el paso del tiempo. El tiempo que aun al jade quiebra, y aunque sigue recordándonos lo perecederos que somos, no dispersa del todo en la memoria el aroma de lo que hace que el canto y la flor en el instante que florecen y abren la corola, se mantiene vigente el legado y el aliento vital de la oración del mito original.

¿De dónde viene la Danza? ¿Cuál es su origen?…


EL ORIGEN DE LA DANZA LA TOMA DE CONCIENCIA
José Antonio Cruz

Aquel domingo mentado me dirijo a él, un danzante, hombre menudo de unos 50 años, de quién Agustín ya me había hablado, después del saludo protocolario le suelto la pregunta ¿Jefe, cuando inicia la danza? no recuerdo si le pregunté que si en Sangremal o hice al alguna referencia, provocativa, ante el regionalismo que suelen tener los grupos y su versión tradicional, en este caso del valle de Toluca. El caso que se pone serio, después se sonríe y me dice que “fue antes, mucho antes … antes ¡miles y miles de años atrás!”.

Por un momento pensaba que estaba bromeando

     La danza apareció “cuando el hombre dejó de ser animal instintivo y pasó a ser animal racional”….

CONIN “El que hace ruido”

J. Alberto Coranguez Patiño

(Fragmento de la obra del mismo nombre)

           Es la primera semana de julio de 1531, en la planicie de Andamexey muy de mañana Conin y sus capitanes incluyendo a Hernán Pérez de Córdoba está a la espera de las señales de los chichimecas que anuncie la llegada de los intrépidos jefes de lo que se empieza a conocer como “la Gran Chichimeca”. Estos no se hacen esperar en el cerro más cercano en donde no hay vigías, se aparecen un grupo de guerreros chichimecas haciéndose notar con sus armas en la mano y con movimientos lentos depositan sus armas en el piso como señal de paz.

Es la señal de que se acercan los grandes jefes chichimecas Guamares, quienes se acercan parsimoniosamente, los jefes principales vienen por delante y a poca distancia dos decenas de Capitanes, todos han honrado su palabra y vienen desarmados, los anfitriones también están desarmados, son hombres valientes naturalmente unos y otros no vienen solos, sus contingentes a prudente no se dejan ver, pero están a la expectativa y en posición de entrar en combate si reciben la orden….

Santiago Apóstol y los rituales agrícolas.                                                                                                 
Origen y emblema de identidad en la Danza Conchera

                                                  María Cristina Córdova Ugalde3

Que es aquello que  yo miro
Que en cielo está
Es nuestro Señor Santiago
Del Cerro de Sangremal.

Y en Querétaro
y en México están
todas la conquistas
Del Cerro de Sangremal
(Fragmento de alabanza tradicional
)

Dentro de los muchos legados de la tradición mesoamericana se encuentran los rituales agrícolas; los cuales histórica y geográficamente se han ido definiendo y particularizando en cada región; para la zona centro y sur de la República donde surgieron culturas como las nahuas, otomíes, pames, matlatzincas tlahuicas, mazahuas (por mencionar algunas), dichas manifestaciones han ido conformado el eje de la unidad doméstica y colectiva.                                             

No todos los pueblos comparten las mismas

creencias ni identidad, sin embargo, todos disponen de una estructura ideológica y de valores que los ayudan a entender e interpretar el mundo; de tal manera que la figura del Santiago Apóstol ha sido receptáculo de varias identidades que dependiendo del contexto en el que determinada sociedad o grupo lo acogió como su emblema, ha justificado acciones, fundaciones y tradiciones. Esto a partir de la asimilación, reelaboración y refuncionalización tanto de símbolos como de ideas.

Para el caso de la fundación de Querétaro la figura de dicho santo conllevó a la reelaboración de tradiciones que se manifestaron en el ámbito dancístico; donde se encuentra la manera en que dicha figura se convirtió en un símbolo específico de la tradición Conchera – imagen que se ha tomado como el “Santo de los danzantes”-. Y aunque se ha sostenido que el origen (tanto mítico como histórico) de esta danza es Querétaro, Guanajuato también juega un papel importante en su conformación histórica, hipótesis que se sustenta a partir de la tradición oral manifiesta en las alabanzas interpretadas por los danzantes y en sus propios testimonios, así como en el análisis de fuentes históricas e iconográficas coloniales….

En el nombre de la cruz.

Temoatzin Tew, Fabián Frías. Profesor asociado UMK.

           Llegaba en su vochito1 blanco a todas partes. Antes de apagarlo, “ruuuuuuuuuuuuum, ruuuuuuuuum, ruuuuuuuuuuuuuuuum…”, fuerte, recio, escandaloso, incomodando. “No es necesario hacer eso, la máquina funciona bien”, decía mi maestro cuando lo escuchábamos y cada que él estaba por recibirlo en su casa. Mi maestro fue excelente mecánico, así que sabía lo que decía. Yo estaba muy chico, pero alcancé a darme cuenta: no es que fuera innecesario que tata Manuel hiciera eso, más bien, eso era la expresión de su propio carácter. Era él mismo entre revoluciones y potencia, estruendo, bujías, firmeza, anuncio y cierre. Ese era uno de sus gritos de guerra.

“Así llega y así se va, deja te lo presento”, dijo mi maestro. “¿Eres el mozo, el mocito de Fernando?”, sí mi General, quedo también a sus órdenes.

Mi maestro y él fueron grandes amigos, cercanos, confidentes y claro, compinches. Lloró mucho el día de la muerte de su hermano y yo quedé conmovido ese día y de esa partida ya que pocas veces en mi vida había visto lágrimas sinceras y profundas en un hombre. Así fue mi tata Fernando, le conocí las más hermosas sonrisas y también las lágrimas más honestas y sin dique. Papá lloraba como, creo ahora, se debe llorar.

Esta historia no es sobre tata Fernando, es sobre su amigo pero todo queda en un entramado singular. Aquí comienza, acelerando el motor de su auto para apagarlo y frente a mis ojos que, fortuna y destino, pudieron aprender un poco de él. Es el Capitán General Manuel Rodríguez Campos.

El Capitán General Manuel Rodríguez Campos es indígena de Sangremal, Querétaro. Ésta tampoco es la historia, pero el punto enfocará el total, ahora difuso. Él es heredero de múltiples objetos, pero los objetos, si bien no son la referencia única, bien que son la dicha y desdicha de quienes les quieren retener en prestigio o como validación de presencia inalterada. Y aun así, ésta aún no es la historia pero esto es clave de lo que ocurrirá después.

Tata Manuel hizo de su forma de vida un atrevimiento sin tregua o negociación y de esto, no hay quien juzgue ya objetivamente, quizá sólo quien hable de oídas, pero lo importante no es qué se dice ahora, sino qué realmente hizo nuestro General. De él escuché por primera vez, y para dar un ejemplo, el concepto de soberanía espiritual. “Nuestra liturgia Chichimeca, indiana.”…

Danza prehispánica.
(Fragmento  y adelanto)

Isidro Jiménez Ramírez

Danzo que danzo siempre danzaré

“La forma de establecer el vínculo con los dioses y espíritus era por medio de la danza y el canto en torno a una fogata.”

La invocación de los antepasados desde la velada hasta el cierre después de la danza, va entreverada al recuerdo de aquellos que han dejado las enseñanzas por generaciones sucesivas, que se amparan en ellas para su continuación y preservar la raíz de una identidad que se reinventa al paso de los siglos, desde las sociedades de tiempos antiguos hasta la actuales.

