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El origen de la danza (fragmentos)

La danza y su origen


En la evocación y en el aliento, en el asidero ignoto de los ojos primeros que miraron el amanecer. Hasta allá en donde las fuentes históricas no alcanzan a documentar. “aquellas animas” a las que en la palabra los danzantes les refieren, “aquellas que nos legaron estas tradiciones”, esas que ya no alcanzan el nombre, que se pierden en el recuerdo y el paso del tiempo. El tiempo que aun al jade quiebra, y aunque sigue recordándonos lo perecederos que somos, no dispersa del todo en la memoria el aroma de lo que hace que el canto y la flor en el instante que florecen y abren la corola, se mantiene vigente el legado y el aliento vital de la oración del mito original.

¿De dónde viene la Danza? ¿Cuál es su origen?…


EL ORIGEN DE LA DANZA LA TOMA DE CONCIENCIA
José Antonio Cruz

Aquel domingo mentado me dirijo a él, un danzante, hombre menudo de unos 50 años, de quién Agustín ya me había hablado, después del saludo protocolario le suelto la pregunta ¿Jefe, cuando inicia la danza? no recuerdo si le pregunté que si en Sangremal o hice al alguna referencia, provocativa, ante el regionalismo que suelen tener los grupos y su versión tradicional, en este caso del valle de Toluca. El caso que se pone serio, después se sonríe y me dice que “fue antes, mucho antes … antes ¡miles y miles de años atrás!”.

Por un momento pensaba que estaba bromeando

     La danza apareció “cuando el hombre dejó de ser animal instintivo y pasó a ser animal racional”….

CONIN “El que hace ruido”

J. Alberto Coranguez Patiño

(Fragmento de la obra del mismo nombre)

           Es la primera semana de julio de 1531, en la planicie de Andamexey muy de mañana Conin y sus capitanes incluyendo a Hernán Pérez de Córdoba está a la espera de las señales de los chichimecas que anuncie la llegada de los intrépidos jefes de lo que se empieza a conocer como “la Gran Chichimeca”. Estos no se hacen esperar en el cerro más cercano en donde no hay vigías, se aparecen un grupo de guerreros chichimecas haciéndose notar con sus armas en la mano y con movimientos lentos depositan sus armas en el piso como señal de paz.

Es la señal de que se acercan los grandes jefes chichimecas Guamares, quienes se acercan parsimoniosamente, los jefes principales vienen por delante y a poca distancia dos decenas de Capitanes, todos han honrado su palabra y vienen desarmados, los anfitriones también están desarmados, son hombres valientes naturalmente unos y otros no vienen solos, sus contingentes a prudente no se dejan ver, pero están a la expectativa y en posición de entrar en combate si reciben la orden….

Santiago Apóstol y los rituales agrícolas.                                                                                                 
Origen y emblema de identidad en la Danza Conchera

                                                  María Cristina Córdova Ugalde3

Que es aquello que  yo miro
Que en cielo está
Es nuestro Señor Santiago
Del Cerro de Sangremal.

Y en Querétaro
y en México están
todas la conquistas
Del Cerro de Sangremal
(Fragmento de alabanza tradicional
)

Dentro de los muchos legados de la tradición mesoamericana se encuentran los rituales agrícolas; los cuales histórica y geográficamente se han ido definiendo y particularizando en cada región; para la zona centro y sur de la República donde surgieron culturas como las nahuas, otomíes, pames, matlatzincas tlahuicas, mazahuas (por mencionar algunas), dichas manifestaciones han ido conformado el eje de la unidad doméstica y colectiva.                                             

No todos los pueblos comparten las mismas

creencias ni identidad, sin embargo, todos disponen de una estructura ideológica y de valores que los ayudan a entender e interpretar el mundo; de tal manera que la figura del Santiago Apóstol ha sido receptáculo de varias identidades que dependiendo del contexto en el que determinada sociedad o grupo lo acogió como su emblema, ha justificado acciones, fundaciones y tradiciones. Esto a partir de la asimilación, reelaboración y refuncionalización tanto de símbolos como de ideas.

Para el caso de la fundación de Querétaro la figura de dicho santo conllevó a la reelaboración de tradiciones que se manifestaron en el ámbito dancístico; donde se encuentra la manera en que dicha figura se convirtió en un símbolo específico de la tradición Conchera – imagen que se ha tomado como el “Santo de los danzantes”-. Y aunque se ha sostenido que el origen (tanto mítico como histórico) de esta danza es Querétaro, Guanajuato también juega un papel importante en su conformación histórica, hipótesis que se sustenta a partir de la tradición oral manifiesta en las alabanzas interpretadas por los danzantes y en sus propios testimonios, así como en el análisis de fuentes históricas e iconográficas coloniales….

En el nombre de la cruz.

Temoatzin Tew, Fabián Frías. Profesor asociado UMK.

           Llegaba en su vochito1 blanco a todas partes. Antes de apagarlo, “ruuuuuuuuuuuuum, ruuuuuuuuum, ruuuuuuuuuuuuuuuum…”, fuerte, recio, escandaloso, incomodando. “No es necesario hacer eso, la máquina funciona bien”, decía mi maestro cuando lo escuchábamos y cada que él estaba por recibirlo en su casa. Mi maestro fue excelente mecánico, así que sabía lo que decía. Yo estaba muy chico, pero alcancé a darme cuenta: no es que fuera innecesario que tata Manuel hiciera eso, más bien, eso era la expresión de su propio carácter. Era él mismo entre revoluciones y potencia, estruendo, bujías, firmeza, anuncio y cierre. Ese era uno de sus gritos de guerra.

“Así llega y así se va, deja te lo presento”, dijo mi maestro. “¿Eres el mozo, el mocito de Fernando?”, sí mi General, quedo también a sus órdenes.

Mi maestro y él fueron grandes amigos, cercanos, confidentes y claro, compinches. Lloró mucho el día de la muerte de su hermano y yo quedé conmovido ese día y de esa partida ya que pocas veces en mi vida había visto lágrimas sinceras y profundas en un hombre. Así fue mi tata Fernando, le conocí las más hermosas sonrisas y también las lágrimas más honestas y sin dique. Papá lloraba como, creo ahora, se debe llorar.

Esta historia no es sobre tata Fernando, es sobre su amigo pero todo queda en un entramado singular. Aquí comienza, acelerando el motor de su auto para apagarlo y frente a mis ojos que, fortuna y destino, pudieron aprender un poco de él. Es el Capitán General Manuel Rodríguez Campos.

El Capitán General Manuel Rodríguez Campos es indígena de Sangremal, Querétaro. Ésta tampoco es la historia, pero el punto enfocará el total, ahora difuso. Él es heredero de múltiples objetos, pero los objetos, si bien no son la referencia única, bien que son la dicha y desdicha de quienes les quieren retener en prestigio o como validación de presencia inalterada. Y aun así, ésta aún no es la historia pero esto es clave de lo que ocurrirá después.

Tata Manuel hizo de su forma de vida un atrevimiento sin tregua o negociación y de esto, no hay quien juzgue ya objetivamente, quizá sólo quien hable de oídas, pero lo importante no es qué se dice ahora, sino qué realmente hizo nuestro General. De él escuché por primera vez, y para dar un ejemplo, el concepto de soberanía espiritual. “Nuestra liturgia Chichimeca, indiana.”…

Danza prehispánica.
(Fragmento  y adelanto)

Isidro Jiménez Ramírez

Danzo que danzo siempre danzaré

“La forma de establecer el vínculo con los dioses y espíritus era por medio de la danza y el canto en torno a una fogata.”

La invocación de los antepasados desde la velada hasta el cierre después de la danza, va entreverada al recuerdo de aquellos que han dejado las enseñanzas por generaciones sucesivas, que se amparan en ellas para su continuación y preservar la raíz de una identidad que se reinventa al paso de los siglos, desde las sociedades de tiempos antiguos hasta la actuales.

