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La advertencia de Sahagún.

Una controversia sobre la adoración de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.

Lic. Canek Estrada Peña, Danza azteca del Sr. Xiuhtecuhtli, C.U.

Ahora que estamos próximos a la fecha en que los mexicanos en general- y con especial fervor los danzantes de tradición- veneramos a la Virgen de Guadalupe, me gustaría retomar un texto que, a pesar de ser ampliamente conocido y citado con frecuencia, no deja de invitar a la reflexión y al replanteamiento de nuestra espiritualidad dentro de la danza.

Nosotros en la actualidad asistimos al pie del cerro del Tepeyac con la certeza de que este es el santuario de la Virgen María en su advocación Guadalupana, y los creyentes de la fe católica están convencidos de que la Iglesia Católica reconoce y aprueba estas manifestaciones de fe de manera “oficial”. Incluso, es un bastión importante para la propagación de la fe no sólo para México, sino para toda América Latina (y de ahí una de tantas razones por la cual se dieron las visitas papales, así como la presión en las altas esferas de la institución para la canonización de Juan Diego).

Esto no siempre fue así. El cerro del Tepeyac fue tema de desacuerdos y controversias entre los frailes evangelizadores que arribaron después de concluida la guerra de conquista en Tenochtitlan.  Los textos que se conservan que relatan la aparición de la Reina de México en este cerro (de entre los cuales destaca el llamado Nican Mopohua…, redactado alrededor de 1556) son explícitos al señalar que este lugar fue donde se dieron las cuatro apariciones, y que la razón de estas era el dar el mensaje al obispo Zumárraga de que era su voluntad que se le hiciese un templo en este mismo lugar. Pero el hecho de que el ya mencionado Nican Mopohua haya sido publicado en letras de imprenta junto con otros textos guadalupanos que conforman una obra llamada Huey Tlamahuizoltica… hasta el año de 1649 no es casual. Es en este tiempo cuando comienza el auge del culto a esta advocación de la Virgen, pues antes de esta época, se trataba de un culto reservado sobre todo a los indígenas y no era muy popular entre los españoles criollos. 

En el siglo XVI, el fervoroso culto que recibía la Guadalupana era objeto de sospechas y suspicacias entre algunas personalidades de la conquista espiritual venidas de España. Uno de ellos fue el conocido Fray Bernanrdino de Sahagún, quien entre 1540 a 1585 recopiló por medio de sus informantes la obra más exhaustiva de la época acerca de la vida y las costumbres de los nahuas del centro de México, Historia general de las cosas de Nueva España. Esta obra monumental tenía la función original de ser una especie de manual para los evangelizadores a fin de que pudieran identificar las “idolatrías” entre los naturales, y de esta manera combatirlas más eficazmente. Si bien no podemos (ni debemos) negar el valor de carácter enciclopédico y erudito de dicho compendio de aspectos muy variados de la vida de nuestros ancestros, tampoco podemos perder de vista sus motivaciones.

Respecto de las ceremonias que se celebraban en la Villa, hace referencia en el libro XI, capítulo XII, en el cual hay una nota que dice:

 Habiendo tratado las fuentes, aguas y montes, parecióme lugar oportuno para tratar las idolatrías principales antiguas que se hacían y aún se hacen en las aguas y los montes…

…Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde se solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lexas tierras. El uno déstos es que aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llámanle Tepeaquilla, y agora se llama Nuestra Señora se Guadalope. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonanzin, que quiere decir “nuestra madre”. Allí hacían muchos sacrificios a honra desta diosa. Y venían ellos de más de veinte leguas de todas estas comarcas de México y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande concurso de gente estos días, y todos decían: “vamos a la fiesta de Tonanzin”. Y agora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalope, también la llaman Tonanzin, tomada ocasión de los predicadores que a nuestra señora la madre de Dios llaman Tonanzin. De donde haya nacido esta fundación desta Tonanzin no se sabe de cierto; pero esto sabemos cierto que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonanzin antigua, y es cosa que se debería remediar, porque el propio nombre de la madre de Dios, Sancta María, no es Tonanzin, sino Dios inantzin. Parece esta invención satánica para paliar la idolatría debaxo equivocación deste nombre Tonanzin.