“todos los casos, la escenificación del mitote se llevaba a cabo en torno a una gran fogata pues el ‘fuego … siempre se enciende en el baile’ comenta Pérez de Ribas de ahí la necesidad de contar con abundante leña. La fogata se mantenía prendida hasta que terminaba el mitote. 47

   El comportamiento del culto a los ancestros es una devoción que trasciende por la historia, 48 existe sustrato de ello en términos que son comunes a las lenguas de las culturas que nos anteceden; náhuatl: teyolia / tonalli / ihiyotl; hñahñu: mbui / nzakim / ndähi; maya: o’hlis, / k´ínn / ikk, (corazón / calor /aliento-alma).49 Entidades anímicas en cuanto a la esencia de lo que somos en vida, lo que se manifiesta en lo que comprendemos de la vida y que se transforma ante el misterio de la muerte. Una noción y conocimiento que se transmite, al invocarles de esa forma se reivindica su origen y el nuestro.

“Lo anterior sugiere fuertemente que la creencia en estas tres entidades anímicas era un fenómeno panmesoamericano ya que se encuentra desde el norte hasta el sureste de esta región cultural y las referencias a ellas abarcan más de un milenio”50

    Los puntos de contacto y diferencia que se establecen entre las cosmovisiones de los nativos y la de los recién llegados, tiene vínculos de correspondencia a su vez que desentendimientos y rasgos totalmente distintos, lo que se adapta o adopta responde a lo que de mejor forma se traslapa en una concepción ya existente, la cual es de mucha raigambre y por tanto más común a todos las naciones en ese amplio mosaico pluricultural, con su diversidad de regiones así como forjado al paso de muchos siglos precedentes.51

“[…] El oficio divino o rezo diario de los sacerdotes es descrito como in tlatlatluhtiliztli, initlatlahutiloca in Dios” […] El Cielo empíreo es llamado ilhuicatl itic (interior del cielo), descrito a veces como “la casa de Dios”. El santisimo Sacramento es in teutlaqualli, “alimento divino” […]

Algunos términos se habían adaptado firmemente como mexicanos, a juzgar por su adaptación a las reglas gramaticales de la lengua náhuatl. Tal es el caso de “ánima”: tanima, animantzin, itlacoanimatzin, imanimashuan; […]” 52

    Las ánimas se les considera en la flor, en la ‘cuenta’, en las cruces, en los ‘parandes’ hasta el punto de trascender como esenciales para conservar y transmitir la danza, además de hacerse manifiestas y tener lugar durante la misma.

    Desde los mismos pasos de la danza (recordemos que el ‘permiso’ o ‘firma’ también se le conoce como ‘la persignada’53) a la forma elemental del tendido de flores y la armazón de madera en que se levanta, la cruz está siempre presente, incluso remata la parte superior de los ‘suchiles’ o parandes, recubiertos de cucharillas y ofrendas, en memoria de los antepasados. En los movimientos de la danza, junto con giros, pasos serpentinos, desplazamientos, cuentas elementales de simetría y geometría, la cruz es figura imprescindible y fundamental en varias ejecuciones….

El sentido de la conquista entre las hermandades de danzantes de la Santa Cuenta

A. Rafael Flores Hernández

Malinche abanderada

de todo corazón

y los indios jareros

delante la Santa Cruz

Como podemos apreciar en la estrofa citada, fragmento de uno de los cantos que se entonan para comenzar el rito de la danza entre las mesas concheras, la rememoración de algunos personajes y pasajes de la conquista son recurrentes en la narrativa de las danzas rituales de nuestros días. No es extraño que muchas de las narraciones presenten versiones alternas a las perspectivas institucionalizadas sobre los procesos históricos (por ejemplo, la enseñada en la escuela o la escrita por historiadores profesionales).

En el caso de varias de las denominadas Danza de la Conquista, como la danza de matachines en el norte de México o la danza de concheros en el Bajío y centro del país, la Malinche es reconocida como la gran conquistadora y fundadora del nuevo régimen, relegando el papel de Cortés y los españoles como artífices de la Conquista, hasta incluso llegarlos a desaparecer de las narrativas.

En el caso de las agrupaciones concheras, parte importante de su ideología se sustenta en el concepto de conquista. La visión sobre ésta se expresa en los cantos y largos discursos que acostumbran dar y escuchar en cada una de sus fiestas. De acuerdo con su propia versión, otomíes evangelizados, procedentes de Tlaxcala, marcharon hacia el territorio de frontera con los chichimecas en el siglo XVI, en donde actualmente se sitúa la ciudad de Querétaro, para llevar el cristianismo. La Malinche iba a la cabeza de aquel contingente, acompañando al capitán conquistador otomí y numerosos soldados. Ambos grupos, los otomíes y chichimecas se enfrentaron en una batalla que regó con sangre el cerro sagrado, montaña de origen, hoy conocido como Sangremal. Esta lucha concluyó ante la aparición portentosa de una cruz milagrosa, hierofanía con la cual se erigió el nuevo pueblo colonial….

El origen de los calpultin de la Danza Azteca-Mexica

Michelle Leisky

La Danza Azteca-Mexica se ha arraigado en las ciudades mexicanas y hoy en día es difícil imaginar festejos de eventos importantes en la historia azteca-mexica sin su presencia. Sin embargo, el rostro de la Danza Azteca-Mexica y los grupos de danza llamados calpultin empezaron a crearse hasta a partir de los años ochenta del siglo pasado. Aunque muchos danzantes Mexicas de hoy creen que la forma del ritual actual refleja sobre todo su legado prehispánico, surgió de la Danza Conchera aztequizada donde los elementos católicos fueron reemplazados o removidos.

Desde los años cuarenta del siglo pasado algunos danzantes concheros sentían la necesidad de cambiar las formas antiguas y “aztequizar” las danzas y la tradición. De allí la Danza empezó a tomar el rostro que conocemos hoy en día: se introdujeron elementos prehispánicos como los instrumentos –el huehuetl, atecocolli, teponaztli–, el atuendo azteca e incluso se optó por usar el náhuatl durante las ceremonias. Sin embargo, a pesar de esas reformas, la Danza Conchera seguía siendo un ritual sincrético muy ligado a la fe católica de la cual los primeros grupos de la Danza Azteca-Mexica se querían liberar.

Como los primeros danzantes Mexicas rechazaron la forma sincrética de la Danza Conchera, empezaron a crear calpultin modernos basados en la filosofía del Movimiento Confederado Restaurador de la Cultura de Anahuac (MCRCA) y la Danza Conchera. El término calpulli ya se usaba antes, no obstante, designaba centros de estudio y de enseñanza para los simpatizantes de la Mexicanidad, pero con el paso de tiempo su uso se extendió a los grupos de danza de la Mexicanidad o sea a la nueva vertiente de la Danza Azteca-Mexica. En el desarrollo de los calpultin jugaron un papel fundamental los primeros grupos de la Danza Azteca-Mexica formados en los años ochenta que pusieron bases para las futuras prácticas rituales de los Mexicas.