“todos los casos, la escenificación del mitote se llevaba a cabo en torno a una gran fogata pues el ‘fuego … siempre se enciende en el baile’ comenta Pérez de Ribas de ahí la necesidad de contar con abundante leña. La fogata se mantenía prendida hasta que terminaba el mitote. 47

   El comportamiento del culto a los ancestros es una devoción que trasciende por la historia, 48 existe sustrato de ello en términos que son comunes a las lenguas de las culturas que nos anteceden; náhuatl: teyolia / tonalli / ihiyotl; hñahñu: mbui / nzakim / ndähi; maya: o’hlis, / k´ínn / ikk, (corazón / calor /aliento-alma).49 Entidades anímicas en cuanto a la esencia de lo que somos en vida, lo que se manifiesta en lo que comprendemos de la vida y que se transforma ante el misterio de la muerte. Una noción y conocimiento que se transmite, al invocarles de esa forma se reivindica su origen y el nuestro.

“Lo anterior sugiere fuertemente que la creencia en estas tres entidades anímicas era un fenómeno panmesoamericano ya que se encuentra desde el norte hasta el sureste de esta región cultural y las referencias a ellas abarcan más de un milenio”50

    Los puntos de contacto y diferencia que se establecen entre las cosmovisiones de los nativos y la de los recién llegados, tiene vínculos de correspondencia a su vez que desentendimientos y rasgos totalmente distintos, lo que se adapta o adopta responde a lo que de mejor forma se traslapa en una concepción ya existente, la cual es de mucha raigambre y por tanto más común a todos las naciones en ese amplio mosaico pluricultural, con su diversidad de regiones así como forjado al paso de muchos siglos precedentes.51

“[…] El oficio divino o rezo diario de los sacerdotes es descrito como in tlatlatluhtiliztli, initlatlahutiloca in Dios” […] El Cielo empíreo es llamado ilhuicatl itic (interior del cielo), descrito a veces como “la casa de Dios”. El santisimo Sacramento es in teutlaqualli, “alimento divino” […]

Algunos términos se habían adaptado firmemente como mexicanos, a juzgar por su adaptación a las reglas gramaticales de la lengua náhuatl. Tal es el caso de “ánima”: tanima, animantzin, itlacoanimatzin, imanimashuan; […]” 52

    Las ánimas se les considera en la flor, en la ‘cuenta’, en las cruces, en los ‘parandes’ hasta el punto de trascender como esenciales para conservar y transmitir la danza, además de hacerse manifiestas y tener lugar durante la misma.

    Desde los mismos pasos de la danza (recordemos que el ‘permiso’ o ‘firma’ también se le conoce como ‘la persignada’53) a la forma elemental del tendido de flores y la armazón de madera en que se levanta, la cruz está siempre presente, incluso remata la parte superior de los ‘suchiles’ o parandes, recubiertos de cucharillas y ofrendas, en memoria de los antepasados. En los movimientos de la danza, junto con giros, pasos serpentinos, desplazamientos, cuentas elementales de simetría y geometría, la cruz es figura imprescindible y fundamental en varias ejecuciones….

El sentido de la conquista entre las hermandades de danzantes de la Santa Cuenta

A. Rafael Flores Hernández

Malinche abanderada

de todo corazón

y los indios jareros

delante la Santa Cruz

Como podemos apreciar en la estrofa citada, fragmento de uno de los cantos que se entonan para comenzar el rito de la danza entre las mesas concheras, la rememoración de algunos personajes y pasajes de la conquista son recurrentes en la narrativa de las danzas rituales de nuestros días. No es extraño que muchas de las narraciones presenten versiones alternas a las perspectivas institucionalizadas sobre los procesos históricos (por ejemplo, la enseñada en la escuela o la escrita por historiadores profesionales).

En el caso de varias de las denominadas Danza de la Conquista, como la danza de matachines en el norte de México o la danza de concheros en el Bajío y centro del país, la Malinche es reconocida como la gran conquistadora y fundadora del nuevo régimen, relegando el papel de Cortés y los españoles como artífices de la Conquista, hasta incluso llegarlos a desaparecer de las narrativas.

En el caso de las agrupaciones concheras, parte importante de su ideología se sustenta en el concepto de conquista. La visión sobre ésta se expresa en los cantos y largos discursos que acostumbran dar y escuchar en cada una de sus fiestas. De acuerdo con su propia versión, otomíes evangelizados, procedentes de Tlaxcala, marcharon hacia el territorio de frontera con los chichimecas en el siglo XVI, en donde actualmente se sitúa la ciudad de Querétaro, para llevar el cristianismo. La Malinche iba a la cabeza de aquel contingente, acompañando al capitán conquistador otomí y numerosos soldados. Ambos grupos, los otomíes y chichimecas se enfrentaron en una batalla que regó con sangre el cerro sagrado, montaña de origen, hoy conocido como Sangremal. Esta lucha concluyó ante la aparición portentosa de una cruz milagrosa, hierofanía con la cual se erigió el nuevo pueblo colonial….

El origen de los calpultin de la Danza Azteca-Mexica

Michelle Leisky

La Danza Azteca-Mexica se ha arraigado en las ciudades mexicanas y hoy en día es difícil imaginar festejos de eventos importantes en la historia azteca-mexica sin su presencia. Sin embargo, el rostro de la Danza Azteca-Mexica y los grupos de danza llamados calpultin empezaron a crearse hasta a partir de los años ochenta del siglo pasado. Aunque muchos danzantes Mexicas de hoy creen que la forma del ritual actual refleja sobre todo su legado prehispánico, surgió de la Danza Conchera aztequizada donde los elementos católicos fueron reemplazados o removidos.

Desde los años cuarenta del siglo pasado algunos danzantes concheros sentían la necesidad de cambiar las formas antiguas y “aztequizar” las danzas y la tradición. De allí la Danza empezó a tomar el rostro que conocemos hoy en día: se introdujeron elementos prehispánicos como los instrumentos –el huehuetl, atecocolli, teponaztli–, el atuendo azteca e incluso se optó por usar el náhuatl durante las ceremonias. Sin embargo, a pesar de esas reformas, la Danza Conchera seguía siendo un ritual sincrético muy ligado a la fe católica de la cual los primeros grupos de la Danza Azteca-Mexica se querían liberar.

Como los primeros danzantes Mexicas rechazaron la forma sincrética de la Danza Conchera, empezaron a crear calpultin modernos basados en la filosofía del Movimiento Confederado Restaurador de la Cultura de Anahuac (MCRCA) y la Danza Conchera. El término calpulli ya se usaba antes, no obstante, designaba centros de estudio y de enseñanza para los simpatizantes de la Mexicanidad, pero con el paso de tiempo su uso se extendió a los grupos de danza de la Mexicanidad o sea a la nueva vertiente de la Danza Azteca-Mexica. En el desarrollo de los calpultin jugaron un papel fundamental los primeros grupos de la Danza Azteca-Mexica formados en los años ochenta que pusieron bases para las futuras prácticas rituales de los Mexicas.

Entre los grupos pioneros de la Danza Azteca-Mexica destaca el grupo Tloque Nahuaque, de los finales de los setenta y principios de los ochenta, encabezado por el jefe Cuauhtemoc Mosqueda, fundador también del grupo posterior Huehuecoyotl. Cuauhtémoc Mosqueda, originario de la Ciudad de México, fue uno de los primeros danzantes aztecas-mexicas en Zócalo en los finales de los setenta (CM. Entrevista telefónica. 2 de abril 2021; JACR. Entrevista telefónica. 17 de abril 2021; JG. Entrevista telefónica. 12 de abril 2021)..

EL ORIGEN DE LA DANZA

Brenda Lili Sánchez “Xochiocelotl

                                                0

Antes de la luz, fue la obscuridad. El vasto universo estaba lleno de confines sombríos y lastimeros, de una belleza incomparable a pesar de la ausencia de color y brillo. La obscuridad era el portento y el sostén. El mando, el camino, el destino.

Antes de la obscuridad fue la Nada. Mas la Nada, poseía partículas de vida, moviéndose de un lugar a otro, envueltas en un gran cuerpo volátil y etéreo, sin forma, expandiéndose de manera vertiginosa hasta llegar a todos los planos de lo que después llamaríamos universo.

La obscuridad por sí sola no podía vivir por mucho tiempo. Su densidad era apabullante, pesada, fuera de control y dispuesta a seguir creciendo.

Fue entonces cuando empezó a moverse con gracilidad, intentando equilibrar esas sombras, la masa espesa, para llevarla a su momentánea morada.