Y vienen agora a visitar a esta Tonanzin de muy lexos, tan lexos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no va a ellas, y vienen de lexos tierras a esta Tonanzin, como antiguamente…

A continuación, explica que en esos años hubo dos casos similares que llamaron su atención: el de la imagen de Sta. Ana en el convento de Sn Francisco en Tlaxcala, en donde decía que los naturales adoraban a Toci; la relación que aquí encuentra es que Toci significa “nuestra abuela”, y Sta. Ana fue la abuela de Jesus. El otro caso es el de la imagen de Sn Juan Bautista de Tianquizmanalco, que estaba en el pueblo de Calpa, al pie de los volcanes, de quien menciona que servía como pretexto para adorar a Tezcatlipoca en su advocación de Tepuchtli; ya que se decía que Juan Evangelista murió virgen, y por eso le decían “San Juan Tepuchtli”. Termina esta nota diciendo:

Y la devoción que esta gente tomó antiguamente de venir a visitar estos lugares, es que como estos montes señalados en producir de sí nubes que llueven por ciertas partes continuamente, las gentes que residen en aquellas tierras donde riegan estas nubes que se forman en estas sierras advertiendo que aquel beneficio de la pluvia les viene de aquellos montes, tuviéronse por obligados de ir a visitar aquellos lugares hacer gracias a  aquella divinidad que allí residía, que enviaba el agua, y llevar sus ofrendas en agradecimiento del beneficio que de allí recibían. Y ansí los moradores de aquellas tierras que eran regadas con las nubes de aquellos montes, persuadidos o amonestados del Demonio o de sus sátrapas, tomaron por costumbre y devoción de venir a visitar aquellos montes cada año en la fiesta que allí estaba dedicada, en México, en la fiesta de Cihuacóatl, que también la llaman Tonanzin; en Tlaxcalla, en la fiesta de Toci, en Tianquizmanalco, en la fiesta de Tezcatlipuca. Y porque esta costumbre no la perdiesen los pueblos que gozaban della, persuadieron a aquellas provincias que veniesen como solían, porque ya tenían Tonanzin ya Toci y al Tepulchtli que exteriormente suena, o les ha hecho sonar a Sancta  María y a Sanctana y a San Juan Evangelista o Babtista, y en lo interior la gente popular que allí viene está claro que no es sino lo antiguo, y a la secuela de lo antiguo vienen. Y no es mi parecer que les empidan la venida ni la ofrenda; pero es mi parecer que los desengañen del engaño de que padecen, dándolos a entender en aquellos días que allí vienen la falsidad antigua, y que no es aquello conforme a lo antiguo.

De esta manera, el padre franciscano advierte a los demás propagadores de la fe católica acerca de que las peregrinaciones y fiestas a las que asistían lo indígenas en estos lugares eran motivadas por las costumbres y la cosmovisión que tenían de antaño, y no por una verdadera devoción hacia la religión impuesta por los españoles. En su opinión la adoración a la Virgen de Guadalupe se podía hacer desde cualquier iglesia, y que no era necesario venir hasta el cerro del Tepeyac, incluso desde lugares distantes, como ocurría en su época; pues esta práctica obedecía con mucha seguridad a la continuidad de las ceremonias agrícolas con las que se agradecía a los cerros el haber dado la lluvia y por ende las cosechas necesarias para la subsistencia de estos pueblos. 

Aunque concluye con mucha cautela que no está en contra de que se sigan visitando estos lugares, indirectamente lanza la acusación de que estas fiestas son motivadas por el Diablo y por sus sátrapas, más que a Virgen o los santos. Esto nos evidencia algunas cosas dignas de notarse: en primer lugar, que fueron los mismos indígenas los que integraron a los santos dentro de su cosmovisión y a las prácticas rituales que conservaban de antaño con referencia al ciclo agrícola del cual subsistían, y que la sustitución de símbolos religiosos en poco transformó el sustrato realmente importante del pensamiento antiguo. En segundo lugar, este texto da a entender que cierto sector clerical no estaba convencido del “milagro” que había efectuado la Virgen; pues a pesar de que habían pasado más de cinco décadas desde las supuestas apariciones, todavía levantaban sospechas sobre si las celebraciones hechas en La Villa de Guadalupe obedecían a una “idolatría” y no a una celebración cristiana.