Entre los grupos pioneros de la Danza Azteca-Mexica destaca el grupo Tloque Nahuaque, de los finales de los setenta y principios de los ochenta, encabezado por el jefe Cuauhtemoc Mosqueda, fundador también del grupo posterior Huehuecoyotl. Cuauhtémoc Mosqueda, originario de la Ciudad de México, fue uno de los primeros danzantes aztecas-mexicas en Zócalo en los finales de los setenta (CM. Entrevista telefónica. 2 de abril 2021; JACR. Entrevista telefónica. 17 de abril 2021; JG. Entrevista telefónica. 12 de abril 2021)..

EL ORIGEN DE LA DANZA

Brenda Lili Sánchez “Xochiocelotl

                                                0

Antes de la luz, fue la obscuridad. El vasto universo estaba lleno de confines sombríos y lastimeros, de una belleza incomparable a pesar de la ausencia de color y brillo. La obscuridad era el portento y el sostén. El mando, el camino, el destino.

Antes de la obscuridad fue la Nada. Mas la Nada, poseía partículas de vida, moviéndose de un lugar a otro, envueltas en un gran cuerpo volátil y etéreo, sin forma, expandiéndose de manera vertiginosa hasta llegar a todos los planos de lo que después llamaríamos universo.

La obscuridad por sí sola no podía vivir por mucho tiempo. Su densidad era apabullante, pesada, fuera de control y dispuesta a seguir creciendo.

Fue entonces cuando empezó a moverse con gracilidad, intentando equilibrar esas sombras, la masa espesa, para llevarla a su momentánea morada.

Cuando la obscuridad movía su densidad, una chispa se iba encendiendo hasta hacer surgir la gran luz.

De la danza de la obscuridad, la primera ofrendada al universo, surgió la luz…


La advertencia de Sahagún.

Una controversia sobre la adoración de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.

Lic. Canek Estrada Peña, Danza azteca del Sr. Xiuhtecuhtli, C.U.

Ahora que estamos próximos a la fecha en que los mexicanos en general- y con especial fervor los danzantes de tradición- veneramos a la Virgen de Guadalupe, me gustaría retomar un texto que, a pesar de ser ampliamente conocido y citado con frecuencia, no deja de invitar a la reflexión y al replanteamiento de nuestra espiritualidad dentro de la danza.

Nosotros en la actualidad asistimos al pie del cerro del Tepeyac con la certeza de que este es el santuario de la Virgen María en su advocación Guadalupana, y los creyentes de la fe católica están convencidos de que la Iglesia Católica reconoce y aprueba estas manifestaciones de fe de manera “oficial”. Incluso, es un bastión importante para la propagación de la fe no sólo para México, sino para toda América Latina (y de ahí una de tantas razones por la cual se dieron las visitas papales, así como la presión en las altas esferas de la institución para la canonización de Juan Diego).

Esto no siempre fue así. El cerro del Tepeyac fue tema de desacuerdos y controversias entre los frailes evangelizadores que arribaron después de concluida la guerra de conquista en Tenochtitlan.  Los textos que se conservan que relatan la aparición de la Reina de México en este cerro (de entre los cuales destaca el llamado Nican Mopohua…, redactado alrededor de 1556) son explícitos al señalar que este lugar fue donde se dieron las cuatro apariciones, y que la razón de estas era el dar el mensaje al obispo Zumárraga de que era su voluntad que se le hiciese un templo en este mismo lugar. Pero el hecho de que el ya mencionado Nican Mopohua haya sido publicado en letras de imprenta junto con otros textos guadalupanos que conforman una obra llamada Huey Tlamahuizoltica… hasta el año de 1649 no es casual. Es en este tiempo cuando comienza el auge del culto a esta advocación de la Virgen, pues antes de esta época, se trataba de un culto reservado sobre todo a los indígenas y no era muy popular entre los españoles criollos. 

En el siglo XVI, el fervoroso culto que recibía la Guadalupana era objeto de sospechas y suspicacias entre algunas personalidades de la conquista espiritual venidas de España. Uno de ellos fue el conocido Fray Bernanrdino de Sahagún, quien entre 1540 a 1585 recopiló por medio de sus informantes la obra más exhaustiva de la época acerca de la vida y las costumbres de los nahuas del centro de México, Historia general de las cosas de Nueva España. Esta obra monumental tenía la función original de ser una especie de manual para los evangelizadores a fin de que pudieran identificar las “idolatrías” entre los naturales, y de esta manera combatirlas más eficazmente. Si bien no podemos (ni debemos) negar el valor de carácter enciclopédico y erudito de dicho compendio de aspectos muy variados de la vida de nuestros ancestros, tampoco podemos perder de vista sus motivaciones.

Respecto de las ceremonias que se celebraban en la Villa, hace referencia en el libro XI, capítulo XII, en el cual hay una nota que dice:

 Habiendo tratado las fuentes, aguas y montes, parecióme lugar oportuno para tratar las idolatrías principales antiguas que se hacían y aún se hacen en las aguas y los montes…

…Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde se solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lexas tierras. El uno déstos es que aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llámanle Tepeaquilla, y agora se llama Nuestra Señora se Guadalope. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonanzin, que quiere decir “nuestra madre”. Allí hacían muchos sacrificios a honra desta diosa. Y venían ellos de más de veinte leguas de todas estas comarcas de México y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande concurso de gente estos días, y todos decían: “vamos a la fiesta de Tonanzin”. Y agora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalope, también la llaman Tonanzin, tomada ocasión de los predicadores que a nuestra señora la madre de Dios llaman Tonanzin. De donde haya nacido esta fundación desta Tonanzin no se sabe de cierto; pero esto sabemos cierto que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonanzin antigua, y es cosa que se debería remediar, porque el propio nombre de la madre de Dios, Sancta María, no es Tonanzin, sino Dios inantzin. Parece esta invención satánica para paliar la idolatría debaxo equivocación deste nombre Tonanzin.

Y vienen agora a visitar a esta Tonanzin de muy lexos, tan lexos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no va a ellas, y vienen de lexos tierras a esta Tonanzin, como antiguamente…

A continuación, explica que en esos años hubo dos casos similares que llamaron su atención: el de la imagen de Sta. Ana en el convento de Sn Francisco en Tlaxcala, en donde decía que los naturales adoraban a Toci; la relación que aquí encuentra es que Toci significa “nuestra abuela”, y Sta. Ana fue la abuela de Jesus. El otro caso es el de la imagen de Sn Juan Bautista de Tianquizmanalco, que estaba en el pueblo de Calpa, al pie de los volcanes, de quien menciona que servía como pretexto para adorar a Tezcatlipoca en su advocación de Tepuchtli; ya que se decía que Juan Evangelista murió virgen, y por eso le decían “San Juan Tepuchtli”. Termina esta nota diciendo:

Y la devoción que esta gente tomó antiguamente de venir a visitar estos lugares, es que como estos montes señalados en producir de sí nubes que llueven por ciertas partes continuamente, las gentes que residen en aquellas tierras donde riegan estas nubes que se forman en estas sierras advertiendo que aquel beneficio de la pluvia les viene de aquellos montes, tuviéronse por obligados de ir a visitar aquellos lugares hacer gracias a  aquella divinidad que allí residía, que enviaba el agua, y llevar sus ofrendas en agradecimiento del beneficio que de allí recibían. Y ansí los moradores de aquellas tierras que eran regadas con las nubes de aquellos montes, persuadidos o amonestados del Demonio o de sus sátrapas, tomaron por costumbre y devoción de venir a visitar aquellos montes cada año en la fiesta que allí estaba dedicada, en México, en la fiesta de Cihuacóatl, que también la llaman Tonanzin; en Tlaxcalla, en la fiesta de Toci, en Tianquizmanalco, en la fiesta de Tezcatlipuca. Y porque esta costumbre no la perdiesen los pueblos que gozaban della, persuadieron a aquellas provincias que veniesen como solían, porque ya tenían Tonanzin ya Toci y al Tepulchtli que exteriormente suena, o les ha hecho sonar a Sancta  María y a Sanctana y a San Juan Evangelista o Babtista, y en lo interior la gente popular que allí viene está claro que no es sino lo antiguo, y a la secuela de lo antiguo vienen. Y no es mi parecer que les empidan la venida ni la ofrenda; pero es mi parecer que los desengañen del engaño de que padecen, dándolos a entender en aquellos días que allí vienen la falsidad antigua, y que no es aquello conforme a lo antiguo.