Cuando la obscuridad movía su densidad, una chispa se iba encendiendo hasta hacer surgir la gran luz.

De la danza de la obscuridad, la primera ofrendada al universo, surgió la luz…


Apuntes sobre Coatlicue.

El Viento del Norte.

Por Tlacuilo Antonio Cruz

Como sabemos en el lugar donde actualmente se venera a la Guadalupana, antes de su “aparición” se veneraba a Coatlicue o alguna de las tantas advocaciones maternas como Cihuacoatl o Chicomecoatl. En todo caso a la representación de la madre de los dioses o sea a la madre cósmica. Advocación absoluta de la maternidad. Es por esto la veneración actual de la Guadalupana sea en realidad una continuidad de la veneración prehispánica. El mito mexica del nacimiento del Huitzilopochtli del vientre casto de Coatlicue[1] nos ahonda la certeza de la elección del lugar y reafirma la continuidad de la veneración antigua.

Con toda certeza el lugar fue además un lugar de observación astronómica y sus cualidades hídricas por supuesto importantes, son parte de la elección del lugar para erigir tan importante santuario, desde el manantial que sirvió de afluente para dar de beber por siglos los pobladores de Valle de México. Restos del  acueducto que iba del lugar a Tlalnepantla siguen dan testimonio aún. Además de estar en la orilla del lago a la Guadalupana se le atribuyó la capacidad de controlar la lluvia acaso porque su veneración ha sido dentro del periodo de secas. De hecho hay un acontecimiento histórico que al parecer ayudó a la consolidación de su veneración y fue que en las inundaciones de la ciudad de México entre los años 1629 y 1634 la imagen fue llevada a la catedral Metropolitana para que bajara el nivel de las aguas. Luego fue regresada al Tepeyac acompañada de danzas[2], de ahí que muchos supongan que desde esa vez inician las peregrinaciones de las danzas de concheros. Sin embargo no será sino hasta 1948 que la danza propiamente de concheros inicia la ahora concurrida y muy importante peregrinación que desde entonces y cada año se realizan desde Tlatelolco a la Villa de Guadalupe, cada segundo domingo de noviembre. Con una participación muy importante, miles de danzantes nuevos se adhieren a las filas encabezadas por las palabras fundadoras de la peregrinación en aquel 1948. La danza de concheros seguramente comenzó a ir a danzarle a la Guadalupana desde su arribo a la ciudad y valle de México, Sergei Einseistein, gravó escenas de la danza en el año de 1930-31 donde se ve el arribo de la danza de concheros al santuario[3], resalta entre otras cosas el atuendo de “patio” usado por los danzantes, este atuendo al parecer apocope de tapatío, fue utilizado para atenuar la persecución que sufrían los danzantes en plena guerra cristera, así como el uso de la bandera mexicana, darle un carácter laico y deslindarse de los cristeros y dejar de ser víctimas del acoso gubernamental. La danza de concheros forma parte importante de los festejos y recientemente ha participado activamente en las misas que se dan la noche del 12 de diciembre.                    

Apuntes sobre Coatlicue

Los danzantes aztecas o mexicas[4] relacionan a Coatlicue, invariable y casi exclusivamente con el concepto de la Madre Tierra. Quitandole con ese hecho una dimención más «cósmica» o  más amplia del concepto de maternidad. Esta vision ecológica y materialista, es cierta pero reducida. Se le ubica y relaciona con un ente concreto la Tierra (el planeta o el elemento). En la veneración actual de la virgen de Guadalupe (si algo tuviera que ver con Coatlicue) vemos que la facinación por este arquetipo materno es más ámplio y no solo, o más allá del aspecto de dadora de alimento y fertilidad agricola. Acompaña desavenencias emocionales, espirituales.

En Mesoamerica como en la mayoria de las culturas antiguas el dios, principio generador, energía primigenia… es dual, doble, materno-paterno, femenino-masculino, activo-pasivo… Ad infinitum… Me parece que Coatlicue es una representación del aspecto materno cósmico, con todo lo que ello conlleva, es representacion de Omecihuatl, por ser la madre de los dioses. La Coatlicue es… si amor y dulzura (como se le suele reducir), pero además, ira y tragedia. Los terremotos huracanes y cuantas «catastrofes» naturales más, están presentes desde endenantes que el hombre pudiera causar calentamientos globales.  Efectivamente esta dinámica de amor-ira, armonía-desastre son puestas en escena del devenir constante de los ciclos cósmicos. La Coatlicue resume de manera rotunda esta concepción sobrecogedora que evidencia lo frágil de lo humano ante lo misterioso de la creación y su manifestación siempre inquietante.

La escultura de la Coatlicue es…

«Algo mucho más complejo que simplemente la deidad de la Tierra, y si es que debe interpretarse como tal, en todo caso se trata de la deidad de la tierra en complejas relaciones con toda una serie de deidades y de mitos cosmológicos y con el genero humano» 

«simboliza la Tierra, pero también el Sol, la Luna, la Primavera, la Lluvia, el alumbramiento, la vida, la muerte, el sacrificio humano necesario, la humanidad, los dioses, los cielos y elPrincipio dual creador supremo; ademas, las estrellas , Venus , y bajo las plantas de sus garras hay un relieve que simboliza a Mictlantecuhtli, el señor de la noche y del mundo de los muertos, alli donde va el Sol al morir por la tarde, para librar su batalla con las estrellas y resurguir al día siguiente. Coatlicue es toda una cosmovisión labrada en piedra… es la más alta concepcion del universo que pudo alcanzar el antiguo mundo indígena”[5]

¡Zas! ¿Qué decir? está descripción trastoca ese concepto limitado aunque más cercano a nuestros valores actuales “sintetisados” y ¿claros?  La forma (prehispánica) de ver el mundo nos es muy complicada. Es una de las razones por la que historiadores arqueólogos y antropólogos, se hacen bolas y se enredan ¿cómo definir las iconografias mesomericanas? Si se toman valores occidentales muy “racionales y lineales” efectivamente es un reverendo desmadre. Acostumbrados a decir: la diosa del amor, la diosa de la agricultura, el dios de la guerra, en cambio nuestras arquetipos autóctonos, muy humanos, ante nuestra visión racionalista, son confusos, contradictorios y relativos. Estas representaciones tienen atributos de muchas manifestaciones energéticas, simbolos de una y de otra, atributos de deidades incluso contradictorias. Haciendo un rompecabezas para desquiciar al más cuerdo teórico. La Coatlicue resume atributos de diferentes deidades sobre todo femeninas. Quilaztli, omecihuatl, chicomecoatl. Si utilizamos un recurso lógico, si Coatlicue es la diosa madre y si le ponemos el atributos de estas representaciones diariamos: Coatlicue Madre vegatacion, Coatlicue madre cielo, Coatlicue madre tierra, Coatlicue madre mujer dual. Coatlicue madre sabiduria.

El relieve que suelen tener las Coatlicues abajo (si acostamos el monolito veremos en las plantas de sus pies esculpida una imagen facinante), Tlaltecuhtli, literalmente algo así como “señor tierra” o “señor de la tierra”, Vemos así la dualidad femenino-masculino. Es representación del sol tragado por la tierra al desender por el poniente y por ello relacionado con Tzontemoc “el que deciende cabeza” (metafora que representa la puesta del sol) la muerte del sol y su posterior nacimiento como sol de la mañana: Huitzilopochtli. Representa también la vida bajo la tierra, por ello suele acompañarse con animalillos que habitan dentro de la tierra y que se encargan de descomponer la materia que entra al ceno de la tierra, como ciempies, lombrices, cochinillas. La etepa del otoño-inverno  (tiempo de veneración de los iconos femeninos como la Coatlicue) es cuando la vida deja de estar en la superfice terrrestre y se refugia en el ceno telúrico (inframundo, reenviando hacia otro de los aspectos de la deidad como Mictalcihuatl).    