El fervor con el que se adoró a esta advocación de María dentro del catolicismo “oficial” se daría muchos años después, cuando esta se convirtió en un símbolo de identidad para los habitantes de la Nueva España primero, y después entre los que abrazaron la idea de una patria mexicana emancipada. Hoy día queda poco recuerdo de su papel como dadora de los beneficios de la tierra entre los sectores urbanizados y desmemoriados que ya no tienen el trabajo de la milpa como actividad de subsistencia, e incluso su imagen es enarbolada por aquellos grupos católicos extremistas que combaten derechos civiles como la diversidad sexual o la libre elección de las mujeres sobre su cuerpo, sectores de la ultraderecha reaccionaria, entre otros similares. Pero vive en el recuerdo de las comunidades indígenas de nuestro país su papel primordial como la Santa Tierra, la Diosa Madre, como se quiera llamar: wixarikas, nahuas, otomíes, etc; para todo ellos La Villa es un lugar sagrado, y la Virgen ocupa un papel fundamental en sus historias sagradas. Los danzantes de tradición hoy día asistimos a La Villa y poseemos la imagen de la Guadalupana en nuestros altares, pero a veces algunos olvidan la visión del mundo que tenían nuestros ancestros que nos heredaron estas costumbres, y no hablo de los prehispánicos precisamente, sino de aquellos que incluso no están más distantes de nosotros más de dos generaciones y que practicaban aún muchas costumbres de la gente antigua, y que hoy repetimos a veces de manera mecánica en nuestras velaciones. Nuestros compadres, a veces en su afán de mostrarse muy “católicos” se manifiestan con frecuencia en contra de la “idolatría”, pero creo que antes de levantar juicios contra los danzantes de la mexicayotl, deberíamos recordar que nuestras tradiciones alguna vez también recibieron el mote de “idolatrías”. Recordemos.    

Referencias:

León Portilla, Miguel.  Tonanzin Guadalupe: pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican Mopohua”. Colmex, FCE, México, 2002.

Sahagún, Fray Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España, paleografía, estudio introductorio y notas de Josefina García Quintana y Alfredo López Austin, tres tomos, Cien de México, CONACULTA, México, 2000.

Conin La piedra que zumba

(fragmento)
Autor J. Alberto Coranguez

Quien abre el diálogo es el español, quien arguye que viene en nombre del gran rey de España don Carlos V, para recibir el sometimiento pacifico de los pobladores de esta tierra, y para que reciban la enseñanza del cristianismo, que conozcan a Cristo, crucificado para redimir a los hombres, su madre y dios padre, volteando a ver al fraile franciscano este levanta la cruz que lleva entre sus brazos. Conin y sus capitanes ni se inmutan. El cacique Otomí Mexici le responde en la propia lengua del español que ahí no conocen a nadie más que Conin, ni conocen más dioses que los suyos:  Otonteuctli, su primer numen; Edahi, señor del viento; Ekemaxi, Serpiente emplumada; Muye, señor de la lluvia; Okhwadapo, señor de las yerbas…el franciscano se persigna y dice que la herejía que les invade le condenara al infierno, que deben aceptar el bautizo como ya lo han aceptado muchos en Tenochtitlan y Michoacán en Cempoala y Tlaxcala.

El capitán de la expedición invasora les refiere que Moctezuma Huey Tlatoani de Tenochtitlan fue sometido, lo mismo que Cuauhtémoc y los señores de Michoacán, los señores de Tollocan, que todos los pueblos han reconocido como su señor al Rey del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Castilla, Navarra y Aragón, poderoso señor que es reconocido por su generosidad a quienes le reconocen como su rey.