De esta manera, el padre franciscano advierte a los demás propagadores de la fe católica acerca de que las peregrinaciones y fiestas a las que asistían lo indígenas en estos lugares eran motivadas por las costumbres y la cosmovisión que tenían de antaño, y no por una verdadera devoción hacia la religión impuesta por los españoles. En su opinión la adoración a la Virgen de Guadalupe se podía hacer desde cualquier iglesia, y que no era necesario venir hasta el cerro del Tepeyac, incluso desde lugares distantes, como ocurría en su época; pues esta práctica obedecía con mucha seguridad a la continuidad de las ceremonias agrícolas con las que se agradecía a los cerros el haber dado la lluvia y por ende las cosechas necesarias para la subsistencia de estos pueblos. 

Aunque concluye con mucha cautela que no está en contra de que se sigan visitando estos lugares, indirectamente lanza la acusación de que estas fiestas son motivadas por el Diablo y por sus sátrapas, más que a Virgen o los santos. Esto nos evidencia algunas cosas dignas de notarse: en primer lugar, que fueron los mismos indígenas los que integraron a los santos dentro de su cosmovisión y a las prácticas rituales que conservaban de antaño con referencia al ciclo agrícola del cual subsistían, y que la sustitución de símbolos religiosos en poco transformó el sustrato realmente importante del pensamiento antiguo. En segundo lugar, este texto da a entender que cierto sector clerical no estaba convencido del “milagro” que había efectuado la Virgen; pues a pesar de que habían pasado más de cinco décadas desde las supuestas apariciones, todavía levantaban sospechas sobre si las celebraciones hechas en La Villa de Guadalupe obedecían a una “idolatría” y no a una celebración cristiana.

El fervor con el que se adoró a esta advocación de María dentro del catolicismo “oficial” se daría muchos años después, cuando esta se convirtió en un símbolo de identidad para los habitantes de la Nueva España primero, y después entre los que abrazaron la idea de una patria mexicana emancipada. Hoy día queda poco recuerdo de su papel como dadora de los beneficios de la tierra entre los sectores urbanizados y desmemoriados que ya no tienen el trabajo de la milpa como actividad de subsistencia, e incluso su imagen es enarbolada por aquellos grupos católicos extremistas que combaten derechos civiles como la diversidad sexual o la libre elección de las mujeres sobre su cuerpo, sectores de la ultraderecha reaccionaria, entre otros similares. Pero vive en el recuerdo de las comunidades indígenas de nuestro país su papel primordial como la Santa Tierra, la Diosa Madre, como se quiera llamar: wixarikas, nahuas, otomíes, etc; para todo ellos La Villa es un lugar sagrado, y la Virgen ocupa un papel fundamental en sus historias sagradas. Los danzantes de tradición hoy día asistimos a La Villa y poseemos la imagen de la Guadalupana en nuestros altares, pero a veces algunos olvidan la visión del mundo que tenían nuestros ancestros que nos heredaron estas costumbres, y no hablo de los prehispánicos precisamente, sino de aquellos que incluso no están más distantes de nosotros más de dos generaciones y que practicaban aún muchas costumbres de la gente antigua, y que hoy repetimos a veces de manera mecánica en nuestras velaciones. Nuestros compadres, a veces en su afán de mostrarse muy “católicos” se manifiestan con frecuencia en contra de la “idolatría”, pero creo que antes de levantar juicios contra los danzantes de la mexicayotl, deberíamos recordar que nuestras tradiciones alguna vez también recibieron el mote de “idolatrías”. Recordemos.    

Referencias:

León Portilla, Miguel.  Tonanzin Guadalupe: pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican Mopohua”. Colmex, FCE, México, 2002.

Sahagún, Fray Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España, paleografía, estudio introductorio y notas de Josefina García Quintana y Alfredo López Austin, tres tomos, Cien de México, CONACULTA, México, 2000.

EL ORIGEN DE LA DANZA

PRÓXIMAMENTE:
 De lo mítico e histórico; de lo arcaico, lo conchero, a la mexicanidad.
Compilado:
Fabián Frías; Alberto J. Coranguez; María Cristina Córdova Ugalde ; Isidro Jiménez Ramírez ; A. Rafael Flores Hernández, Michelle Leisky; Brenda Lili Sánchez “Xochiocelotl” y el compilador José Antonio Cruz Rodríguez.

Danza prehispánica.
(Fragmento  y adelanto)

Isidro Jiménez Ramírez

Zacatan, zacatan, zacatan 70 tan tan tan

    En la mitad del siglo XVI se transformaría todo de lo que era una cosmovisión, los rituales donde se incluían danzas (resultado de un acervo de siglos precedentes) va modificándose, mimetizándose y mezclándose entre las distintas prácticas de las etnias nativas. Lo nahua-ñhañhu lejos de diferenciarse como vertientes excluyentes en su historia, más bien se incluyen y se entrelazan al tiempo que desarrollan rasgos propios.71 Lo que seguiría entonces en el siglo XVI y XVII sería una mayor interacción con poblaciones purépechas y chichimecas, así como con la población llegada allende del mar (ibéricos y afroantillanos) junto a la gran cantidad de castas que surgirían en dicha sociedad estamentada.72 Esto respecto a lo que en su raíz concierne a la danza que ahora nosotros conocemos como azteca chichimeca.

   La costumbre de preservar la historia mediante pintura, canto y danza es evidente en los vestigios de los antepasados por lo que las danzas tradicionales son una forma de escritura etérea, conservada mediante el movimiento y la música. Su carácter colectivo es relevante al considerar quienes son en un principio sus cultivadores, o como se aprendieron, o de donde se tomaron, si las ‘enseñaron’ los frailes o son parte de una continuación, rasgo característico preservada en las sociedades indígenas que las conservan y les dan forma. Un variado acervo que se transmite y es recompuesto en la época novohispana.

   Es una característica de la época virreinal la gran cantidad de población indígena que la componía respecto a los españoles que la habitaban, una reconfiguración social en la segunda mitad del s. XVI y primera mitad del XVII,73 es el tiempo cuando en muchos saberes hubo una amalgama de conocimientos, costumbres y hábitos entre la sociedad que se desenvolvía en ese tiempo. La población indígena continua entre la adaptación y la resistencia, aunque para el periodo novohispano tardío el tono de su trato con los peninsulares se ha modificado respecto al inicio de la irrupción hispánica, pues ha dado lugar al resignificado de sus contenidos, los ha considerado, adaptado o evadido al tiempo que pertinaz se reitera la memoria de los antepasados.