Evoca Paz los avatares del descubrimiento e inmediato recubrimeinto de la Coatlicue: a fienes   del siglo XVIII se la desentierra y se decide volveral a enterrarla para que no avive  las antiguas creencias de los indios. Vuelta a desenterrar después de la independencia, la Coatlicue sigue siendo una mole que incomoda  a las buenas conciencias, que produce «curiosidad y bochorno», y su traslado a diversos lugares marca «los cambios de sensibnilidad que hemos experimentado durante los últimos cuatrocientos años», por lo que la Coatlicue parsará, en la consideración pública, «de diosa a demonio, de demonio a monstruo, de monstruo a obra maestra»[6]

La relación mexicana con Coatlicue ha sido fluctuante. Creo que la evolución de la aceptación al monolito no ha sido concluida. En una sociedad cada vez más secular, la Coatlicue ofrece un referente que grupos e individuos con una fuerte opocición al catolisismo, la tomen como emblema contra la «imposicion» católica. Iconograficamente pero sobre todo plásticamente la virgen de Guadalupe y Coatlicue son equidistantes entre una visión piadosa y una terrorifica (utlilizando modelos occidentales y de la cultura dominante sobre estética y simbolismo). Los nuevos derroteros ideologicos y religiosos (espirituales dirian los interpelados),  trastocan las consideraciones de Paz. Efectivamente a raíz de la llegada de los nuevos movimientos espirituales y políticos (o culturales) del último cuarto del siglo veinte. El acercamineto a la Coatlicue se tornó más rico y complejo. La visión, de los primeros mexicanistas, era según ellos “científica” dicho de otro modo “materialista” utilizando un modelo de análisis muy en boga de los movimientos políticos alternativos de la época “el materialismo dialéctico”. La otra, venida de la expresión New Age, que retoma elementos rituales y simbólicos de las culturas autóctonas de toda región mundial y los explica con modelos análogos, usando una especie de regla comun, asi pues entre Siva y Cotlicue las diferencias solo son la estética de cada región (un apecto más de la globalización que tiende a reducir las diferencias culturales) Sin ninguna dificultad hacen de Coatlicue y al virgen de Guadalupe una sola representación. La imagen de Coatlicue continúa ofreciendo alternativa ideológica filosófica y cultural. Parafraceando a Paz diriamos: la Coatlicue pasó de diosa a demonio, de demonio a monstruo, de muonstruo a obra maestra y recientemente de obra maestra a tratado cientifico (según los mexicanistas) o a madre global (según los mexicanistas new age)          

Descubriento de la Coatlicue

El 13 de agosto de 1790 unos trabajadores la encontraron en el extremo sur oriente de la actual plaza de la Constitución. Meses después, diciembre, encontraron el «Calendario Azteca». Se dio en la aceptacion de ambas, medio esquizoide. Por un lado la Coatlicue fue vuelta enterrar unos años depués por miedo a la aceptación y curiosidadd de los nativos que acudian a verla, lo que inquietaba al poder novohispano que fuera un incentivo a regresar a las prácticas rituales paganas. En cambio la Piedra del Sol fue puesta a la vista pública en el costado poniente de la catedral Metropolitana, como muestra de la grandiosidad antigua de los nativos, movidos claro por cuestiones políticas cada vez más abiertas de marcar la raya de los independentistas criollos con los Hispanos. Es decir que al igual que la Guadalupana en su momento fue emblema de identidad nacional para criollos, quienes ávidos de legitimidad territorial la utilizan para evidenciar que aunque españoles eran mexicanos, la Piedra del sol fue un equivalente para enorgullecerse de un pasado glorioso. No asi la Coatlicue. La Coatlicue ha representado (cada vez menos) el referente del supuesto “salvajismo azteca” asi como la piedra del Sol ha sido la evidencia del refinamiento científico.


José Antonio Cruz Tlacuilo

Bibliografía:

Christopher Domínguez Michael, Vida de Fray Servando/ Fray Servando’s Life


[1] Historia general de las cosas de Nueva España (Sahagún 2000, lib. III, cap. I, vol. I, pp. 300-302)

[2] https://culturacolectiva.com/historia/inundacion-de-mexico-1629-por-5-anos/

[3] Las escenas del célebre cineasta ruso formaban parte del proyecto fílmico llamado ¡Que viva México! proyecto quedó inconcluso, pero que luego de la muerte del cineasta se concluyó: https://www.youtube.com/watch?v=uoGt5p8l9A8  

[4] Me refiero a los danzantes que no son concheros y que asumen su danza como cultural, de mexicanidad, a la que han tratado de deslindar de la influencia católica que tienen  los cocheros.

[5] Justino Fernández, Arte Mexicano, p. 45

[6] Octavio Paz: la dimensión estética del ensayo Escrito por Enrico Mario Santí, Héctor Jaimes

La advertencia de Sahagún.

Una controversia sobre la adoración de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.

Lic. Canek Estrada Peña, Danza azteca del Sr. Xiuhtecuhtli, C.U.

Ahora que estamos próximos a la fecha en que los mexicanos en general- y con especial fervor los danzantes de tradición- veneramos a la Virgen de Guadalupe, me gustaría retomar un texto que, a pesar de ser ampliamente conocido y citado con frecuencia, no deja de invitar a la reflexión y al replanteamiento de nuestra espiritualidad dentro de la danza.

Nosotros en la actualidad asistimos al pie del cerro del Tepeyac con la certeza de que este es el santuario de la Virgen María en su advocación Guadalupana, y los creyentes de la fe católica están convencidos de que la Iglesia Católica reconoce y aprueba estas manifestaciones de fe de manera “oficial”. Incluso, es un bastión importante para la propagación de la fe no sólo para México, sino para toda América Latina (y de ahí una de tantas razones por la cual se dieron las visitas papales, así como la presión en las altas esferas de la institución para la canonización de Juan Diego).

Esto no siempre fue así. El cerro del Tepeyac fue tema de desacuerdos y controversias entre los frailes evangelizadores que arribaron después de concluida la guerra de conquista en Tenochtitlan.  Los textos que se conservan que relatan la aparición de la Reina de México en este cerro (de entre los cuales destaca el llamado Nican Mopohua…, redactado alrededor de 1556) son explícitos al señalar que este lugar fue donde se dieron las cuatro apariciones, y que la razón de estas era el dar el mensaje al obispo Zumárraga de que era su voluntad que se le hiciese un templo en este mismo lugar. Pero el hecho de que el ya mencionado Nican Mopohua haya sido publicado en letras de imprenta junto con otros textos guadalupanos que conforman una obra llamada Huey Tlamahuizoltica… hasta el año de 1649 no es casual. Es en este tiempo cuando comienza el auge del culto a esta advocación de la Virgen, pues antes de esta época, se trataba de un culto reservado sobre todo a los indígenas y no era muy popular entre los españoles criollos. 

En el siglo XVI, el fervoroso culto que recibía la Guadalupana era objeto de sospechas y suspicacias entre algunas personalidades de la conquista espiritual venidas de España. Uno de ellos fue el conocido Fray Bernanrdino de Sahagún, quien entre 1540 a 1585 recopiló por medio de sus informantes la obra más exhaustiva de la época acerca de la vida y las costumbres de los nahuas del centro de México, Historia general de las cosas de Nueva España. Esta obra monumental tenía la función original de ser una especie de manual para los evangelizadores a fin de que pudieran identificar las “idolatrías” entre los naturales, y de esta manera combatirlas más eficazmente. Si bien no podemos (ni debemos) negar el valor de carácter enciclopédico y erudito de dicho compendio de aspectos muy variados de la vida de nuestros ancestros, tampoco podemos perder de vista sus motivaciones.

Respecto de las ceremonias que se celebraban en la Villa, hace referencia en el libro XI, capítulo XII, en el cual hay una nota que dice:

 Habiendo tratado las fuentes, aguas y montes, parecióme lugar oportuno para tratar las idolatrías principales antiguas que se hacían y aún se hacen en las aguas y los montes…

…Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde se solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lexas tierras. El uno déstos es que aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llámanle Tepeaquilla, y agora se llama Nuestra Señora se Guadalope. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonanzin, que quiere decir “nuestra madre”. Allí hacían muchos sacrificios a honra desta diosa. Y venían ellos de más de veinte leguas de todas estas comarcas de México y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas. Era grande concurso de gente estos días, y todos decían: “vamos a la fiesta de Tonanzin”. Y agora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalope, también la llaman Tonanzin, tomada ocasión de los predicadores que a nuestra señora la madre de Dios llaman Tonanzin. De donde haya nacido esta fundación desta Tonanzin no se sabe de cierto; pero esto sabemos cierto que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonanzin antigua, y es cosa que se debería remediar, porque el propio nombre de la madre de Dios, Sancta María, no es Tonanzin, sino Dios inantzin. Parece esta invención satánica para paliar la idolatría debaxo equivocación deste nombre Tonanzin.