Conin responde que los señores de Tenochtitlan de Michoacán y otros pueblos, no han recibido a cambio nada del poderoso rey que dicen representar, solo destrucción, despojo, muerte, engaño y violaciones a sus mujeres, que Conin y su pueblo no son Cholula, Texcoco, Tlaxcala ni son Cempoala, si pretenden pasar por las tierras de Conin deben ofrecer un tributo o no podrán pasar por ahí, ni por ningún otro lado.

Ante estas palabras los aliados de Tlaxcala que acompañan la expedición española reaccionan ofendidos y piden atacar al enemigo casi desbordando a sus aliados españoles, por su lado los soldados españoles sueltan gritos reclamando a su capitán porque seguir hablando con esos perros indios herejes que no conocen al dios cristiano y amenazan levantando las espadas. Españoles y aliados se convierten en una masa nerviosa, los españoles vociferan, los indígenas aliados, tlaxcaltecas y Texcocanos al mando de su capitán Xicalchalchilmitl, gritan y emiten aullidos de guerra creando la atmosfera de guerra, un movimiento en falso desataría un verdadero infierno.

Conin levanta su mano derecha a lo alto con el puño cerrado y se mantiene largos momentos en esa posición  y su gente mostrando una férrea disciplina y orden no mueve un musculo, espera la señal de su capitán, la mano de Conin genera expectativas en sus interlocutores, Hernán Pérez de Bocanegra a su vez levanta ambas manos a la altura de los hombros  y hace señas a su gente ordenando que no se haga ningún movimiento, lo que aunado al gesto del jefe otomí desconcierta a la fuerza española y sus aliados, Conin ordena que se den pasos atrás y Hernández de Córdoba hace lo mismo.

Se levantan las banderas de uno y otro lado, la formación se compacta, se preparan los cañones españoles, y se ordena a un par de jinetes que hagan relinchar los caballos al mismo tiempo que se dispara uno de los cañones hacia un lado impactándose el proyectil produciendo una nube de polvo  en una ladera de las colinas que les rodean, ordena que de entre la tropa se adelanten con una decena de grandes perros que gruñen a la vista de los otomíes, y con las fauces escurriendo son detenidos por fuerte correas evitando que se lancen al ataque,  los españoles pretenden mostrar su fuerza antes de entrar en combate con la pretensión de intimidar a sus contrarios, esto les ha dado buenos resultados a tal grado que algunos pueblos se sometieron incondicionalmente ante estos demostraciones de ferocidad y poderío, que produjeron un comprensible miedo precedido por la incertidumbre de las presuntas profecías que  pronosticaron la destrucción del mundo conocido.

CONIN El que hace ruido

PRÓXIMANTE


PRÓLOGO (fragmento)
Llevo más de 3 décadas con una pertenencia a la danza de concheros, a veces de manera muy estrecha, otras un tanto contemplativa, pero el caso es que he visto que una necesidad fundamental de la danza es precisamente conocer del origen mítico ó histórico de esta tradición. En la tradición oral el origen está en la aparición de la cruz de la Iluminación y del señor Santiago en medio de una batalla allá en el cerro de Sangremal, lo que hoy es la ciudad de Querétaro,. Bbatalla entre los habitantes de esa región, naciones chichimecas como pames, guamares y jonaces, contra los españoles y aliados indígenas, entre ellos el señor de Nopala, Conin, principal de Jilotepec de la nación Otomí. En medio de lo más cruento del enfrentamiento sucede el milagro que convierte a los chichimecas al cristianismo y aceptan la cruz y se someten gritando “Él es Dios”, dando así comienzo a la tradición de la danza de los concheros, quienes utilizan esa frase en todo momento durante sus ceremonias y aun fuera de ellas. Es leyendo este precioso texto de Coranguez que aquel personaje mítico, nebuloso en los relatos escuetos del milagro, relatos en los que también los nombres de los protagonistas incluidos los jefes chichimecas Lobo y Coyote, son casi inexistentes, más lejanos y borrosos que Montañez y que el mismo Conin, en las letras de Coranguez, tienen personalidad, humanidad y palabra, si, palabra, esa que nos obsesiona en la danza, palabra si, oralidad virtuosa.