   Considerar la procedencia de las danzas que conocemos como ‘azteca chichimeca’, respecto a sus formas coreográficas, pasa desde suponer que se debe a los frailes su inserción en los teatros de masas y como tal una procedencia de la península ibérica,74 hasta la cuantiosa cantidad de menciones sobre la afición y habilidad por la música y la danza que reconocieron los religiosos en los ‘naturales’, así como su decisión de auxiliarse de ello e intentar darle acaso una dirección discursiva.

    Al ver lo mucho que con ello era para su solaz y forma propia de venerar, decidieron «dejar que siguieran con ello» es lo que se menciona muchas veces, no señalan que «entonces les enseñaron a danzar», la situación nos lleva a plantear: ¿quiénes detentaban la habilidad para la danza, la música y la veneración religiosa mediante la misma?, ¿se distinguían acaso los frailes por ser excelentes danzantes?, ¿los españoles tenían interés en mostrarse como hábiles ejecutores de danzas y que fueran mejor o incluso tuvieran mayor su conocimiento en esa materia frente a la población nativa?…75

“‘Aunque muchas de estas danzas se hacían en honra de sus ídolos,’ [Joseph de] Acosta insiste que el »baile« para los indígenas es más bien un regocijo o placer y, por lo tanto, ‘no es bien quitárselas a los indios, sino procurar no se mezcle superstición alguna.’ […]

PEREGRINACIÓN de las danzas 2022

Por Tlacuilo Antonio:

Peregrinación 2022

El crisol está en el medio día, del segundo domingo de noviembre, en Tlatelolco, ahí se mezclan los sueños y los despertares. La vorágine de los que persiguen la redención, la paz, la guerra, el conocimiento, la identidad, el amor, la locura, la fe… la tradición. Mentes, corazones, los que andan, pero también los que cada año les miran desde las azoteas, desde los camellones, las aceras, la ventana del negocio donde trabajan; las señoras orgullosas de la raíz que nos es de todos, la raíz, que aunque ajena, no lo es tanto, es más ni es ajena, tan propia. Los fastidiados en los coches que sufren el trafical que provoca la peregrinación, pero ni tanto, ni tantos, muchos prenden el cel del face book live. El sefie del copiloto para el recuerdo, de esos, de los que duran los 10 likes. Día de sol otoñal, pleno pero grato. Este año el orden ansiado rinde frutos, aunque a muchos danzantes se les arrejuntan las prisas antes que todos sus danzantes. Las sahumadoras le van soplando a los carbones su trémula prisa, para que ya se termine que calentar el fogoncito pa´ consuelo del copal, aroma de la fe de la nación que nos ampara.

El caos tan nuestro tan precioso aunque a veces tan disruptivo y fastidioso pero no tanto, que qué tanto es tantito y menos si se puede vender alguito en la plaza de las culturas (“de las 3 caídas” como diría un taxista -no se si refería 1 al sitio de Tenochtitlan en 1521, 2 la matanza de Tlatelolco 1968, y al terremoto de 1985) plaza manchada de guerras de sangre y de flores.     

Ahí reunidos o reuniéndose u organizándose, ora sí que sobre la marcha. Andando y danzando para no hacer hoyo. Unos de galas con tremendos plumeros rayas plastas, luces grecas alegorías ciber mexicas otros de austera convicción o necesidad. Otros ni tanto ni menos. El bullicio de la plaza se va atenuando un poco en rezo, cantado y danzado o el zigzagiante paso de camino y las latas en su versión más remasterizada, ¿Será posible que se remasterice más?  La veneración cada vez más sofisticada y organizada a la LATA si con mayúsculas, es abrumadoramente evidente, la guerra florida, que ya sea con sangre, con canto o con danza, siempre tendrá el apelativo de florido, lo es ahora la guerra florida de las latas. Ahora ni el sol es suficiente para estirar el cuero del tambor de lata. Hace falta un tono más agudo, nunca se conforma esa necesidad de más y más decibelaje, que ahora la muestra de la guerra de las latas sobre el piso del camino y aun en el atrio, son las marcas de tizne de las fogatas de papeles que se usaron para calentar y calentar los cueros de los tambores, para que esa poética descripción desparezca ya “el ronco sonido del tambor” desaparecer a como de lugar el ronco sonido de los tambores, digo… pareciera… apariencias solo eso.

La primera peregrinación ya plenamente post pandemia se disfruta y se reciente. Todavía el año pasado se libró una batalla meritoria para que la peregrinación se realizara, pero no se logro entrar al atrio. Y digo se reciente por que hay un dejo de nostalgia por la memoria viva de estos dos años y medio.

El encuentro y el reencuentro, desencuentros seguramente. Los queridos y lo no tanto, las divisiones los intercambio de los ayoyotes sueltos, los que no son tan de qui ni tan de allá. Los que mantienen la esperanza de que su grupo sea la expresión más monolítica o al revés la versión más ecléctica. La moderación del selfie. Si curioso, pero desde mi perspectiva vi menos selfies al interior de la danza que en otras ocasiones quizás se esté moderando.

Los nuevos con el azoro de la mirada prístina el sentir virginal, de aquello que, aunque con los años se modula nunca desaparece del todo. Ese sentimiento de lo majestuoso de la devoción de la entrega de la fe.

El movimiento de la fe la esperanza y la pasión. De algo que nos viene de lejos en el tiempo, de algo que no del todo sabemos, pero pus lo entendemos a través de los sentires, la preservación de un legado, la persistencia de una identidad y el amor por la madre.

Conin La piedra que zumba

(fragmento)
Autor J. Alberto Coranguez

Quien abre el diálogo es el español, quien arguye que viene en nombre del gran rey de España don Carlos V, para recibir el sometimiento pacifico de los pobladores de esta tierra, y para que reciban la enseñanza del cristianismo, que conozcan a Cristo, crucificado para redimir a los hombres, su madre y dios padre, volteando a ver al fraile franciscano este levanta la cruz que lleva entre sus brazos. Conin y sus capitanes ni se inmutan. El cacique Otomí Mexici le responde en la propia lengua del español que ahí no conocen a nadie más que Conin, ni conocen más dioses que los suyos:  Otonteuctli, su primer numen; Edahi, señor del viento; Ekemaxi, Serpiente emplumada; Muye, señor de la lluvia; Okhwadapo, señor de las yerbas…el franciscano se persigna y dice que la herejía que les invade le condenara al infierno, que deben aceptar el bautizo como ya lo han aceptado muchos en Tenochtitlan y Michoacán en Cempoala y Tlaxcala.

El capitán de la expedición invasora les refiere que Moctezuma Huey Tlatoani de Tenochtitlan fue sometido, lo mismo que Cuauhtémoc y los señores de Michoacán, los señores de Tollocan, que todos los pueblos han reconocido como su señor al Rey del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Castilla, Navarra y Aragón, poderoso señor que es reconocido por su generosidad a quienes le reconocen como su rey.

Conin responde que los señores de Tenochtitlan de Michoacán y otros pueblos, no han recibido a cambio nada del poderoso rey que dicen representar, solo destrucción, despojo, muerte, engaño y violaciones a sus mujeres, que Conin y su pueblo no son Cholula, Texcoco, Tlaxcala ni son Cempoala, si pretenden pasar por las tierras de Conin deben ofrecer un tributo o no podrán pasar por ahí, ni por ningún otro lado.