Y vienen agora a visitar a esta Tonanzin de muy lexos, tan lexos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no va a ellas, y vienen de lexos tierras a esta Tonanzin, como antiguamente…

A continuación, explica que en esos años hubo dos casos similares que llamaron su atención: el de la imagen de Sta. Ana en el convento de Sn Francisco en Tlaxcala, en donde decía que los naturales adoraban a Toci; la relación que aquí encuentra es que Toci significa “nuestra abuela”, y Sta. Ana fue la abuela de Jesus. El otro caso es el de la imagen de Sn Juan Bautista de Tianquizmanalco, que estaba en el pueblo de Calpa, al pie de los volcanes, de quien menciona que servía como pretexto para adorar a Tezcatlipoca en su advocación de Tepuchtli; ya que se decía que Juan Evangelista murió virgen, y por eso le decían “San Juan Tepuchtli”. Termina esta nota diciendo:

Y la devoción que esta gente tomó antiguamente de venir a visitar estos lugares, es que como estos montes señalados en producir de sí nubes que llueven por ciertas partes continuamente, las gentes que residen en aquellas tierras donde riegan estas nubes que se forman en estas sierras advertiendo que aquel beneficio de la pluvia les viene de aquellos montes, tuviéronse por obligados de ir a visitar aquellos lugares hacer gracias a  aquella divinidad que allí residía, que enviaba el agua, y llevar sus ofrendas en agradecimiento del beneficio que de allí recibían. Y ansí los moradores de aquellas tierras que eran regadas con las nubes de aquellos montes, persuadidos o amonestados del Demonio o de sus sátrapas, tomaron por costumbre y devoción de venir a visitar aquellos montes cada año en la fiesta que allí estaba dedicada, en México, en la fiesta de Cihuacóatl, que también la llaman Tonanzin; en Tlaxcalla, en la fiesta de Toci, en Tianquizmanalco, en la fiesta de Tezcatlipuca. Y porque esta costumbre no la perdiesen los pueblos que gozaban della, persuadieron a aquellas provincias que veniesen como solían, porque ya tenían Tonanzin ya Toci y al Tepulchtli que exteriormente suena, o les ha hecho sonar a Sancta  María y a Sanctana y a San Juan Evangelista o Babtista, y en lo interior la gente popular que allí viene está claro que no es sino lo antiguo, y a la secuela de lo antiguo vienen. Y no es mi parecer que les empidan la venida ni la ofrenda; pero es mi parecer que los desengañen del engaño de que padecen, dándolos a entender en aquellos días que allí vienen la falsidad antigua, y que no es aquello conforme a lo antiguo.

De esta manera, el padre franciscano advierte a los demás propagadores de la fe católica acerca de que las peregrinaciones y fiestas a las que asistían lo indígenas en estos lugares eran motivadas por las costumbres y la cosmovisión que tenían de antaño, y no por una verdadera devoción hacia la religión impuesta por los españoles. En su opinión la adoración a la Virgen de Guadalupe se podía hacer desde cualquier iglesia, y que no era necesario venir hasta el cerro del Tepeyac, incluso desde lugares distantes, como ocurría en su época; pues esta práctica obedecía con mucha seguridad a la continuidad de las ceremonias agrícolas con las que se agradecía a los cerros el haber dado la lluvia y por ende las cosechas necesarias para la subsistencia de estos pueblos. 

Aunque concluye con mucha cautela que no está en contra de que se sigan visitando estos lugares, indirectamente lanza la acusación de que estas fiestas son motivadas por el Diablo y por sus sátrapas, más que a Virgen o los santos. Esto nos evidencia algunas cosas dignas de notarse: en primer lugar, que fueron los mismos indígenas los que integraron a los santos dentro de su cosmovisión y a las prácticas rituales que conservaban de antaño con referencia al ciclo agrícola del cual subsistían, y que la sustitución de símbolos religiosos en poco transformó el sustrato realmente importante del pensamiento antiguo. En segundo lugar, este texto da a entender que cierto sector clerical no estaba convencido del “milagro” que había efectuado la Virgen; pues a pesar de que habían pasado más de cinco décadas desde las supuestas apariciones, todavía levantaban sospechas sobre si las celebraciones hechas en La Villa de Guadalupe obedecían a una “idolatría” y no a una celebración cristiana.

El fervor con el que se adoró a esta advocación de María dentro del catolicismo “oficial” se daría muchos años después, cuando esta se convirtió en un símbolo de identidad para los habitantes de la Nueva España primero, y después entre los que abrazaron la idea de una patria mexicana emancipada. Hoy día queda poco recuerdo de su papel como dadora de los beneficios de la tierra entre los sectores urbanizados y desmemoriados que ya no tienen el trabajo de la milpa como actividad de subsistencia, e incluso su imagen es enarbolada por aquellos grupos católicos extremistas que combaten derechos civiles como la diversidad sexual o la libre elección de las mujeres sobre su cuerpo, sectores de la ultraderecha reaccionaria, entre otros similares. Pero vive en el recuerdo de las comunidades indígenas de nuestro país su papel primordial como la Santa Tierra, la Diosa Madre, como se quiera llamar: wixarikas, nahuas, otomíes, etc; para todo ellos La Villa es un lugar sagrado, y la Virgen ocupa un papel fundamental en sus historias sagradas. Los danzantes de tradición hoy día asistimos a La Villa y poseemos la imagen de la Guadalupana en nuestros altares, pero a veces algunos olvidan la visión del mundo que tenían nuestros ancestros que nos heredaron estas costumbres, y no hablo de los prehispánicos precisamente, sino de aquellos que incluso no están más distantes de nosotros más de dos generaciones y que practicaban aún muchas costumbres de la gente antigua, y que hoy repetimos a veces de manera mecánica en nuestras velaciones. Nuestros compadres, a veces en su afán de mostrarse muy “católicos” se manifiestan con frecuencia en contra de la “idolatría”, pero creo que antes de levantar juicios contra los danzantes de la mexicayotl, deberíamos recordar que nuestras tradiciones alguna vez también recibieron el mote de “idolatrías”. Recordemos.    

Referencias:

León Portilla, Miguel.  Tonanzin Guadalupe: pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican Mopohua”. Colmex, FCE, México, 2002.

Sahagún, Fray Bernardino de. Historia general de las cosas de Nueva España, paleografía, estudio introductorio y notas de Josefina García Quintana y Alfredo López Austin, tres tomos, Cien de México, CONACULTA, México, 2000.

EL ORIGEN DE LA DANZA

PRÓXIMAMENTE:
 De lo mítico e histórico; de lo arcaico, lo conchero, a la mexicanidad.
Compilado:
Fabián Frías; Alberto J. Coranguez; María Cristina Córdova Ugalde ; Isidro Jiménez Ramírez ; A. Rafael Flores Hernández, Michelle Leisky; Brenda Lili Sánchez “Xochiocelotl” y el compilador José Antonio Cruz Rodríguez.

Danza prehispánica.
(Fragmento  y adelanto)

Isidro Jiménez Ramírez

Zacatan, zacatan, zacatan 70 tan tan tan

    En la mitad del siglo XVI se transformaría todo de lo que era una cosmovisión, los rituales donde se incluían danzas (resultado de un acervo de siglos precedentes) va modificándose, mimetizándose y mezclándose entre las distintas prácticas de las etnias nativas. Lo nahua-ñhañhu lejos de diferenciarse como vertientes excluyentes en su historia, más bien se incluyen y se entrelazan al tiempo que desarrollan rasgos propios.71 Lo que seguiría entonces en el siglo XVI y XVII sería una mayor interacción con poblaciones purépechas y chichimecas, así como con la población llegada allende del mar (ibéricos y afroantillanos) junto a la gran cantidad de castas que surgirían en dicha sociedad estamentada.72 Esto respecto a lo que en su raíz concierne a la danza que ahora nosotros conocemos como azteca chichimeca.

