Archivo de la categoría: ¿QUÉ ES PARA TI LA DANZA?

Opinión, sentir, razón.

PEREGRINACIÓN de las danzas 2022

Por Tlacuilo Antonio:

Peregrinación 2022

El crisol está en el medio día, del segundo domingo de noviembre, en Tlatelolco, ahí se mezclan los sueños y los despertares. La vorágine de los que persiguen la redención, la paz, la guerra, el conocimiento, la identidad, el amor, la locura, la fe… la tradición. Mentes, corazones, los que andan, pero también los que cada año les miran desde las azoteas, desde los camellones, las aceras, la ventana del negocio donde trabajan; las señoras orgullosas de la raíz que nos es de todos, la raíz, que aunque ajena, no lo es tanto, es más ni es ajena, tan propia. Los fastidiados en los coches que sufren el trafical que provoca la peregrinación, pero ni tanto, ni tantos, muchos prenden el cel del face book live. El sefie del copiloto para el recuerdo, de esos, de los que duran los 10 likes. Día de sol otoñal, pleno pero grato. Este año el orden ansiado rinde frutos, aunque a muchos danzantes se les arrejuntan las prisas antes que todos sus danzantes. Las sahumadoras le van soplando a los carbones su trémula prisa, para que ya se termine que calentar el fogoncito pa´ consuelo del copal, aroma de la fe de la nación que nos ampara.

El caos tan nuestro tan precioso aunque a veces tan disruptivo y fastidioso pero no tanto, que qué tanto es tantito y menos si se puede vender alguito en la plaza de las culturas (“de las 3 caídas” como diría un taxista -no se si refería 1 al sitio de Tenochtitlan en 1521, 2 la matanza de Tlatelolco 1968, y al terremoto de 1985) plaza manchada de guerras de sangre y de flores.     

Ahí reunidos o reuniéndose u organizándose, ora sí que sobre la marcha. Andando y danzando para no hacer hoyo. Unos de galas con tremendos plumeros rayas plastas, luces grecas alegorías ciber mexicas otros de austera convicción o necesidad. Otros ni tanto ni menos. El bullicio de la plaza se va atenuando un poco en rezo, cantado y danzado o el zigzagiante paso de camino y las latas en su versión más remasterizada, ¿Será posible que se remasterice más?  La veneración cada vez más sofisticada y organizada a la LATA si con mayúsculas, es abrumadoramente evidente, la guerra florida, que ya sea con sangre, con canto o con danza, siempre tendrá el apelativo de florido, lo es ahora la guerra florida de las latas. Ahora ni el sol es suficiente para estirar el cuero del tambor de lata. Hace falta un tono más agudo, nunca se conforma esa necesidad de más y más decibelaje, que ahora la muestra de la guerra de las latas sobre el piso del camino y aun en el atrio, son las marcas de tizne de las fogatas de papeles que se usaron para calentar y calentar los cueros de los tambores, para que esa poética descripción desparezca ya “el ronco sonido del tambor” desaparecer a como de lugar el ronco sonido de los tambores, digo… pareciera… apariencias solo eso.

La primera peregrinación ya plenamente post pandemia se disfruta y se reciente. Todavía el año pasado se libró una batalla meritoria para que la peregrinación se realizara, pero no se logro entrar al atrio. Y digo se reciente por que hay un dejo de nostalgia por la memoria viva de estos dos años y medio.

El encuentro y el reencuentro, desencuentros seguramente. Los queridos y lo no tanto, las divisiones los intercambio de los ayoyotes sueltos, los que no son tan de qui ni tan de allá. Los que mantienen la esperanza de que su grupo sea la expresión más monolítica o al revés la versión más ecléctica. La moderación del selfie. Si curioso, pero desde mi perspectiva vi menos selfies al interior de la danza que en otras ocasiones quizás se esté moderando.

Los nuevos con el azoro de la mirada prístina el sentir virginal, de aquello que, aunque con los años se modula nunca desaparece del todo. Ese sentimiento de lo majestuoso de la devoción de la entrega de la fe.

El movimiento de la fe la esperanza y la pasión. De algo que nos viene de lejos en el tiempo, de algo que no del todo sabemos, pero pus lo entendemos a través de los sentires, la preservación de un legado, la persistencia de una identidad y el amor por la madre.

En el centro del universo.

En el centro del universo.

Ser danzante. Hasta hoy, tras un camino de largos años, me pregunto con sincera profundidad, que significa esto.

Como la gran mayoría de danzantes, he pasado por varias etapas o “pruebas” que la vida te impone para poder llegar hasta donde se nos tiene permitido. Soy un soldado más que se hace uno al momento de trazar el círculo de danza; no tengo palabra ni autoridad alguna, pero realmente ese anonimato ha sido tan significativo como satisfactorio, pues las pretensiones jerárquicas se han quedado fuera de mis objetivos, dando solamente cabida al aprendizaje.