Ante estas palabras los aliados de Tlaxcala que acompañan la expedición española reaccionan ofendidos y piden atacar al enemigo casi desbordando a sus aliados españoles, por su lado los soldados españoles sueltan gritos reclamando a su capitán porque seguir hablando con esos perros indios herejes que no conocen al dios cristiano y amenazan levantando las espadas. Españoles y aliados se convierten en una masa nerviosa, los españoles vociferan, los indígenas aliados, tlaxcaltecas y Texcocanos al mando de su capitán Xicalchalchilmitl, gritan y emiten aullidos de guerra creando la atmosfera de guerra, un movimiento en falso desataría un verdadero infierno.

Conin levanta su mano derecha a lo alto con el puño cerrado y se mantiene largos momentos en esa posición  y su gente mostrando una férrea disciplina y orden no mueve un musculo, espera la señal de su capitán, la mano de Conin genera expectativas en sus interlocutores, Hernán Pérez de Bocanegra a su vez levanta ambas manos a la altura de los hombros  y hace señas a su gente ordenando que no se haga ningún movimiento, lo que aunado al gesto del jefe otomí desconcierta a la fuerza española y sus aliados, Conin ordena que se den pasos atrás y Hernández de Córdoba hace lo mismo.

Se levantan las banderas de uno y otro lado, la formación se compacta, se preparan los cañones españoles, y se ordena a un par de jinetes que hagan relinchar los caballos al mismo tiempo que se dispara uno de los cañones hacia un lado impactándose el proyectil produciendo una nube de polvo  en una ladera de las colinas que les rodean, ordena que de entre la tropa se adelanten con una decena de grandes perros que gruñen a la vista de los otomíes, y con las fauces escurriendo son detenidos por fuerte correas evitando que se lancen al ataque,  los españoles pretenden mostrar su fuerza antes de entrar en combate con la pretensión de intimidar a sus contrarios, esto les ha dado buenos resultados a tal grado que algunos pueblos se sometieron incondicionalmente ante estos demostraciones de ferocidad y poderío, que produjeron un comprensible miedo precedido por la incertidumbre de las presuntas profecías que  pronosticaron la destrucción del mundo conocido.

LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA

LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA
Por: José Antonio  Cruz Tlacuilo

El sabio verdadero:
Es cuidadoso y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la verdad, no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara, los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías, les da su camino, de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos; hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo
TOLTECA:
Artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón 1

A los mexicanos nos encantan las máscaras, pero poco entendemos en la actualidad la no mascara, ósea el rostro verdadero, las máscaras son para disimular, para el teatro antropocósmico, mientras el trabajo por generar un rostro autentico aún está en proceso. Hacemos el carnaval y las máscaras son los espejos de la desavenencia e incluso de la proyección. Finalmente, en un pueblo con siglos de colonia la máscara es la sobrevivencia a través de la simulación. En cambió la no máscara los rostros son forjados. En el caso de las naciones mesoamericanas, el rostro era el espejo pulido, labrado con esmero, creado desde el trabajo, la pasión, el deleite y el amor, dicho en palabras toltecas “aquello que viene del corazón”. El hombre con dignidad, con rostro verdadero es casi ya un accidente prodigioso.

La máscara engaña y aun esa sabiduría tolteca, tan sencilla se ha vuelto una máscara, lo “tolteca” en estos tiempos de mercadotecnia new age, también suele ser máscara estrambótica que con el acento chamánico tan en boga, desdibuja el rostro humano en equilibrio con el ser social, con la comunidad, con la naturaleza, como lo demuestran las enseñas del huehutlahtolli. Este nuevo “tolteca” new age, suele buscar lo sobre humano, lo mágico, lo sobrenatural y por lo tanto, lo especial, la perfección individual con dotes y particularidades exclusivas.

Pero aun en estos tiempos, hay rostros verdaderos de esa definición tolteca, hay rostros pulidos labrados con esmero, reflejo de la pasión de corazones. En el campo, en la ciudad. Los luchadores sociales, los que defienden el patrimonio cultural de la comunidad, los que luchan contra el despojo de los pueblos, esos que dicen “alguien lo tiene que hacer”, los curanderos que aun no queriendo la vida y la razón de sus pueblos los llevan a lo inevitable, no persiguen el don subiendo montañas o en ceremonias chamánicas trascendentales, el don es la comunidad, la cultura y en su persona su trabajo constante, la convicción, el camino de corazón, incluso el sufrimiento, el designio mágico, venido de la necesidad del clan, el don inscrito desde los antepasados, las ánimas. Lo mismo los creadores, forjadores de cantos, los que labran, los que escriben, los que conservan y enseñan la danza. En buena medida su rostro es el espejo de la comunidad y en ellas se refleja, de ahí la máxima zapatista mandar obedeciendo, Ramona es un ejemplo maravilloso de un rostro que aun escondido tras el pasamontaña era luminoso por que traía el trabajo propio y el reflejo de su comunidad.

Los rostros de las resistencias en las sublevaciones indígenas que han quedado en el imaginario la historia y la metáfora, el mito, son personas que llevaron o tomaron la acción de guiar un encargo colectivo, bien podríamos decir que estos rostros al final son la imagen de la lucha de un pueblo, aunque sean de una persona, en realidad no solo son ellos y al final son el icono de lo que el pueblo aspira, es, imagina y emplea. Paradigma Cuauhtémoc, que bien sigue siendo luz de muchos en muchas circunstancias, desde la recreación del mito de la entrega pura, hasta la metáfora astronómica de la puesta del sol, y más aún, de la luz encarnada en la imagen solar que se oculta al atardecer de una nación. O bien el ánima poderosa que guía las manos de curanderas como Pachita o los jefes concheros curanderos. Bien también como pegamento identitario de los despatriados de la antigua mítica y post moderna Áztlan sea Califastlan o Texastlan.

El rostro de Zapata, su mirar, independientemente de su valor personal, es rostro de la convicción y el dolor de un pueblo oprimido pero digno.

Otros rostros no menos luminosos, pero si menos conocidos como el de Tenamaztle encarnan también, la historia más negada aún, la de las comunidades alejadas o “menos civilizadas”, como los chichimecas, los rostros más anónimos aun de mulatos y cimarrones que fueron también muy activos en sublevaciones y alzamientos contra el esclavismo e independencia. Rostros controvertidos como los de Connin que negociaron que buscaron el beneficio estratégico de las alianzas para la sobrevivencia de sus clanes y mantener vivos sus costumbres. Los rostros los corazones como el de Kanec y sus mitos controvertidos, del delirio mesiánico, a la realidad de la sublevación contra la opresión o acaso el martirio como única posibilidad de salvación contra el esclavismo.

Pero el rostro de la resistencia sigue vivo, reside en esa raíz que sobrevive en el asfalto de las ciudades y da flores agrestes, y en los caminos que comunican con las comunidades, veredas y chozas en la mitad de las reservas donde han quedado las poblaciones que resguardan esos patrimonios, tangibles naturales e intangibles culturales.
Los rostros de la resistencia también, son los del resguardo y expansión de la riqueza cultural como la de la danza de los concheros que , asume cuando en necesario el origen antiguo, y salta el estigma del catolicismo y se asume como azteca, chichimeca o el genérico indio , y  se proyecta más allá de si mismo y su danza a encarnar el rostro de lo que pudo haber sido el esplendor de la danzas prehispánicas, y  después de haber tomado el atrio, recientemente sigue con esa si conquista, de tomar espacios públicos, los arqueológicos y simbólicos de la resistencia. 