   La costumbre de preservar la historia mediante pintura, canto y danza es evidente en los vestigios de los antepasados por lo que las danzas tradicionales son una forma de escritura etérea, conservada mediante el movimiento y la música. Su carácter colectivo es relevante al considerar quienes son en un principio sus cultivadores, o como se aprendieron, o de donde se tomaron, si las ‘enseñaron’ los frailes o son parte de una continuación, rasgo característico preservada en las sociedades indígenas que las conservan y les dan forma. Un variado acervo que se transmite y es recompuesto en la época novohispana.

   Es una característica de la época virreinal la gran cantidad de población indígena que la componía respecto a los españoles que la habitaban, una reconfiguración social en la segunda mitad del s. XVI y primera mitad del XVII,73 es el tiempo cuando en muchos saberes hubo una amalgama de conocimientos, costumbres y hábitos entre la sociedad que se desenvolvía en ese tiempo. La población indígena continua entre la adaptación y la resistencia, aunque para el periodo novohispano tardío el tono de su trato con los peninsulares se ha modificado respecto al inicio de la irrupción hispánica, pues ha dado lugar al resignificado de sus contenidos, los ha considerado, adaptado o evadido al tiempo que pertinaz se reitera la memoria de los antepasados.

   Considerar la procedencia de las danzas que conocemos como ‘azteca chichimeca’, respecto a sus formas coreográficas, pasa desde suponer que se debe a los frailes su inserción en los teatros de masas y como tal una procedencia de la península ibérica,74 hasta la cuantiosa cantidad de menciones sobre la afición y habilidad por la música y la danza que reconocieron los religiosos en los ‘naturales’, así como su decisión de auxiliarse de ello e intentar darle acaso una dirección discursiva.

    Al ver lo mucho que con ello era para su solaz y forma propia de venerar, decidieron «dejar que siguieran con ello» es lo que se menciona muchas veces, no señalan que «entonces les enseñaron a danzar», la situación nos lleva a plantear: ¿quiénes detentaban la habilidad para la danza, la música y la veneración religiosa mediante la misma?, ¿se distinguían acaso los frailes por ser excelentes danzantes?, ¿los españoles tenían interés en mostrarse como hábiles ejecutores de danzas y que fueran mejor o incluso tuvieran mayor su conocimiento en esa materia frente a la población nativa?…75

“‘Aunque muchas de estas danzas se hacían en honra de sus ídolos,’ [Joseph de] Acosta insiste que el »baile« para los indígenas es más bien un regocijo o placer y, por lo tanto, ‘no es bien quitárselas a los indios, sino procurar no se mezcle superstición alguna.’ […]

PEREGRINACIÓN de las danzas 2022

Por Tlacuilo Antonio:

Peregrinación 2022

El crisol está en el medio día, del segundo domingo de noviembre, en Tlatelolco, ahí se mezclan los sueños y los despertares. La vorágine de los que persiguen la redención, la paz, la guerra, el conocimiento, la identidad, el amor, la locura, la fe… la tradición. Mentes, corazones, los que andan, pero también los que cada año les miran desde las azoteas, desde los camellones, las aceras, la ventana del negocio donde trabajan; las señoras orgullosas de la raíz que nos es de todos, la raíz, que aunque ajena, no lo es tanto, es más ni es ajena, tan propia. Los fastidiados en los coches que sufren el trafical que provoca la peregrinación, pero ni tanto, ni tantos, muchos prenden el cel del face book live. El sefie del copiloto para el recuerdo, de esos, de los que duran los 10 likes. Día de sol otoñal, pleno pero grato. Este año el orden ansiado rinde frutos, aunque a muchos danzantes se les arrejuntan las prisas antes que todos sus danzantes. Las sahumadoras le van soplando a los carbones su trémula prisa, para que ya se termine que calentar el fogoncito pa´ consuelo del copal, aroma de la fe de la nación que nos ampara.

El caos tan nuestro tan precioso aunque a veces tan disruptivo y fastidioso pero no tanto, que qué tanto es tantito y menos si se puede vender alguito en la plaza de las culturas (“de las 3 caídas” como diría un taxista -no se si refería 1 al sitio de Tenochtitlan en 1521, 2 la matanza de Tlatelolco 1968, y al terremoto de 1985) plaza manchada de guerras de sangre y de flores.     

Ahí reunidos o reuniéndose u organizándose, ora sí que sobre la marcha. Andando y danzando para no hacer hoyo. Unos de galas con tremendos plumeros rayas plastas, luces grecas alegorías ciber mexicas otros de austera convicción o necesidad. Otros ni tanto ni menos. El bullicio de la plaza se va atenuando un poco en rezo, cantado y danzado o el zigzagiante paso de camino y las latas en su versión más remasterizada, ¿Será posible que se remasterice más?  La veneración cada vez más sofisticada y organizada a la LATA si con mayúsculas, es abrumadoramente evidente, la guerra florida, que ya sea con sangre, con canto o con danza, siempre tendrá el apelativo de florido, lo es ahora la guerra florida de las latas. Ahora ni el sol es suficiente para estirar el cuero del tambor de lata. Hace falta un tono más agudo, nunca se conforma esa necesidad de más y más decibelaje, que ahora la muestra de la guerra de las latas sobre el piso del camino y aun en el atrio, son las marcas de tizne de las fogatas de papeles que se usaron para calentar y calentar los cueros de los tambores, para que esa poética descripción desparezca ya “el ronco sonido del tambor” desaparecer a como de lugar el ronco sonido de los tambores, digo… pareciera… apariencias solo eso.

La primera peregrinación ya plenamente post pandemia se disfruta y se reciente. Todavía el año pasado se libró una batalla meritoria para que la peregrinación se realizara, pero no se logro entrar al atrio. Y digo se reciente por que hay un dejo de nostalgia por la memoria viva de estos dos años y medio.

El encuentro y el reencuentro, desencuentros seguramente. Los queridos y lo no tanto, las divisiones los intercambio de los ayoyotes sueltos, los que no son tan de qui ni tan de allá. Los que mantienen la esperanza de que su grupo sea la expresión más monolítica o al revés la versión más ecléctica. La moderación del selfie. Si curioso, pero desde mi perspectiva vi menos selfies al interior de la danza que en otras ocasiones quizás se esté moderando.

Los nuevos con el azoro de la mirada prístina el sentir virginal, de aquello que, aunque con los años se modula nunca desaparece del todo. Ese sentimiento de lo majestuoso de la devoción de la entrega de la fe.

El movimiento de la fe la esperanza y la pasión. De algo que nos viene de lejos en el tiempo, de algo que no del todo sabemos, pero pus lo entendemos a través de los sentires, la preservación de un legado, la persistencia de una identidad y el amor por la madre.

Conin La piedra que zumba

(fragmento)
Autor J. Alberto Coranguez

Quien abre el diálogo es el español, quien arguye que viene en nombre del gran rey de España don Carlos V, para recibir el sometimiento pacifico de los pobladores de esta tierra, y para que reciban la enseñanza del cristianismo, que conozcan a Cristo, crucificado para redimir a los hombres, su madre y dios padre, volteando a ver al fraile franciscano este levanta la cruz que lleva entre sus brazos. Conin y sus capitanes ni se inmutan. El cacique Otomí Mexici le responde en la propia lengua del español que ahí no conocen a nadie más que Conin, ni conocen más dioses que los suyos:  Otonteuctli, su primer numen; Edahi, señor del viento; Ekemaxi, Serpiente emplumada; Muye, señor de la lluvia; Okhwadapo, señor de las yerbas…el franciscano se persigna y dice que la herejía que les invade le condenara al infierno, que deben aceptar el bautizo como ya lo han aceptado muchos en Tenochtitlan y Michoacán en Cempoala y Tlaxcala.

El capitán de la expedición invasora les refiere que Moctezuma Huey Tlatoani de Tenochtitlan fue sometido, lo mismo que Cuauhtémoc y los señores de Michoacán, los señores de Tollocan, que todos los pueblos han reconocido como su señor al Rey del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de Castilla, Navarra y Aragón, poderoso señor que es reconocido por su generosidad a quienes le reconocen como su rey.

Conin responde que los señores de Tenochtitlan de Michoacán y otros pueblos, no han recibido a cambio nada del poderoso rey que dicen representar, solo destrucción, despojo, muerte, engaño y violaciones a sus mujeres, que Conin y su pueblo no son Cholula, Texcoco, Tlaxcala ni son Cempoala, si pretenden pasar por las tierras de Conin deben ofrecer un tributo o no podrán pasar por ahí, ni por ningún otro lado.