Este relato que tiene elementos de novela histórica por las inferencias bien documentadas del autor; nos pone evidencia del logro portentoso de Conin sí, pero aun de los derrotados chichimecas, el de la preservación no solo del bien más preciado: la sobrevivencia misma de la comunidad, sino de ciertas condiciones indispensables que algunos otros pueblos perdieron, como la preservación de rituales y saberes como se infiere, el de la danza conocida como de concheros.  Pero, además debido a la fina estrategia de Conin, cierto control jerárquico y la toma de decisiones.

 
Como decía líneas atrás. en el caso de los danzantes lo que nos ofrece Coranguez es jade precioso, para entender más nuestra danza, el valor poderoso que le viene desde la entereza moral de personajes como Conin o Lobo y Coyote.  Pero así mismo la estrategia de Conin es una gesta muy humana, que debiera interesar a cualquier mexicano que busque indagar la historia regional de la zona limítrofe entre la llamada Mesoamérica y Aridoamerica, y sobre todo, que este ejemplo regional vale mucho para entender la complejidad de la adaptación, la resistencia y el llamado sincretismo de México. No como un lastre sino como una estrategia rica, compleja y valiosa de la preservación de la cultura de un pueblo.



José Antonio Cruz Tlacuilo


NO HEMOS DEJADO DE SER NEGROS…

Autor: Alberto Coranguez

1.- La libertad

Es conmovedor recorrer un tramo de historia en México acercándonos a la inevitable fusión de múltiples culturas que ha dado como resultado, un mestizaje profundo, además una notoria amalgama genética entre lo más ancestral de la humanidad procedente de África, Europa y lo relativamente más joven de la población de Mesoamérica.

Una parte de la humanidad ha vivido por enésima vez la catástrofe; Esta vez fue el brutal sometimiento de los hombres de las costas de África y de los naturales de la entonces Nueva España  y por extensión de los territorio que serían colonias de España,  se trata de algo tremendo que fue un parte aguas para civilizaciones que no se conocían entre sí, hablamos de la trata de hombres  esclavizados sea africanos o naturales americanos para usarlos como mano de obra en una explotación inmisericorde, una historia nunca lo suficientemente contada.

Fue en las costas de uno y otro lado del inmenso océano Atlántico durante largos cuatro siglos, en donde se generó uno de los movimientos migratorios forzosos y despiadados más numerosos de la historia. Se estima que, en el transcurso de esos 400 años, una cantidad aproximada de veinticinco millones de cautivos, un número que se considera sólo con base en los registros legales, sin contar el tráfico ilegal de pobladores africanos, hombres, mujeres, niñas y niños fueron obligados a vivir la traumática experiencia de un viaje infernal e interminable.

Daniel Vidart hace un planteamiento en su trabajo “Negros bozales y negros criollos”

La “cacería” y apresamiento de esclavos tuvo lugar en las cercanías de los puertos de San Luis y Gores (Senegal), Boni y Nueva Calabar (Guinea), Elmira, Cabinda, Loango y Benguela (Angola), situados en el Atlántico. Lo mismo sucedió con los residentes relativamente próximos a Capetown (Ciudad del Cabo) y Sofala (Mozambique)

En el caso mexicano están claramente identificados los negros minas (sudaneses), mandingas (guineo-sudaneses islamizados), Congos, benguelas, angolas y mozambiques (localizados en el área de las lenguas y culturas bantús), existe un largo catálogo de nombres que deben ser purgados de su grafía imprecisa y, de paso, ubicados en el cuadro somático y cultural respectivo, dado que no se sabe si correspondían a denominaciones tribales, comarcales o locales o si eran producto de una errónea escritura derivada, a su vez, de una incorrecta dicción –o audición– del originario nombre africano.

La llegada de los primeros hombres de tez negra en la Nueva España, se realizó de manera simultánea a la guerra de conquista, sabemos que Hernán Cortes trajo entre su tropa a Juan Garrido, un esclavo africano, cristianizado en Portugal, que en 1519 contaba con 39 años de edad y con la experiencia de sus andanzas en la conquista de Puerto Rico y Cuba, logró sobrevivir a la encarnizada guerra de destrucción de Tenochtitlan y después de esa catástrofe para los naturales derrotados, al fallecer Pedro Garrido su dueño, el esclavo quedo en libertad, pero no recibió de la corona ningún reconocimiento por sus servicios y murió en la pobreza y en el anonimato.