Porque la sangre llama y convoca esa lucha por la identidad negada, se vuelca poderosa aunque con sus vicisitudes y surgen esos rostros, se van puliendo y van formando comunidad. Ella la mujer indígena, aún sin la lengua nativa  aun sin la tierra, es la resistencia más persistente, ella carga la más pesada de las opresiones, no por nada uno de los adjetivos más obscenamente clasistas y racistas, es el de gata, chacha, criada; las trabajadoras domésticas son casi en su totalidad de origen recientemente indígena. Y digo recientemente por lo evidente, porque su generación migrante suele ser más nueva, pero, ¿Cuántos de nosotros tenemos una madre o la abuela que vino del campo a la ciudad? y con orgullo decimos, que haciendo tal o cual de estas actividades nos sacó adelante.  Pero ellas como las artesanas, las cocineras de tlacoyos y las barrenderas son al mismo tiempo, las que mantienen vigente el amor sutil casi negado, casi silente por los orígenes y son las que con sus modos mantienen la fe y el respeto por lo sagrado, por los mayores, esos de los cuales venimos; aquellos merecidos por la penitencia de los dioses, el rostro más negado, pero al mismo tiempo el que más ha cuidado el rostro verdadero, lo cual se nos llena la boca de decir orgullosos, que la madre o la abuela pobre que tuvimos, nos inculcó valores y aunque no lo digamos con esas palabras, nos dio un rostro. 

1 Códice Florentino, traducción: Miguel León Portilla



Introducción del libro los Rostros de la Resistencia editado en el marco de la conmemoración de los 500 años de la toma de Tenochtitlan, en al año de 2021.

Libro aun disponible, en 160 pesos.
Portada del Libro los rostros de la Resistencia. Ed. Rostro y Corazón, y ed. Ce Acatl.

AGUA BENDITA (Chalma)

Por: Brenda Lili «Xochiocelotl».

Agua, bendita agua, ¡ cuántas bendiciones padre mío de las cuevas, señor de Chalma!

La neblina cubre los cerros y las cruces, por fin las rosas de algodón bajaron desde el cielo, y aunque oculto el sol, siempre termina adornándolo todo.

¿Habrá más poesía que aquellas nubes sobre nuestra cabeza? ¡Sí sólo bastaba estirar la mano para comerlas!

El humo de copal confundido con los hilos de agua espesa, los cantos afinados con el relámpago y el trueno…y la danza, suspendida en el tiempo de Dios, en el tiempo del no tiempo…

CANTAN, DANZAN

Alabanza

Por: Doryan Bocanegra medina

Cantan, danzan, rezan, peregrinan
dando siempre gracias al creador.
Con sus conchas de armadillo y mandolinas,
poniendo copalito al sahumador.

Con lluvia, viento, frio, sol, caminan.
desde sus pueblos hasta tus pies.
Los acompaña las imágenes que ellos veneran
que los ayudan a llegar con bien.

Todos han llegado al campo santo,
se disponen a bajar la cruz.
Por esa callecita del calvario van cantando,
hasta llegar a donde estas tu.

Suenan cascabeles y ayacaxtlis,
al rimo del corazón del tambor.
Alegre flor y canto se oye en las barrancas
Viva, viva, nuestra tradición.

Este canto está inspirado en las peregrinaciones que varias mesas de danza hacen para llegar a Chalma a la fiesta de las cruces. Describe un poco una de las múltiples ceremonias que se llevan a cabo, la bajada de la Cruz de la Alianza.

Este canto puede ser usado para el momento que la danza camina del cuartel, al lugar donde se llevara a cabo la danza, o en el regreso. Pueden mencionar el lugar de donde provienen las diferentes mesas o capitanías que asisten a la ceremonia y la imagen a la que se han encomendado; o solo mencionar a las que llevan estandartes.

Imagen tomada del perfil de Facebook del autor

¿Ni yendo a bailar a Chalma?

Por: Gabriel Hernández Ramos

Todo el año es fiesta en Chalma

Al santuario de Chalma llegan infinitas peregrinaciones de casi todos los lugares de la Republica mexicana. Todo el año es fiesta en Chalma. La mayoría de los peregrinos llegan a pie, aunque también hay peregrinaciones en bicicleta, a caballo o en camión. Peregrinos revolcados, enlodados, mugrosos, cansados y hambrientos por los días de camino.

Cuando nosotros vamos a Chalma, hacemos tres días para llegar y luego nos quedamos una semana. Alternamos los lugares de salida, un año salimos de Huexoculco, al siguiente de Amecameca, luego de San Rafael y así sucesivamente. La salida es el primer sábado después del jueves de la ascensión del Señor, en la madrugada. Puede ser mayo o junio. Casi siempre llueve o por lo menos llovizna. En Cocotitlan hay ocasiones que nos dan de desayunar: pan, café, y tlacoyos calientitos. A las diez, antes de llegar a Ayotzingo, la carretera esta repleta de sapos apachurrados.

Al medio día descansamos junto al mercado de Milpa Alta, todos sacan su itacate y comemos: tlacoyos, tortas, fruta seca, agua y cerveza fría,  después, a seguir caminando entre las nopaleras. Todo el tiempo vamos alegres, hay risas, chistes, historias de las cosas de antes y costumbres de nuestros pueblos. Tenemos que ir contentos porque así le gusta al santo, porque nos queremos, porque nos olvidamos un poco del cansancio y de todo, porque caminar a Chalma es dirigirse a otro mundo donde se olvida quien es uno realmente –no hace falta-. El tiempo que se está en Chalma es un espacio sagrado, una realidad distinta a la que se vive cotidianamente. En Chalma día y noche es tiempo de Dios.

La primera noche descansamos en Topilejo o en el cerro que está más adelante, según el tiempo y el temporal. Ahí cenamos. Si es en el pueblo pedimos posada en alguna casa y si es en el cerro, alrededor de una lumbrada que se mantiene encendida toda la noche. A veces, después de cenar,  se recuerdan las cosas chistosas o difíciles de la jornada, mientras circula una botella de tequila (o de lo que Dios socorra) y los imprescindibles cigarros sin filtro. A los que ya están muy cansados o torcidos se les da masaje, se les curan las ampollas a los nuevos y nos vamos turnando para echar leña al fuego, también le damos de comer al señor mas viejo.

Tempranito, otra vez a darle. Primero suave porque los huesos y los músculos amanecen fríos, pero ya que se entra en calor la caminata se vuelve más ágil. Pasamos El Arenal, Las Torres y como a medio día llagamos a Agua de Cadena, un paraíso donde baja el agua fría y limpia a través de un canal de troncos ahuecados que forman una cadenita. Aquí hay muchos puestos de comida y es el punto de encuentro de muchas peregrinaciones. En Agua de Cadena nos juntamos con los grupos que vienen  del zócalo. Comemos juntos cerca del agua o bajo las ramas de algún árbol. Ahí ya somos una tropa numerosa, sesenta, setenta o hasta cien.

Justo donde nace el agua se levantan muchas crucecitas de varios tamaños, materiales y colores. Entonamos los primeros cantos a los maderos y al Señor de Chalma.

Jilguero qué hermoso cantas

ya pareces un canario,

vas recogiendo las almas

que caminan al santuario.