Ante estas palabras los aliados de Tlaxcala que acompañan la expedición española reaccionan ofendidos y piden atacar al enemigo casi desbordando a sus aliados españoles, por su lado los soldados españoles sueltan gritos reclamando a su capitán porque seguir hablando con esos perros indios herejes que no conocen al dios cristiano y amenazan levantando las espadas. Españoles y aliados se convierten en una masa nerviosa, los españoles vociferan, los indígenas aliados, tlaxcaltecas y Texcocanos al mando de su capitán Xicalchalchilmitl, gritan y emiten aullidos de guerra creando la atmosfera de guerra, un movimiento en falso desataría un verdadero infierno.

Conin levanta su mano derecha a lo alto con el puño cerrado y se mantiene largos momentos en esa posición  y su gente mostrando una férrea disciplina y orden no mueve un musculo, espera la señal de su capitán, la mano de Conin genera expectativas en sus interlocutores, Hernán Pérez de Bocanegra a su vez levanta ambas manos a la altura de los hombros  y hace señas a su gente ordenando que no se haga ningún movimiento, lo que aunado al gesto del jefe otomí desconcierta a la fuerza española y sus aliados, Conin ordena que se den pasos atrás y Hernández de Córdoba hace lo mismo.

Se levantan las banderas de uno y otro lado, la formación se compacta, se preparan los cañones españoles, y se ordena a un par de jinetes que hagan relinchar los caballos al mismo tiempo que se dispara uno de los cañones hacia un lado impactándose el proyectil produciendo una nube de polvo  en una ladera de las colinas que les rodean, ordena que de entre la tropa se adelanten con una decena de grandes perros que gruñen a la vista de los otomíes, y con las fauces escurriendo son detenidos por fuerte correas evitando que se lancen al ataque,  los españoles pretenden mostrar su fuerza antes de entrar en combate con la pretensión de intimidar a sus contrarios, esto les ha dado buenos resultados a tal grado que algunos pueblos se sometieron incondicionalmente ante estos demostraciones de ferocidad y poderío, que produjeron un comprensible miedo precedido por la incertidumbre de las presuntas profecías que  pronosticaron la destrucción del mundo conocido.

CONIN El que hace ruido

PRÓXIMANTE


PRÓLOGO (fragmento)
Llevo más de 3 décadas con una pertenencia a la danza de concheros, a veces de manera muy estrecha, otras un tanto contemplativa, pero el caso es que he visto que una necesidad fundamental de la danza es precisamente conocer del origen mítico ó histórico de esta tradición. En la tradición oral el origen está en la aparición de la cruz de la Iluminación y del señor Santiago en medio de una batalla allá en el cerro de Sangremal, lo que hoy es la ciudad de Querétaro,. Bbatalla entre los habitantes de esa región, naciones chichimecas como pames, guamares y jonaces, contra los españoles y aliados indígenas, entre ellos el señor de Nopala, Conin, principal de Jilotepec de la nación Otomí. En medio de lo más cruento del enfrentamiento sucede el milagro que convierte a los chichimecas al cristianismo y aceptan la cruz y se someten gritando “Él es Dios”, dando así comienzo a la tradición de la danza de los concheros, quienes utilizan esa frase en todo momento durante sus ceremonias y aun fuera de ellas. Es leyendo este precioso texto de Coranguez que aquel personaje mítico, nebuloso en los relatos escuetos del milagro, relatos en los que también los nombres de los protagonistas incluidos los jefes chichimecas Lobo y Coyote, son casi inexistentes, más lejanos y borrosos que Montañez y que el mismo Conin, en las letras de Coranguez, tienen personalidad, humanidad y palabra, si, palabra, esa que nos obsesiona en la danza, palabra si, oralidad virtuosa.


Este relato que tiene elementos de novela histórica por las inferencias bien documentadas del autor; nos pone evidencia del logro portentoso de Conin sí, pero aun de los derrotados chichimecas, el de la preservación no solo del bien más preciado: la sobrevivencia misma de la comunidad, sino de ciertas condiciones indispensables que algunos otros pueblos perdieron, como la preservación de rituales y saberes como se infiere, el de la danza conocida como de concheros.  Pero, además debido a la fina estrategia de Conin, cierto control jerárquico y la toma de decisiones.

 
Como decía líneas atrás. en el caso de los danzantes lo que nos ofrece Coranguez es jade precioso, para entender más nuestra danza, el valor poderoso que le viene desde la entereza moral de personajes como Conin o Lobo y Coyote.  Pero así mismo la estrategia de Conin es una gesta muy humana, que debiera interesar a cualquier mexicano que busque indagar la historia regional de la zona limítrofe entre la llamada Mesoamérica y Aridoamerica, y sobre todo, que este ejemplo regional vale mucho para entender la complejidad de la adaptación, la resistencia y el llamado sincretismo de México. No como un lastre sino como una estrategia rica, compleja y valiosa de la preservación de la cultura de un pueblo.



José Antonio Cruz Tlacuilo


Oda imposible para Chalma

Por: Tlacuilo

Chalma es la cueva de la tribu errante cansada sedienta hambrienta,

Es la oportunidad de la derrota digna y del triunfo humilde.

Chalma es el portento de los que pegan piedras de tezontle con argamasa de pobreza.

Es el caos más sutil, la hierba y flor agreste salida en medio de una grieta de concreto.

Chalma es lumbrera y vela titilando en el viento nocturno, en medio de los desamparos

Es refugio de los luceros que son paridos en la brega de la vida.

Chalma es el equilibrio más precario posible entre la esperanza, la resignación y la alegría más natural.

Es raíz metida hasta lo más profundo de la historia de los hombres y mujeres, que charlaron con los dioses con la espina del sacrifico metida en el cuerpo ofrendado,

para ser merecedores.

Chalma (breve historia significado y mito aparicionista)

Por: Antonio Tlacuilo

Chalma

Significado de la palabra Chalma. El lugar cuenta con una denominación en lengua náhuatl como ocurrió con prácticamente todas las poblaciones conquistadas por el imperio mexica. Aunque la población en este caso debió tener una denominación en la lengua regional ocuilteca, incluso el centro poblacional originario de esta etnia tiene denominación náhuatl Ocuilan y Atzingo.

Son tres las probables traducciones según los estudiosos de la lengua náhuatl,

Para Manuel Olaguíbel  proviene de la palabra Challi: hueco, hondonada boca y de matia que alude al hecho de poner manos en alguna cosa, de la unión de palabras Chalma designa a “la cueva que está a la mano”[1]. Para Cecilio Robelo se compone de Chali, cosa lisa y Mait mano, Chalma Quiere decir Mano lisa [2], Jiménez Romero Quiroz, sugiere que debido a los sacrificios humanos que supuestamente se realizaban.

 
«Podemos establecer ·que existieron junto a las cuevas de Chalma, dependencias habitadas por chachalmecas. El calpulli o barrio de los chachalmecas: Chachalmecan, con el tiempo, para abreviar, fue llamado simplemente Chalmecan, despues Chalme y por énfasis Chalma. Explicadas las cosas así, Chalma quiere decir ‘Iugar de sacrificadores’.»[3]

Chalma es un lugar intermedio entre dos poblaciones de origen prehispanico. Una Ocuilan y la otra Malinalco. Ocuilan es de origen otopame y en la cual habita una población en la que junto con la vecina San Juan Atzingo son las únicas que aun se habla una lengua llamada ocuilteco de la rama otopame y que por tener fuertes vínculos culturales y territoriales con los otomies le da caracteristicas que pondrían la relevancia de Chalma como un lugar de veneración propio de esta cultura, que da una particular preferencia a sitios con características naturales especificas, como manantiales, cimas de cerros, cuevas y otros, que suelen llamar puertos, muy comunes en la región otopame del Bajío. En cambio la cultura náhuatl da preeminencia a lugares con construcciones para la veneración los llamados teocallis de la época prehispánica y santuarios católicos en la actualidad. Y Malinalco población de origen náhuatl donde, por cierto, hay una zona arqueológica con un teocalli, atribuido a la cultura mexica. Dicho teocalli está construido sobre la roca misma y es probable que se haya dedicado a la educación de nobles guerreros mexicas de elite, además de las caracteristicas inevitables al parecer de toda zona arqueológica, la observación astronómica.