Como parte de los acontecimientos de dicha guerra de conquista se registra la captura en junio  del año de 1520 en Zultépec, (“cerro de las codornices” localizada en  Calpulalpan, Tlaxcala),  de los miembros de una caravana integrada por más de 50 españoles y unos  350 indígenas aliados, esclavos negros africanos y mulatas, todos ellos  provenientes de la Villa Rica de la Vera Cruz que trasladaba valores y oro que Hernán Cortés quería mantener seguros,  era un grupo que llegó con Pánfilo de Narváez que traía entre otros encargos la consigna de colonizar.

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LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA

LOS ROSTROS DE LA RESISTENCIA
Por: José Antonio  Cruz Tlacuilo

El sabio verdadero:
Es cuidadoso y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la verdad, no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara, los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías, les da su camino, de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos; hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo
TOLTECA:
Artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón 1

A los mexicanos nos encantan las máscaras, pero poco entendemos en la actualidad la no mascara, ósea el rostro verdadero, las máscaras son para disimular, para el teatro antropocósmico, mientras el trabajo por generar un rostro autentico aún está en proceso. Hacemos el carnaval y las máscaras son los espejos de la desavenencia e incluso de la proyección. Finalmente, en un pueblo con siglos de colonia la máscara es la sobrevivencia a través de la simulación. En cambió la no máscara los rostros son forjados. En el caso de las naciones mesoamericanas, el rostro era el espejo pulido, labrado con esmero, creado desde el trabajo, la pasión, el deleite y el amor, dicho en palabras toltecas “aquello que viene del corazón”. El hombre con dignidad, con rostro verdadero es casi ya un accidente prodigioso.

La máscara engaña y aun esa sabiduría tolteca, tan sencilla se ha vuelto una máscara, lo “tolteca” en estos tiempos de mercadotecnia new age, también suele ser máscara estrambótica que con el acento chamánico tan en boga, desdibuja el rostro humano en equilibrio con el ser social, con la comunidad, con la naturaleza, como lo demuestran las enseñas del huehutlahtolli. Este nuevo “tolteca” new age, suele buscar lo sobre humano, lo mágico, lo sobrenatural y por lo tanto, lo especial, la perfección individual con dotes y particularidades exclusivas.

Pero aun en estos tiempos, hay rostros verdaderos de esa definición tolteca, hay rostros pulidos labrados con esmero, reflejo de la pasión de corazones. En el campo, en la ciudad. Los luchadores sociales, los que defienden el patrimonio cultural de la comunidad, los que luchan contra el despojo de los pueblos, esos que dicen “alguien lo tiene que hacer”, los curanderos que aun no queriendo la vida y la razón de sus pueblos los llevan a lo inevitable, no persiguen el don subiendo montañas o en ceremonias chamánicas trascendentales, el don es la comunidad, la cultura y en su persona su trabajo constante, la convicción, el camino de corazón, incluso el sufrimiento, el designio mágico, venido de la necesidad del clan, el don inscrito desde los antepasados, las ánimas. Lo mismo los creadores, forjadores de cantos, los que labran, los que escriben, los que conservan y enseñan la danza. En buena medida su rostro es el espejo de la comunidad y en ellas se refleja, de ahí la máxima zapatista mandar obedeciendo, Ramona es un ejemplo maravilloso de un rostro que aun escondido tras el pasamontaña era luminoso por que traía el trabajo propio y el reflejo de su comunidad.