Luego viene la subida, empinadísima, de Penitencias, donde, los que van por vez primera, “los nuevos” suben cargando hasta la cima un tronco o una piedra a la medida de sus faltas, para dejarla a los pies de la Cruz de Penitencias. Otra vez cantamos:

Cantemos con alegría

cantemos con alegría

y con mucha devoción,

al Paraje del coyote

al Paraje del Coyote

y a la Cruz de la Misión.

Bajamos y subimos cerros motivados por la frescura de la tarde y los colores del ocaso que se aproxima. En la última cima saludamos a la Cruz de Ánimas, adornamos sus bracitos con listones de colores, mientras se canta una pasión para los fieles difuntos. Después, a correr porque ya es pura bajada, hasta Santa Martha. A veces la tierra esta suelta, o llovió y hay lodo, de todas maneras llegamos bien empolvados a Santa Martha. A las diez, once o doce caemos como troncos, por el cansancio o por las cervezas, el mezcal o el tequila.

Amaneciendo, el lunes, desayunamos algo calientito, aunque en Santa Martha ya hay regaderas, casi nadie se lava ni la cara, porque esos sudores y cansancio es lo que se va a “entregar” hasta Chalma. Aquí se empieza a hacer nudo la garganta y las lágrimas salen solitas. Todos nos formamos y comenzamos a avanzar, suenan las llamadas de los caracoles y el rasgueo de las conchas de armadillo: parejitos. A las orillas de la carretera la gente nos ve y nos bendice, nos da buenos deseos: “¡Que Dios los acompañe!”, “¡Que lleguen con bien!”, “¡Animo muchachos!”. “¡Son los danzantes!”, se dicen cuchicheando. Nos aplauden.

Dos o tres horas de camino y llegamos a Ocuilan, luego al Ahuehuete. En el Ahuehuete son “coronados” los nuevos con coronas de flores del campo que han venido juntando los padrinos y las madrinas, éstos pueden ser todos aquellos que han venido peregrinando más de una vez. En el ahuehuete danzamos así; mugrosos y vestidos de civiles. Ahí se queda el cansancio del camino y un poco de polvo, después a mojar la frente y las sienes de los ahijados con el agua que brota de las raíces del árbol viejo y a compartir un jarrito de pulque fresco.

Ahora sí ¡vámonos tendidos! Un rato por la carretera, donde los “sargentos” van cuidando el paso, la velocidad de los camiones y protegiendo las columnas de peregrinos. Como a las tres o las cuatro estamos entrando al pueblo de Chalma. Donde inicia la bajada para el santuario, nos organizamos y esperamos que llegue el último de la marcha, mientras se reafinan las conchas y se desenredan las cintas de los estandartes; se revisa que estén bien prendidos los sahumadores. Entramos todos juntos y bien formados. Los estandartes que han venido distribuidos a lo largo de la columna, se colocan al frente, junto con las ahumadores y las palmas que nos llegan a regalar. Los ahijados recién coronados se forman en medio, son como los niños que necesitan mas cuidado y protección. Los principales o capitanes encabezan las columnas y ponen los cantos de entrada:

De rodillas voy llegando

hasta llegar a tus pies,

Padre mío Señor de Chalma

que no sea la última vez

que no sea la última vez.

En la puerta del templo, después de pasar en medio de hileras de puestos y manteados de colores, se entregan las coronas y se dan un abrazo padrinos y ahijados. Se le habla al Señor y se le entrega la peregrinación, las intenciones y los cansancios de todos los que caminaron. Primero hay llanto, luego alegría o las dos cosas al mismo tiempo. ¿Cómo es posible caminar tantos kilómetros y llegar tan bien, tener la cuerda suficiente para todo lo que falta? Tal vez por eso dicen que el Señor de Chalma es “el santo mas cabrón”. Santo que también anduvo peregrinando hasta llegar a esa cueva (donde dicen que antes se hacían sacrificios al Señor Tezcatlipoca), así lo sustenta un canto:

Abre los ojos del alma

y veras a un peregrino,

a Dios, quien por amor vino

a las barrancas de Chalma.

Ya estamos en Chalma. Ora sí, a bañarse en el río de agua helada, quedar limpio de tanta mugre acumulada, de tanto sudor reseco que te ha entiesado los cabellos; a limpiar las heridas de aquellos que se espinaron a se ampularon al caminar. A descansar en la noche, tomar una cerveza y platicar los planes porque mañana empieza el trabajo para las cruces, el recibimiento de otras peregrinaciones y las bajadas en penitencia, las danzas y los cantos día y noche.

Chalmeros

Ya estamos en Chalma.  No es raro ver aquí las penitencias que bajan en la madrugada, el penitente va de rodillas desde Las Cruces hasta las plantas del Señor de Chalma. Los ojos vendados y sus padrinos animándolo a sus costados; de rodillas sobre las piedras disparejas y puntiagudas, mientras los cantos altísimos de las danzas abren la penumbra y acercan la claridad del nuevo día. Antes, también traían un nopal espinoso en la espalda y otro en el pecho. Ahora ya casi no se usa, sólo ha quedado la corona de largas y esbeltas espinas en la cabeza.

A Chalma llegan los pobres, los humildes y los ricos, los indios y los extranjeros, los que vienen como a una excursión y los que venimos a “trabajar”. Las mujeres otomíes bajan arrastrando espléndidas plantas de toloache. Los curanderos (llevan en su morral) velas de cebo, su copal, sus aguas floridas, hierbas y ofrenda para su cruz, la cual los está esperando en algún lugar de los cerros y barrancas; las innumerables danzas  que se mueven o cantan, que bajan y luego suben los enormes maderos; de día o de noche, bajo el extenuante sol o en el frío aguacero de la media noche. Lo importante es cumplir, primero reverenciando al Señor de Chalma, darle ropaje nuevo a la cruz y a vestirle su manto con flores de papel o de tela, y por ultimo a recordar a todos aquellos que nos antecedieron en  estas “memorias, recuerdos, obligaciones y devociones.”

En esta peregrinación y estancia en Chalma se cumple y se aprende. En estos Díaz dedicados a Dios nos reunimos en convivencia permanente, vivimos como una familia. Conocemos los secretos y defectos de los demás y ellos los nuestros. Aquí lo primero que sale a flote es el ego, la envidia, la inconformidad, la arrogancia, los celos, pero también lo sublime; la humildad, la ayuda mutua y espontánea, el verdadero sacrificio que consiste en servir con gusto a los demás; quitarse el pan de la boca para que coma el niño, la comadrita, el más cansado, quien más lo necesite; dar alivio a los dolores ajenos sin esperar nada; dar consejo al más testarudo; dar una sonrisa en el momento más solemne.

Para estar en Chalma se requiere una cantidad respetable de fuerza de voluntad y amor por el trabajo divino, esa labor que no nos da dinero, pero sí lo indispensable para seguir viviendo (paz, salud, esperanza) para mantener  con dignidad nuestras tradiciones y costumbres, las mismas que han defendido nuestros antepasados con tal valor y cuidado que aun hasta estos días tenemos la fortuna de conocer y representar. Además, la responsabilidad de permitir lleguen completas y fieles a la próxima generación que algún día nos habrá de sustituir en esta tarea santa.

Gabriel Hernández Ramos

Fotograma del Documental: sobre Chalma de la filmoteca de Unam. 1922