Con los documentos disponibles es dificil dar por sentada la pertenencia de Chalma a alguna de las dos poblaciones, Ocuilan o Malinalco, elementos para encasillarla en alguna u otra los tenemos, por ejemplo, las caracterisiticas telúricas e hídricas nos remite a los cultos otopame, de las cuevas y manantiales. En  cambio también podría ser parte del complejo arqueologico de malinalco. Si tomamos en cuanta que el lugar fuera parte de sitios para la preparación de guerreros jaguares y águilas, como se muestra en el teocalli de los guerreros de Malinalco y asumimos que en la cueva era venerado tanto Oztocteotl como Tepeyolohtli, advocaciones ambas de Tezcatlipoca y Tepeyolohtli como una dedidad que tiene atributos de ocelotl. felino nocturno asociado también a Tezcatlipoca.

Estos últimos hacen pensar  que el templo monolítico de Malinalco fue una escultura

monumental usada como lugar religioso .por los guerreros jaguares y águilas que se hallaban bajo el patrocinio de Tezcatlipoca  -conforme se verá adelante- y del que una de sus manifestaciones era el dios de la ·tierra y de las cuevas: Tepeyollotli’ «corazón de los montes»[4].

Esta región fue sometida por los mexicas. Y en los primeros años de la conquista se instalaron los agustinos quienes fueron los que dan fe de la aparición del Cristo Negro o su instauración en la cueva ateniéndonos a las dos versiones  

 “El milagro”


La obra Relación histórica y moral de la portentosa imagen de N. Sr. Jesucristo… de  Joaquín Sardó. Editada en 1810 y reimpresa en 1914 es un libro exhaustivo que abunda en el detalle tanto de la aparición como en la obra pastoral de dos monjes Bartolomé de Jesús María y Juan de San José, quienes se encargaron en el siglo XVII de hacer del lugar un santuario de dimensiones históricas y de generar el espacio idóneo para la veneración del Cristo negro de Chalma.

Abunda en detalles tanto en la descripción del lugar como en la veneraciones que hacían los naturales a sus deidades

A distancia de dos leguas que median entre Ocuila y Malinalco, pueblos que debieron las primeras luces de la fe y de la doctrina á los religiosos de mi sagrada orden Agustiniano, y cuya situacion se halla entre el sur y el poniente, hay una barranca abierta á lo largo, casi de septentrion á mediodia, seguida de una frondosa cañada, poblada de árboles y altos riscos de uno y otro lado, que viene desde Ocuila, distante dos leguas de Chalma, y por ella un rio, no muy caudaloso, que baxa de la parte del norte con precipitado curso hasta el plan de dicha barranca, desde donde corre mas dilatado hacia el sur, tomando aumento sus corrientes del raudal que brota del pie de la ladera en que estan las cuevas[5].

 

 Desde aquellos siglos de la gentilidad, época infeliz, en que ya hacia nuestra América sepultada en las horrorosas sombras de la idolatría, se hallaban miserablemente envueltos en ellas todos los naturales de Ocuila y su comarca, dando ciega adoración, y rindiendo cultos á un ídolo, de cuyo nombre, por la total mudanza de religión y costumbres, aun entre ellos ha queda do borrada la memoria; y solo se cita, como más probable, haber venerado á esta falsa deidad con el título de Ostotoctheotl, cuya interpretacion es el Dios de las Cuevas, aunque de ello no hay total certeza[6].

El Libro abunda en las versiones sobre la aparición que hablan de la sustitución de Oztoteotl, deidad Náhuatl referida a las cuevas, por la imagen de Cristo. O la de la aparición del Cristo y el derrumbe mágico del “ídolo” de Piedra. Incluso hace alusión a un convencimiento de los frailes para lograr la aceptación de Cristo y dejar de venerar al “Ídolo”. Es interesante como se menciona que los nativos pedían tiempo y comprensión pues no es fácil cambiar una costumbre y creencia de la noche a la mañana. Esta parte nos abre un panorama interesante del proceso de aceptación y sustitución religiosa que se impuso, más allá del discurso retórico de la aparición milagrosa, que luego trata de imponer con el abuso de argumentos de fe.

Que bien conocerían el que un asunto de tanto peso, como era el mudar de religión y culto, pedía tiempo para su decisión, y más habiendo tantos años que vivían en la misma que sus antepasados: que lo pensarían con madurez y responderían en otro día. Razonamiento fue este, que no desagradó a aquellos varones apostólicos[7]

Establece así mismo que la cueva no fue construida por los hombres, sino por la naturaleza y propone que ese lugar fue escogido por los naturales después de la llegada de los españoles, ya que estos derribaron sus “ídolos” y destruyeron sus “cues” (como llamaban los españoles sus centros ceremoniales). Para mantener a salvo su idolatría recurrieron a un lugar sumamente inaccesible y oculto, si era oculto e inaccesible ¿cómo “era que era numeroso el concurso de naturales”? También habla de la devoción que se tenía al Ídolo Oztocteotl que…

“era numeroso el concurso de naturales, que de toda la comarca y aun de los más remotos climas venían a adorarle y ofrecerle torpes víctimas, y pedirle para sus necesidades, el favor y el auxilio, que engañados se persuadían podía darles”[8].

De ser ciertas ambas premisas y para que no se contrapongan, sería que Oztocteotl estaba asentado en algún otro lugar accesible como podría haber sido En Chalmita lugar del mágico ahuehuete, y de ahí a la llegada de los españoles lo hayan mudado a la cueva para mantener en secreto su veneración. O acaso se hayan tenido ya a las dos deidades en el ahuehuete a Tezcatlipoca y en la cueva a su advocación Oztocteotl. Por otro lado se sugiere que como en la actualidad la visita de peregrinos fue muy arraigada y concurrida.
Sobre Bartolomé De Jesús María el libro aborda a detalle sobre su vida, pero sobre todo la relación que tuvo con el santuario, su cuidado y sus modificaciones, pero destaca la exposición de sus  atribuciones de santidad y consejero, y como logra con ello ir atrayendo con su fama feligreses de lugares incluso lejanos e ir así conformando un centro de culto de alto arraigo popular. Así mismo pero con  menos detalles se aborda al fraile Juan de San José, heredero de Bartolomé De Jesús María quien los sucediera y continuara tanto con su devoción y mejoramientos del santuario.

A pesar de los cambios, las mejoras en comunicación y de lo atractivo que es como sitio turístico, Chalma se mantiene fiel a su origen y contrario a otros lugares que han sido Gentrificados, como el caso de Tepoztlán o Malinalco. La persistente presencia de los sectores marginados y excluidos en Chalma hace difícil suponer que las clases medias y medias altas, se apropien como lo han hecho y lo siguen haciendo con lugares de alto valor simbólico, como el caso citado de Tepoztlán y recientemente Cholula. Esperemos pues que Chalma siga siendo un territorio donde de algún modo se mantiene vivo el legado ancestral de una cultura que se aferra a ser lo que no ha dejado de ser. 

José Antonio Cruz Tlacuilo 

Bibliografía:

Joaquín Sardo: Relación histórica y moral de la portentosa imagen de N. Sr. Jesucristo…  . Editada en 1810 y reimpresa en 1914
Alejandra Gonzales Leyva: Chalma una devoción agustina, Universidad Autónoma del Estado De México  UAEM, INSTITUTO MEXIQUENSE DE CULTURA, Toluca 1991


[1] NOMBRES Geográficos Indígenas DEL ESTADO DE MÉXICO

(Estudio crítico etimológico) Cecilio Robelo CUERNAVACA.

Luis Cr. Miranda, impresor.1900. pag. 87

[2] Alejandra Gonzales Leyva  cit. p. 82

[3] Alejandra Gonzales Leyva  cit. p. 82

[4] Alejandra Gonzales Leyva cit. p. 82

[5] Joaquin Sardo. cit. p. 2

[6] Joaquin Sardo.  cit. p. 2

[7]Joaquin Sardo.  cit. p. 16

[8]Joaquin Sardo.  cit. p. 4