Los rostros de las resistencias en las sublevaciones indígenas que han quedado en el imaginario la historia y la metáfora, el mito, son personas que llevaron o tomaron la acción de guiar un encargo colectivo, bien podríamos decir que estos rostros al final son la imagen de la lucha de un pueblo, aunque sean de una persona, en realidad no solo son ellos y al final son el icono de lo que el pueblo aspira, es, imagina y emplea. Paradigma Cuauhtémoc, que bien sigue siendo luz de muchos en muchas circunstancias, desde la recreación del mito de la entrega pura, hasta la metáfora astronómica de la puesta del sol, y más aún, de la luz encarnada en la imagen solar que se oculta al atardecer de una nación. O bien el ánima poderosa que guía las manos de curanderas como Pachita o los jefes concheros curanderos. Bien también como pegamento identitario de los despatriados de la antigua mítica y post moderna Áztlan sea Califastlan o Texastlan.

El rostro de Zapata, su mirar, independientemente de su valor personal, es rostro de la convicción y el dolor de un pueblo oprimido pero digno.

Otros rostros no menos luminosos, pero si menos conocidos como el de Tenamaztle encarnan también, la historia más negada aún, la de las comunidades alejadas o “menos civilizadas”, como los chichimecas, los rostros más anónimos aun de mulatos y cimarrones que fueron también muy activos en sublevaciones y alzamientos contra el esclavismo e independencia. Rostros controvertidos como los de Connin que negociaron que buscaron el beneficio estratégico de las alianzas para la sobrevivencia de sus clanes y mantener vivos sus costumbres. Los rostros los corazones como el de Kanec y sus mitos controvertidos, del delirio mesiánico, a la realidad de la sublevación contra la opresión o acaso el martirio como única posibilidad de salvación contra el esclavismo.

Pero el rostro de la resistencia sigue vivo, reside en esa raíz que sobrevive en el asfalto de las ciudades y da flores agrestes, y en los caminos que comunican con las comunidades, veredas y chozas en la mitad de las reservas donde han quedado las poblaciones que resguardan esos patrimonios, tangibles naturales e intangibles culturales.
Los rostros de la resistencia también, son los del resguardo y expansión de la riqueza cultural como la de la danza de los concheros que , asume cuando en necesario el origen antiguo, y salta el estigma del catolicismo y se asume como azteca, chichimeca o el genérico indio , y  se proyecta más allá de si mismo y su danza a encarnar el rostro de lo que pudo haber sido el esplendor de la danzas prehispánicas, y  después de haber tomado el atrio, recientemente sigue con esa si conquista, de tomar espacios públicos, los arqueológicos y simbólicos de la resistencia. 

Porque la sangre llama y convoca esa lucha por la identidad negada, se vuelca poderosa aunque con sus vicisitudes y surgen esos rostros, se van puliendo y van formando comunidad. Ella la mujer indígena, aún sin la lengua nativa  aun sin la tierra, es la resistencia más persistente, ella carga la más pesada de las opresiones, no por nada uno de los adjetivos más obscenamente clasistas y racistas, es el de gata, chacha, criada; las trabajadoras domésticas son casi en su totalidad de origen recientemente indígena. Y digo recientemente por lo evidente, porque su generación migrante suele ser más nueva, pero, ¿Cuántos de nosotros tenemos una madre o la abuela que vino del campo a la ciudad? y con orgullo decimos, que haciendo tal o cual de estas actividades nos sacó adelante.  Pero ellas como las artesanas, las cocineras de tlacoyos y las barrenderas son al mismo tiempo, las que mantienen vigente el amor sutil casi negado, casi silente por los orígenes y son las que con sus modos mantienen la fe y el respeto por lo sagrado, por los mayores, esos de los cuales venimos; aquellos merecidos por la penitencia de los dioses, el rostro más negado, pero al mismo tiempo el que más ha cuidado el rostro verdadero, lo cual se nos llena la boca de decir orgullosos, que la madre o la abuela pobre que tuvimos, nos inculcó valores y aunque no lo digamos con esas palabras, nos dio un rostro. 

1 Códice Florentino, traducción: Miguel León Portilla



Introducción del libro los Rostros de la Resistencia editado en el marco de la conmemoración de los 500 años de la toma de Tenochtitlan, en al año de 2021.

Libro aun disponible, en 160 pesos.
Portada del Libro los rostros de la Resistencia. Ed. Rostro y Corazón, y ed. Ce Acatl.