Ayer danzamos en el populoso barrio de Chimalhuacán, Estado de México, lugar de tiempos antiguos, lugar de escudos.  Danza en honor a la Virgen de Guadalupe, Tonantzin-Tlalli-Coatlicue, venerable tierra, que acercándose su fiesta principal, tuvieron inicio las celebraciones en aquel lugar. “Fiesta chica”, como se suelen nombrar a algunas danzas, aunque en realidad, no hay fiesta chica, pues sea barrio, teocallis, la montaña  o el desierto, cada una lleva su mística, su singularidad y su gran investidura.

Sin embargo, en Chimalhuacán fue distinto; ningún turista como en el zócalo, atestado de güeros que cuelgan su cámara fotográfica en el pecho, listas para el “flachazo”. Aquí eran rostros morenos, cobrizos y con rasgos indígenas, pero mezclados con la urbanidad voraz de la Ciudad de México. Todos estaban contentos, pues la danza azteca estaba en su calle, en su espacio cotidiano. El altar de la Virgen contaba con ocho cuadros de la venerada morenita, además de dos Santo Niño de Atocha ataviados a la usanza conchera. Precario y hermoso, pues las miles de oraciones que se le han hecho a esas imágenes estuvieron presentes en todo momento.

Terminé cansada como nunca, pues me tocó la dura tarea de ofrendar la última danza en un momento crucial, ya que se estaba suscitando un connato de riña entre una docena de danzantes que habían llegado como invitados, contra nuestro general Cuauhtémoc Aranda. La situación estaba bastante álgida, a punto de los golpes, cuando de pronto se acercó hasta mí la capitana “Coneja” a decirme: “…El es Dios comadrita, armonice el  círculo con su energía y jálelos a todos a su danza…”. Entonces pasé al frente, con cara de niña asustada, preguntándome al mismo tiempo: “¿y ahora qué hago?, ¿Qué danza ejecuto?, ¿Cuál es la danza indicada para este momento?, y miraba los manoteos en aquella discusión, y miraba el círculo, a los danzantes que me esperaban para comenzar, los gritos, las exclamaciones…Solicite la danza de “fuego”, pues apenas alcancé a pensar: “fuego con fuego se apaga, tal vez se haga una llamarada más grande, pero si logramos armonizar nuestra fuerza, ellos son los que se tendrán que ir”.

Así que empezamos a danzar con una fuerza desbordante. En el transcurso de la ofrenda los contrarios decidieron irse; terminé cuando ellos se habían alejado por completo. La danza terminó ya entrada la noche, con un frío recalcitrante, aunque  a pesar de ello, el calor seguía encendido en el corazón, con una pregunta envuelta en llamas…¿Qué significa ser danzante?, porque conozco lo implícito, la obligación que conlleva estar en la tradición, la ofrenda, el rezo, la alabanza, la vida que se consagra a ella; sin embargo, lo misterioso en que se transforman esos pasos, esos cantos y esos rezos, nos llevan sin lugar a dudas a un camino siempre desconocido cuando se entrega la palabra, cuando la ceremonia llega a su fin, cuando vuelves a ser tal o cual persona, cuando esa ofrenda se alberga como todas las demás en tu corazón. Ser danzante es fuerza, es regocijo, pero sobre todo es la virtud de sabernos vivos, de habitar esta tierra…con cada gota de sudor, o el cansancio de los pies, nos recordamos una y otra vez que tenemos el maravilloso halo de la vida. Ser danzante es un recordatorio constante de la muerte. Ser danzante es andar un camino siempre inacabable e inabarcable. Ser danzante es agua y fuego…luz y oscuridad, porque somos humanos en la cotidianidad y casi santos al danzar…es llanto y nostalgia por el tiempo que pasa, bendito tiempo que te da el alma de guerrero, que te conecta con tu ser interno, con las ánimas que te antecedieron en el tiempo-espacio…

Tiempo, conocimiento y experiencia es una buena combinación para saber que en la vida las preguntas no se responden, sino solamente se viven y se descubren poco a poco, así que la pregunta seguirá en el aire, sin poder siquiera concretar ¿Qué significa ser danzante?…

Florjaguar.

21 de noviembre de 2010. Cd. De México.

Imagen autor: Pepe Lira. tomada del perfil de facebook de la autora del texto

EL ORIGEN DE LA DANZA historia y mito (CONVOCATORIA)

A investigadores, escritores, danzantes. 

Los invitamos a participar en el compilado de textos sobre el origen de la danza, de concheros, chichimeca, azteca, de conquista y en su vertiente de danza de mexicanidad. En una aproximación sobre los orígenes de dicha danza en cualesquiera de sus expresiones, sea este origen histórico, mítico o relatos de tradición oral o recreaciones posibles.